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Los Andamios Para Alcanzar Al Ser Supremo

Rituales*

Un camino para alcanzar a la diosa
Atenea Parthenos en la Grecia del
siglo V a.ne.
Al abordar el tema del título de esta nota –rituales– el pensador Noé Jitrik bucea el mundo de lo sagrado, de las ceremonias y protocolos, esto es lo normativo que alienta a los seres humanos hacia el misterio de la existencia y que, efectivamente, siempre se resuelve a través de los rituales. Eso supone –dice el autor– que para llegar a la atención que Dios podría brindar a los mortales bastaría con seguir ciertas normas o prácticas que, muy probablemente no han sido enunciadas por ese Dios del cual se espera comprensión, amor, salvación, protección, iluminación.
Noé Jitrik / Escritor, crítico literario y pensador filosófico
Nació en 1928 en La Pampa y desde 1939 vivió en Buenos Aires y también en Europa y en México. Actualmente es investigador y director del Instituto de Literatura Hispanoamericana de la Facultad de Bs.As.
Rituales*
Noé Jitrik
En un episodio de una serie de televisión que tiene su chiste, Doctor House, el núcleo es una situación que no parece ser una mera ocurrencia. Se dirá que reparar en la significación que presenta un efímero producto televisivo no es muy serio y que extraer de él reflexiones y consecuencias puede ser tan provisorio como el lugar del que procede: el tema que entrará en escena a continuación suele ser abordado con solemnidad, digno de todo respeto y veneración, o con vehemente indignación, creciente a decir verdad si la comparamos con las primeras décadas del siglo XX. Entiendo que no es así, no sólo porque esa serie en particular posee rasgos de una inteligencia notable, sino porque ninguna estructura verbal y visual que recorre el espacio social es un objeto inerte, huérfano de significación.
Una mujer es sometida a las bizarras revisiones que dan sustancia a la serie; declara, de entrada, que es judía ortodoxa y, por lo tanto, sean cuales fueren las indicaciones médicas, sólo seguirá las que no se opongan a sus creencias. En un momento culminante se le dice que debe someterse a una operación porque, si no lo hace, podrá morir en pocas horas. Ella se niega porque no puede admitir que la operen en ese momento, en pleno shabat. De nada vale un razonamiento como éste: “¿Puede querer Dios la muerte de alguien que cree en El sólo porque la salvación se le ofrece un día de guardar?”. No hay forma de convencerla, pero a alguien se le ocurre una argucia: la duermen un poco, tapan con cortinas todas las ventanas y, cuando se despierta, le dicen que ya se está en el día siguiente y, por lo tanto, la operación debe y puede hacerse sin violar esa estricta ley. El rito, que podía llevarla a la muerte, fue burlado y no pasó nada, Dios no se hizo presente, se ve que el rito que le daba existencia y crédito poco le importó.


La situación tiene a mi juicio mucho interés porque pone en evidencia un desplazamiento patético de la creencia, sea lo que fuere lo que es, o la fe, al rito, con cuya práctica parece confirmarse la creencia o la fe, como se la quiera llamar. y tantas otras muestras de un afecto que, en un terreno más modesto, entre gente que no es Dios, se suele desear o buscar.
Así, pues, de una especie de ocurrencia, no necesariamente antijudía pues es muy probable que creyentes de otras religiones tengan actitudes semejantes, se puede entender una situación mucho más compleja en la que, seguramente, muchos teólogos se deben haber detenido. Dicho de otro modo, ¿sólo el cumplimiento de los ritos conduce al esplendor de Dios? ¿No es concebible un contacto directo con la divinidad, tal como, al parecer, había ocurrido en los remotos tiempos bíblicos? ¿O no será que los ritos, y las palabras que los invisten son todo lo que Dios puede ser? En otras palabras la Iglesia es Dios, la Sinagoga es Dios, la Mezquita es Dios y así siguiendo, cultos paganos incluidos, y Dios, triste conclusión, ya no es Dios.
Rezar, arrodillarse cuando está indicado, usar sombreros antiguos y trajes oscuros en verano, vestir ropa talar, cubrirse la cabeza con peluca, pañuelo u otro sucedáneo, no comer carne ciertos días y ayunar otros, murmurar plegarias balanceándose en las procesiones, dejarse crecer las barbas hasta la nuez, ocultar la belleza con una burka, lavar a los muertos o echarse gotas de agua en la cabeza al entrar a una iglesia, beber de ciertos vinos y no tomar ningún vino, y muchas otras gestualidades derivadas, mediante todo lo cual se exhibe la pertenencia a un credo, ¿garantiza tal cosa el acceso a Dios o a los misterios de la creación y de la fe? Y, si es así, ¿qué sería Dios fuera de los ritos consagrados a Su Nombre y dónde va a parar lo sagrado, la creación y la fe? ¿Su Todo Poder se desvanecería si quienes creen en él no cumplen tales ritos?
Hay que reconocer, no obstante, que en algunos momentos y circunstancias esas prácticas, porque crean una atmósfera de trance, hacen que muchos seres sientan lo sagrado, ahí nomás o como inminencia, vivamente les parece que están a punto de entrar en el misterio: la mística es eso, o casi eso puesto que no es fácil reconocer un estado místico indiscutible, transmisible y legítimo, así como también son importantes ciertos ritos funerarios, determinadas plegarias, así sea dichas por un sacerdote burócrata, algunos gestos, aunque sean tan falaces como las lágrimas de las lloronas profesionales, que suelen traer paz o hacen sentir que la muerte es menos tremenda y, por lo tanto, se llena un vacío, el placebo es eficaz en el momento para cortar la soledad que inevitablemente invade cuando alguien muere.
Pero, en cuanto a los ritos, una primera pregunta: ¿de dónde salieron? ¿Quién los proclamó, los impuso, quiénes se los creyeron y hasta murieron tanto por hacerlos respetar como por respetarlos? Las respuestas a esas casi triviales preguntas se pierden en los tiempos, pero siguen creando cierta perplejidad. Por ejemplo, ¿dónde estaba indicado, por Dios o algunos de sus voceros preferidos, que un cura debía ser casto o un rabino usar ropa que estaba de moda en Rumania o Ucrania en el siglo XVII, insuficiente en invierno y sofocante en verano? Alguna explicación, basada en una astucia histórica, se ha dado: Maimónides, que algo sabía de esto, cuenta, porque era médico, que la prohibición de comer cerdo entre los judíos responde a que la triquinosis que los bichos trasmitían sólo podía ser neutralizada si a los fieles se les decía que para Dios los porcinos eran réprobos. Algo semejante a las cortinas que suspenden un shabat y permiten que se salve una vida.
En los ritos, pues, aparentemente, se ejecuta la creencia y quien no los sigue tal como están estatuidos bien puede correr una suerte penosa, es lo menos que le puede pasar, peor que la muerte. ¿Es impropio señalar, por eso mismo, que la idea o la intuición de Dios pueden haberse vaciado, al menos como según los libros parece haber existido en remotos tiempos? Y no sólo eso sino que la idea misma de Dios, tal como fue consagrada por diversos textos en diversas religiones y trasmitida tal cual desde hace siglos, haya sido socavada, perforada, ahuecada de modo tal que aplicarle el verbo “ser” es sólo una mera hipótesis, un modo de decir, una costumbre que ni siquiera salva del aburrimiento.
Lo que queda, y a eso vamos, son los ritos. Ahora son lo que son y resulta extraño que no sean objeto de una reubicación conceptual, sobre todo cuando en otros momentos no han podido impedir saltos al vacío de tremenda importancia: podría decirse que la música, plenamente ritual, de Juan Sebastián Bach, nos crea una duda sobre este punto; la recordamos, la celebramos, creemos entenderla pero no recordamos a los asistentes a las misas en las que se tocaba, tampoco a los guardianes de la fe que la encargaban, y ni siquiera a las misas mismas que se siguen prolongando tediosamente mientras Bach resplandece más allá del rito al que se prestaba. También la obra de San Juan de la Cruz sugiere que si no para todos al menos para él Dios, o Cristo, era una presencia lancinante, una quemadura que sólo podía atemperar escribiendo esos versos que todavía resuenan, mientras que los oscuros sacerdotes que no le llegaban a la sotana vaya a saber en qué basurero de la historia han quedado. Y lo mismo esa obra fulgurante de Simone Martini, que brilla todavía en tanto que las finalidades que se le quisieron imponer han desaparecido: ¿dónde está Dios en la ecuación de una circunstancia ritual y una perduración prodigiosa? ¿Será el poder de los artistas el modo en que Dios exhibe su existencia? ¿O no será que los artistas de esa talla son ellos mismo Dios?
Pero esto no es sólo asunto individual, que mucho no importa, que cada cual se las arregle con lo que cree y las expectativas que tiene respecto de lo que cree y cómo cumple con las respectivas ordenanzas; lo que importa es el paso a lo político de ese desplazamiento; entiendo que es la fuente de conflictos muy grandes, enfrentamientos muy cruentos, desinteligencias feroces, retrocesos civilizatorios, nada de lo cual resiste un análisis más o menos tranquilo y sensato.


¿No residirá en eso el eterno, sangriento, implacable y delirante conflicto del Medio Oriente? Sin duda que hay muchas otras cosas por detrás, y más materialmente importantes, pero de pronto el tema se pone en evidencia y brota en desacuerdos trágicos, por ejemplo los espacios llamados sagrados y a los cuales nadie que no cumpla con los respectivos ritos puede entrar. Así, por qué los israelíes quieren construir en tierra musulmana, a la que consideran propia pero no porque posean la propiedad sino porque en ellas Jehová se le hizo presente a ¿quién?, ¿a Job, a Jeremías, a Ezequías?, sabiendo que esa intención es agresiva y, a la inversa, por qué los musulmanes consideran que esa tierra es su propiedad porque por ahí pasó algún emisario del Profeta?
¿Dónde está lo sagrado en uno y otro caso? ¿No sería más político y más humano considerar que la idea de la divinidad que cada uno pueda tener no reside en un pedazo de tierra y que si se piensa así sería más fácil respetarse, reconocerse, dejar de agredirse, construirse como seres humanos en un tiempo también humano?
Si lo sagrado que define a lo humano no pasa por los pelos de la cabeza ni de la cara sino por lo que hay dentro de ella, tampoco pasa por los ritos, los símbolos, los emblemas, los gritos. Más bien, se diría, recordando a viejos poetas, Dios está en el detalle, en la palpitación, en el en sí y no en el exterminio del diferente, insensato propósito, fuente de infinitas desdichas en homenaje a algo que se disipa en los innumerables desplazamientos de que es objeto, cada vez más, y con más ferocidad.


*Este artículo fue publicado en Página 12 el 3 de junio del 2010

La Espiritualidad Disminuyen El Stress y Ayuda a Sobrellevar La Exclusión Social

Invertimos el título del artículo porque en realidad la causa y el efecto es inverso al propuesto por el estudio. No es que la exclusión social potencia la espiritualidad y la religiosidad, sino que la espiritualidad y la religiosidad disminuyen el Stress y Sobrelleva la Exclusión Social. El estudio adolece de no utilizar más pruebas de control sobre las variables modificadas en las pruebas. Pero al menos ya expone un principio de correlación entre Espiritualidad, Stress y Exclusión Social, solo que causalísticamente errado.

 

 

La exclusión social potencia la religiosidad

 

Una investigación basada en cinco experimentos demuestra una religiosidad significativamente mayor en cristianos y musulmanes que se sienten aislados


Un equipo de científicos de la Universidad de Muchich, en Alemania, ha realizado diversos estudios en los que se ha analizado el efecto de la exclusión social en las tendencias religiosas. Los resultados obtenidos han demostrado que los sentimientos de aislamiento propician niveles significativamente más altos de afiliación religiosa. La religión podría establecerse como una solución para estas situaciones porque proporciona una comunidad para aquéllos que se adapten a la ideología grupal, explican los investigadores. Por Yaiza Martínez.

 

 

Un equipo de científicos de la Universidad de Muchich (LMU), en Alemania, ha realizado diversos experimentos en los que se ha analizado el efecto de la exclusión social en las tendencias religiosas de los humanos.

Los resultados, según publican los investigadores en un artículo aparecido en el Personality and Social Pychology Bulletin, demuestran que las personas que se sienten socialmente excluidas presentan niveles significativamente más altos de afiliación religiosa.

Por otra parte, este tipo de individuos tienden a implicarse más en comportamientos religiosos (como seguir rituales o relacionarse con otras personas religiosas) que las personas que no se sienten excluidas.

Por último, los experimentos realizados demostraron que la religiosidad puede funcionar como inhibidora del estrés, reduciendo las reacciones agresivas que puede generar la exclusión social.

Hipótesis inicial

La hipótesis inicial de la que partieron estos estudios, dirigidos por la doctora Nilüfer Aydin, del departamento de psicología de la Universidad de Munich, fue la de que a los humanos, como a otros primates, les preocupan en gran medida sus iguales y la pertenencia grupal. Esto se debe a que el aislamiento social puede conllevar consecuencias letales.

La religión podría establecerse como una solución para estas situaciones porque proporciona una comunidad para aquéllos que se adapten a la ideología grupal, e incluso ofrece la compañía de Dios u otras entidades divinas, en función de las creencias de cada religión.

En la revista Epiphenom se explica en qué consistieron los experimentos realizados por Aydin y sus colaboradores con el fin de comprobar la veracidad de esta hipótesis.

Un primer estudio fue realizado con emigrantes turcos que vivían en Alemania y que, por esa razón, se sentían más excluidos socialmente que turcos que vivían en Turquía, independientemente de su edad y riqueza.

En este experimento se comprobó que los turcos emigrantes eran más religiosos que los otros turcos, y que cuanto más excluidos se sentían los primeros, más religiosos eran.

Comprobaciones experimentales

En un segundo estudio, los investigadores analizaron a un grupo de cristianos a los que se les pidió que escribieran acerca de un momento de sus vidas en que se hubieran sentido excluidos socialmente.

Después de hacer este ejercicio, los participantes afirmaron sentirse más religiosos que otros cristianos participantes, a los que se les había pedido que escribieran acerca de un momento de sus vidas en el que se habían sentido aceptados o integrados.

En otro experimento similar, los investigadores constataron que aquellos cristianos que habían escrito sobre su exclusión social tendían más a aprobar toda una serie de comportamientos religiosos, como hablar con Dios o los encuentros con otras personas religiosas.

En un cuarto experimento, los psicólogos descubrieron que el malestar social podía relacionarse con un aumento de la religiosidad, más que con cualquier efecto de dicho malestar sobre la autoestima.
También reduce la agresividad

Por último, los científicos hicieron un experimento más: de nuevo se pidió a un grupo de cristianos que escribieran sobre la exclusión social, mientras que a otro grupo, también de cristianos, se les pidió que escribieran acerca de ser aceptados.

A algunos de los participantes se les pidió, además, que escribieran sobre religión (con el fin de que estuvieran “condicionados” por la religión durante el estudio). Posteriormente, con todos ellos se hizo una tarea aparentemente no relacionada, bajo la excusa de pedirles ayuda para otro estudio.

Dicha tarea consistió en que los participantes introdujeran sus manos en agua helada durante poco más de 30 segundos, lo que ocasiona un gran dolor. Los participantes reaccionaron ante esta prueba de formas diversas.

Aquéllos que habían escrito sobre la exclusión social se mostraron más agresivos, desahogándose con el extraño que les había pedido hacer la prueba.

Sin embargo, dentro de este mismo grupo, aquellos participantes que, además de escribir sobre exclusión, habían escrito sobre religión no mostraron ese comportamiento agresivo. Esto sugiere que la religiosidad puede servir para reducir el estrés, señalan los investigadores.

Otras ideas

Los resultados de estos estudios inciden en la idea de que la religiosidad podría ser un recurso cognitivo humano que propicia la supervivencia.

El antropólogo Lionel Tiger y el neurocientífico Michael McGuire lo han enfocado recientemente desde la perspectiva neurológica.

En su libro God’s Brain, estos científicos sugieren que la religión es un fenómeno presente y persistente en todas las sociedades humanas porque el propio cerebro crea y necesita la religiosidad, dado que ésta permite reducir el estrés propio de la vida cotidiana.

El ser humano encuentra alivio en las creencias y los rituales religiosos, lo que ayuda al cerebro a apaciguarse y, en consecuencia, a gastar menos energía y recursos, afirman Tiger y McGuire.

El doctor Andrew Newberg, especialista en el estudio de la relación entre el funcionamiento del cerebro y las experiencias místicas y religiosas de la Universidad de Pensilvania, afirma, por su parte, que la religión y las prácticas espirituales, generalmente, tienen un efecto positivo en la salud física, emocional y neurológica de la gente.

En La Vejez Mejoran Las Relaciones Sociales

Las relaciones personales mejoran en la vejez

Una mayor regulación emocional, el tiempo limitado de vida y los estereotipos se combinan para potenciar interacciones felices


Las relaciones interpersonales mejoran cuando la gente se va haciendo mayor. Esta paz se debe, según investigadores norteamericanos, a diversos factores: una mejor regulación emocional y la perspectiva de un tiempo limitado de vida, en el caso de los ancianos. En la felicidad social de la vejez actuaría además otro factor: el de los estereotipos, porque los jóvenes suelen enfrentarse menos a las personas mayores que a sus iguales en todas las situaciones, incluidas las de confrontación. Por Yaiza Martínez.

 

 

Las relaciones interpersonales durante la tercera edad suelen ser más satisfactorias que las de los jóvenes. Varios estudios realizados por especialistas de la Universidad de Purdue, en Estados Unidos, revelan las causas de estas diferencias.

Según Karen Fingerman, profesora de dicha universidad especializada en estudios de familia, gerontología y desarrollo, las personas mayores afirman tener mejores matrimonios, amistades más comprensivas y menos conflictos con sus hijos y hermanos en la vejez que en la juventud.

Por tanto, parece que a medida que las habilidades cognitivas decaen como consecuencia de la edad, las relaciones personales resultan más satisfactorias. ¿Por qué se produce este cambio?

Combinación de factores

Fingerman afirma, en un comunicado
emitido por la Universidad de Purdue, que lo que ella y sus colaboradores han descubierto es que elementos como la percepción de un tiempo limitado de vida, una mayor propensión a perdonar, y ciertos estereotipos y actitudes relacionados con la vejez juegan un importante papel en esta transformación.

Sería, por tanto, la combinación de ciertas actitudes hacia los mayores (por ejemplo, el respeto que les guardan los jóvenes) y la forma de interactuar con otras personas que desarrollan los ancianos lo que marcaría estas diferencias.

En un artículo publicado en la revista Current Directions in Psychological Science, Fingerman y sus colaboradores explican que, por una parte, cuando los adultos de cualquier edad encuentran cierta tensión en su relación con adultos mayores, tratan de minimizar esa tensión para facilitar experiencias positivas con ellos.

Por otro lado, los hallazgos realizados hasta ahora sugieren que la regulación socioemocional que se produce durante la tercera edad implica también cambios en la forma de relacionarse con los demás.

 

 

Regulación social

En los estudios realizados por Fingerman y su equipo, se ha revelado que cada persona actúa y reacciona como respuesta a su interlocutor, anticipando al mismo tiempo las reacciones de éste.

Esta anticipación se basa a menudo en la edad de dicho interlocutor. Los individuos modifican su propio comportamiento con las personas que interactúan, muchas veces en función de si éstas son jóvenes o mayores.

Cuando se produce una interacción negativa, las personas jóvenes son en general más agresivas que las mayores. Sin embargo, si esta confrontación se da con una persona mayor, los jóvenes a menudo se comportan de manera más complaciente.

En la otra dirección, también se da una adaptación: las personas mayores intentan ser más cordiales con los jóvenes porque creen de antemano que éstos los se enfrentarán más a ellos que un adulto de mayor edad.

Ambos grupos de personas actúan, por tanto, adaptando su comportamiento en función de los estereotipos existentes: los jóvenes creen que deben ser más pacientes con una persona mayor que con una joven, porque los ancianos “ya no pueden cambiar ni se debe intentar cambiarlos”, mientras que los mayores esperan de los jóvenes reacciones más “agresivas” que de otras personas mayores, y actúan en consecuencia.

Ventajas de la edad

Fingerman señala que, además de esta regulación propia de la interacción, lo cierto es que, con la edad, los individuos regulan también mejor sus propias emociones cuando algo o alguien les enfada o molesta.

Asimismo, las personas mayores cuentan con otra ventaja: suelen tener más opciones que las jóvenes de elegir con quiénes se relacionan porque, normalmente, ya no tienen que acudir a centros de trabajo en los que las relaciones interpersonales se imponen por razones ajenas.

Por último, las personas mayores cuidan y valoran más cada momento. Esto se debe al hecho de que son conscientes del poco tiempo que puede quedarles a sus relaciones.

Cuando el tiempo es limitado, la gente se esfuerza más por disfrutar de sus interacciones con otras personas que por enfrentarse con ellas.

Estudios anteriores

En lo que se refiere a la interacción con los hijos, en una investigación realizada en 2007, Karen Fingerman y sus colaboradores demostraron que la mayoría de las relaciones entre padres e hijos también mejoraban cuando los padres se iban haciendo mayores.

En general, el sentimiento que se genera en esta época de la vida es de cariño y atención por ambas partes, afirman los investigadores.

Para los padres, la atención que les dedican entonces sus hijos es una prueba de la madurez de éstos, y la consideran por tanto un reflejo de su buena labor como educadores. Los hijos, por su parte, se sienten en esta época más necesitados de pasar más tiempo con sus padres y también se sienten más queridos por ellos.

En otro estudio realizado por Fingerman en 2008, la psicólogo demostró asimismo que la gente tiende a pasar por alto los comportamientos inapropiados o desagradables de sus amigos y familiares ancianos, en gran medida por el temor al paso del tiempo, por el miedo a que el tiempo que les queda con esas personas sea ya limitado.

La Verdadera Paz Se Fundamenta En La Espiritualidad Y En El Paradigma Femenino Del Cuidado

La espiritualidad en la construcción de la paz  

 

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Leonardo Boff

 

  Todos los factores y prácticas en los distintos sectores de la vida personal y social deben contribuir a la construcción de la paz tan ansiada en los días actuales. Los esfuerzos serían incompletos si no incluyésemos la perspectiva de la espiritualidad.

La espiritualidad es aquella dimensión en nosotros que responde a las preguntas últimas que acompañan siempre a nuestras búsquedas. ¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Cuál es el sentido del universo? ¿Qué podemos esperar más allá de esta vida?

Las religiones suelen responder a estas inquietudes, pero ellas no tienen el monopolio de la espiritualidad. Ésta es un dato antropológico de base como la voluntad, el poder y la libido. Emerge cuando nos sentimos parte de un Todo mayor. Es más que la razón; es un sentimiento oceánico de que una Energía amorosa origina y sustenta el universo y a cada uno de nosotros.

En el proceso evolutivo del que venimos, irrumpió un día la conciencia humana. Hay un momento de esta conciencia en que ella se da cuenta de que las cosas no está lanzadas aleatoriamente ni yuxtapuestas, al azar, una al lado de la otra. Ella intuye que un «Hilo Conductor» pasa a través de ellas, las liga y las religa.

Las estrellas que nos fascinan en las noches cálidas del verano tropical, la selva amazónica en su majestad e inmensidad, los grandes ríos como el Amazonas, llamado con razón río-mar, la profusión de vida en los campos, el vocerío sinfónico de los pájaros en la selva virgen, la multiplicidad de las culturas y de los rostros humanos, el misterio de los ojos de un recién nacido, el milagro del amor entre dos personas que se quieren, todo eso nos revela cuán diverso y uno es nuestro mundo universo.

A este «Hilo Conductor» los seres humanos le han dado mil nombres, Tao, Shiva, Alá, Yahvé, Olorum y muchos más. Todo se resume en la palabra Dios. Cuando se pronuncia con reverencia este nombre algo se mueve dentro del cerebro y del corazón. Neurólogos y neurolingüistas han identificado el «punto Dios» en el cerebro. Es un punto que hace subir la frecuencia hertziana de las neuronas como si hubiesen recibido un impulso. Esto significa que en el proceso evolutivo surgió un órgano interior mediante el cual el ser humano capta la presencia de Dios dentro del universo. Evidentemente Dios no está solamente en este punto del cerebro, sino en toda la vida y en el universo entero. Sin embargo a partir de este punto quedamos habilitados para captarlo. Y todavía más, somos capaces de dialogar con Él, de elevarle nuestras súplicas, de rendirle homenaje y de agradecerle el don de la existencia. Otras veces no decimos nada. Silenciosos y contemplativos, lo sentimos solamente. Y entonces nuestro corazón se dilata a las dimensiones del universo y nos sentimos grandes como Dios o percibimos que Dios se hace pequeño como nosotros. Se trata de una experiencia de no-dualidad, de inmersión en el misterio sin nombre, de una fusión de la amada y el Amado.

Espiritualidad no es solamente saber, sino principalmente poder sentir las dimensiones de lo humano radical. El efecto es una profunda y suave paz, que viene de lo Profundo.

La humanidad necesita con urgencia esta paz espiritual. Ella es la fuente secreta que alimenta a la humanidad en todas sus formas. Irrumpe desde dentro, irradia en todas las direcciones, eleva la calidad de las relaciones y toca el corazón de las personas de buena voluntad. Esa paz esta hecha de reverencia, de respeto, de tolerancia, de comprensión benevolente de las limitaciones de los otros, y de la acogida del Misterio del mundo. Ella alimenta el amor, el cuidado, la voluntad de acoger y de ser acogido, de comprender y de ser comprendido, de perdonar y de ser perdonado.

En un mundo perturbado como el nuestro, nada hay de más sensato y noble que anclar nuestra búsqueda de la paz en esta dimensión espiritual.

Entonces la paz podrá florecer en la Madre Tierra, en la inmensa comunidad de la vida, en las relaciones entre las culturas y los pueblos, y aquietará el corazón humano cansado de tanto buscar.

 

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Gandhi es el primer paradigma de lucha espiritual-política del siglo XX. Le siguió Martin Luther King y luego una pléyade de líderes espirituales-políticos como Monseñor Romero, Don Pedro Casaldáliga y otros tantos de nuestra época actual.

 

 

La paz fundada en el paradigma del cuidado  

 

 

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La humanidad nunca tuvo tantos ni tan peligrosos conflictos en los últimos 200 años, ni tanta beligerancia y guerrerismo como en los últimos 196 mil años, durante el tiempo de la cosmovisión matriarcalista. Hoy retornar parcialmente a la cosmovisión matriarcalista es una necesidad urgente.

 

  La voluntad de poder de un país sobre otro, el patriarcalismo cultural que todavía margina a la mujer y la explotación de la naturaleza para conseguir beneficios materiales son factores de violencia e impedimentos para la paz. El patriarcalismo debilitó la dimensión de lo femenino, que nos hace más sensibles a todos, y rebajó la inteligencia emocional, nicho del cuidado y de la experiencia ética y espiritual.

Esta parcialidad, negando la dimensión anima (lo femenino), no ha dejado de afectar fuertemente a la ética. El núcleo de la moralidad clásica heredada de los griegos y perfeccionada por Kant, Habermas y Rorty tiene como base inconsciente la experiencia del animus (lo masculino). Por eso se funda sobre dos pilastras básicas: la justicia, que se expresa en los derechos y en los deberes de los hombres (dejando invisibles a las mujeres), y la autonomía del individuo, en la idea de que solamente un ser libre puede ser un ser ético.

Pero esta visión es parcial pues deja fuera dimensiones fundamentales, propias mas no exclusivas de lo femenino (anima), como son las relaciones afectivas que se dan en la familia, con los otros, con la naturaleza y con todos los que nos sentimos relacionados. Sin tales relaciones, la sociedad pierde su rostro humano. Aquí más que justicia se necesita la categoría mayor, que es la del cuidado. El cuidado es un paradigma que se opone al de la dominación. Es aquella relación que se preocupa y se responsabiliza por el otro, que se envuelve y se deja envolver con la vida en sus muchas formas, que muestra solidaridad y compasión, cura heridas pasadas y previene heridas futuras.

 

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Otra visión de Gaia, en realidad hoy necesitamos una cosmovisión matripatriarcalista (matriarcal y patriarcal, en ese orden) no dualista, no racionalista, sino holista trascendental (no de simple holismo estático como sucede en el pensamiento Zen) lo que puede llamarse "trascendolismo". El taoismo lo ha desarrollado primigeniamente, el Zen hasta cierto punto. Pero el "trascendolismo" debe ir más allá.

 

 

La base empírica es la experiencia –tan finamente analizada por el psicoanalista inglés D. Winnicott– de que todos necesitamos ser cuidados, acogidos, valorizados y amados, y deseamos cuidar, acoger, valorar y amar. Portadoras privilegiadas, mas no exclusivas, de esta experiencia son las mujeres. Ellas están ligadas directamente a la vida que necesita cuidado, como la maternidad, la alimentación, el desvelo en la enfermedad, el acompañamiento de la educación. Estas características son propias del principio femenino (anima) que se encuentra también en el hombre y que las realiza a su manera.

 

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Nuestra Madre Cósmica, GAIA, cambiará brutalmente y si la humanidad no se prepara, colapsará incluso como especie.

 

 

En el trasfondo de esta ética del cuidado hay una antropología más fecunda que aquella tradicional, base de la ética dominante: parte del carácter relacional del ser humano. Él es fundamentalmente un ser de afecto, portador de pathos, de capacidad de sentir y de afectar y ser afectado. Además de la razón intelectual (logos) está dotado de la razón emocional, sensible y de la razón espiritual. Es un ser-con-los-otros y para-los-otros en el mundo. No existe aislado en su espléndida autonomía, vive siempre dentro de redes de relaciones concretas y se encuentra permanentemente conectado. No necesita un contrato social para poder vivir junto a otros. Su naturaleza consiste en vivir comunitariamente.

Sin duda, para tener una cultura de la paz duradera necesitamos instituciones justas, pero el funcionamiento de éstas no puede ser formal ni burocrático sino humano, cuidadoso y sensible a los contextos de las personas y de sus situaciones. Más que nada, debemos alimentar una cultura generalizada de cuidado para con la Tierra, y las personas, especialmente las más vulnerables, y de atención a las relaciones entre los pueblos para evitar la guerra.

 

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En vez del gana-pierde pasa a funcionar el gana-gana. Con esta estrategia se disminuyen los factores de tensión y de conflicto. Para llegar a la paz son relevantes las virtudes asumidas conscientemente, como la transparencia, la disposición al diálogo y a la escucha, la acogida cálida del otro. Lo enfatizó el presidente Lula al abordar la cuestión de Irán bajo la amenaza de la truculencia estadounidense y sus aliados por causa del enriquecimiento de uranio para fines pacíficos (pretexto para controlar el petróleo y el gas).

 

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La madre espera que regresemos a ella, dejando de lado el puro y duro patriarcalismo (cuya máxima expresión es la oración del Padre Nuestro cristiano, ¿porqué no un Padremadre Nuestro o un Madrepadre Nuestro?)

 

Pero hay una dimensión subjetiva y espiritual que refuerza la búsqueda de la paz. Es la capacidad de perdón y de olvido de viejas disputas y conflictos. Hoy que las culturas se encuentran, hacen patentes las tensiones históricas que separan a los pueblos. Hay que mirar siempre hacia delante en la construcción de una nueva relación fundada en una alianza de cuidado entre todos.

Vivir este tipo de humanismo necesario está dentro de las posibilidades de nuestro ser. Es la condición de la paz duradera, considerada ya por Kant como el fundamento de la República mundial.

 

 

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El paradigma maternal debe volver. Ni las corrientes feministas las ostentan, excepto el feminismo ecologista o ecofeminismo y el feminismo indigenista.

La Internet Acrecienta La Soledad, Que Daña La Salud

La soledad daña la salud humana

Facebook y Twitter tendrían el mismo efecto, al fomentar relaciones superficiales que aumentan el aislamiento


La soledad daña la salud humana porque propicia los malos hábitos de salud, un consumo mayor de medicamentos y un nivel más alto de estrés. Además, los efectos nocivos de la soledad pueden verse incrementados por las redes sociales de Internet, como Facebook, que favorecen las relaciones superficiales y, en consecuencia, los sentimientos de aislamiento y de soledad. Éstas son las conclusiones obtenidas en investigaciones realizadas por científicos estadounidenses, que señalan asimismo que la soledad se cura, únicamente, con relaciones personales estrechas y de calidad. Por Yaiza Martínez.

 

Awaiting the Garden of Eden. Morguefile.
Awaiting the Garden of Eden. Morguefile.
Un equipo de psicólogos de la Universidad de Arizona (UA) ha estudiado recientemente el fenómeno de la soledad y los efectos de ésta en la salud individual, con interesantes resultados.

En un comunicado emitido por la UA, los científicos señalan, por un lado, que la soledad es dañina para la salud porque potencia los hábitos nocivos de salud y el estrés.

Por otro lado, los científicos afirman que las redes sociales en Internet (como Facebook o Twitter) no sirven para paliar la soledad sino que, de hecho, pueden aumentar los sentimientos de asilamiento o separación, al propiciar las relaciones superficiales.

Según Stacey Passalacqua, una de las autoras de la investigación, se sabía que las redes sociales de Internet estaban relacionadas con una menor calidad de la salud de los individuos, pero hasta ahora no se había comprendido el mecanismo subyacente a dicha asociación. Este mecanismo podría estar relacionado con la soledad que estas redes provocan.

Passalacqua y Chris Segrin, que es el director de estas investigaciones y también del departamento de comunicación de la UA, analizaron las percepciones subjetivas sobre nivel de estrés y apoyo social de diversos individuos, lo que permitió comprender de qué manera la soledad y la salud se relacionan, y también vincular ambos factores a redes sociales como Facebook.

Para su análisis, los investigadores realizaron una encuesta a un total de 265 adultos de entre 19 y 85 años sobre el apoyo social con que contaban, su soledad, su nivel de estrés, sus hábitos de salud y su salud general.

Según publican los investigadores en un artículo aparecido en la revista Health Communication, los resultados obtenidos de este cuestionario demostraron que la soledad estaba mucho más relacionada con el número de relaciones estrechas con otras personas que con el número de contactos mantenidos en las redes sociales.

 

Malos hábitos

Frecuentar estas redes puede no resultar negativo para la salud, explican los científicos, siempre que el usuario mantenga relaciones más cercanas con otras personas sin que medie entre ellos la distancia.

Asimismo, el estudio demostró que los individuos más solitarios se cuidan menos, duermen peor y tienden más a consumir medicamentos. Además, son menos capaces de lidiar con los elementos estresantes de la vida cotidiana (es decir, se estresan más).

Todos estos hábitos establecen una relación entre la soledad y una salud pobre. Por ejemplo, explican los científicos, el estrés crónico es muy dañino para el organismo y tiene un efecto fisiológico constatado.

Por el contrario, las respuestas de los participantes demostraron que aquellas personas con un apoyo social mayor presentaban un estado de salud mejor.

La soledad es en parte subjetiva

Otro dato curioso arrojado por la encuesta fue el siguiente: la soledad sería, al menos en parte, una cuestión “subjetiva”, que depende de la percepción de cada individuo.

Según explica Segrin en el comunicado de la UA, se podría definir la soledad como la diferencia entre el nivel de contacto social que deseamos y el que realmente alcanzamos.

Por eso, resulta difícil establecer lo que es una persona “solitaria”, porque de hecho este perfil depende en gran parte de lo que cada individuo considera como “estar solo”. Así, no es de extrañar que personas que disfrutan de muchas relaciones sociales se sientan solas.

Sin embargo, sí existe un factor decisivo que determina la soledad real: la calidad de las relaciones personales, y no su cantidad.

La ausencia de familiares y amigos cercanos es, por eso, un hecho grave que puede afectar a la salud y que no puede ser contrarrestado por las relaciones que se establezcan a través de la Red ni por cualquier otro tipo de relaciones superficiales, advierten los investigadores.

Otros problemas de salud

Los resultados obtenidos en los trabajos de Segrin y Passalacqua explicarían porqué los individuos solitarios suelen presentar niveles de salud más bajos que las personas acompañadas.

Otras razones para este hecho han sido establecidas por investigaciones previas. Así, por ejemplo, un estudio realizado en 2007 por científicos norteamericanos reveló que la soledad crónica puede afectar a la expresión de los genes en los glóbulos de la sangre y, por tanto, condicionar la respuesta correcta del sistema inmunológico.

En otro estudio anterior, también realizado por investigadores estadounidenses, se había demostrado además que vivir en soledad aumenta el riesgo de padecer enfermedades coronarias tanto entre personas mayores como entre jóvenes, al igual que hace crecer el nivel de estrés y la tensión arterial.

La Inestabilidad Emocional de las Mujeres Influye en Tasa de Natalidad En Naciones Sin Salud Reproductiva

Los rasgos de la personalidad condicionan nuestro nivel de fertilidad


Un estudio revela que las mujeres más ansiosas y los hombres más extrovertidos tienen mayor cantidad de hijos


La personalidad condiciona la fertilidad humana, sugieren los resultados de un estudio reciente realizado por científicos de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido. Analizando a individuos de cuatro aldeas rurales de Senegal, los investigadores descubrieron que aquéllas mujeres con niveles más altos de neuroticismo y los hombres con niveles más altos de extraversión eran más propicios a tener mayor número de hijos que el resto. Estos resultados resultan importantes para comprender cómo el nivel individual, y no sólo otros factores más generales, están propiciando ciertos cambios en la fertilidad humana a nivel global, explican los autores del estudio. Por Yaiza Martínez.

 


Foto: Chrisharvey. Photoxpress.
Foto: Chrisharvey. Photoxpress.
El éxito reproductivo tanto de hombres como de mujeres está influenciado por las características de nuestra personalidad, señala un reciente investigación realizada por científicos de la Universidad de Sheffield, en el Reino Unido.

Tal y como explica dicha Universidad en un comunicado, en la investigación se ha constatado, por ejemplo, que las mujeres con altos niveles de neuroticismo y los hombres más extrovertidos son más propicios a tener un gran número de hijos en sociedades con tasas altas de natalidad.

El término neuroticismo define un rasgo de la personalidad caracterizado por la inestabilidad emocional, la inseguridad, tasas altas de ansiedad, un estado continuo de preocupación y tensión, y una tendencia acentuada a culpabilizarse. Generalmente, este rasgo psicológico va unido a una sintomatología psicosomática.

Por otra parte, el estudio ha encontrado evidencias de la existencia de una relación entre ciertas características de la personalidad materna y las condiciones físicas de los descendientes.

Así, las mujeres que padecen altos niveles de neuroticismo tienden más a tener hijos con un índice de masa corporal (IMC) más bajo (medida de asociación entre el peso y la talla de un individuo), que reflejaría malnutrición.

El modelo de los cinco grandes

Cada vez se estudian más los rasgos de la personalidad como condicionantes de ciertos patrones de fertilidad determinantes, a nivel individual, y también cómo las diferencias en la personalidad pueden mantenerse por selección natural.

Estudios previos al respecto habían sido realizados en poblaciones occidentales modernas, pero la presente investigación fue llevada a cabo en una población más tradicional, lo que ha permitido a los investigadores probar cómo la personalidad afecta a las tasas de fertilidad en un “entorno natural”, caracterizado por tasas de natalidad elevadas.

Concretamente, los científicos recopilaron datos de cuatro aldeas rurales de Senegal, en África. En estos entornos, fueron analizados los efectos de la personalidad de ambos progenitores en el número y la condición física de sus descendientes.

El análisis de la personalidad de los individuos estudiados se realizó usando el llamado Modelo de los cinco grandes, que es un modelo de personalidad que analiza ésta como la composición de cinco factores amplios o dimensiones de personalidad. Estos factores fueron definidos experimentalmente en 1993, en una investigación sobre las descripciones de personalidad que unas personas hacían de otras.

Los cinco rasgos o factores principales se suelen denominar tradicionalmente como: factor O (Openness o abertura a nuevas experiencias), factor C (Conscientiousness o responsabilidad), factor E (Extraversión o extroversión), factor A (Agreeableness o amabilidad) y factor N (Neuroticism o neuroticismo).

Entender los cambios en la fertilidad humana

Partiendo de esta base de definición, los investigadores constataron que, entre las mujeres estudiadas, aquéllas que presentaban niveles de neuroticismo por encima de la media, es decir, las que eran propicias a sentirse ansiosas, deprimidas y malhumoradas, tenían un 12% más de hijos que las mujeres cuyo nivel de neuroticismo estaba por debajo de la media.

La relación negativa entre el neuroticismo materno y la condición física de los descendientes sugiere que un alto nivel de este rasgo conlleva un coste para las familias.

En lo que respecta a los hombres, los individuos con niveles de extroversión por encima de la media, esto es, más propicios a ser sociables y abiertos, tenían un 14% más de hijos que los hombres cuyos niveles de extroversión estaban por debajo de la media.

Según una de las autoras del estudio, la antropólogo de la Universidad de Sheffield, Virpi Lummaa, los resultados obtenidos demuestran que la personalidad puede predecir el tamaño de la familia de forma diferente en hombres y en mujeres.

Así, los hombres con familias más extensas presentarían rasgos de personalidad distintos a los de las mujeres con familias más numerosas.

Comprender mejor cómo las decisiones reproductivas pueden verse afectadas por el nivel individual ayudaría a explicar el papel del individuo frente a otros factores sociales en los cambios recientes en la fertilidad humana global.

La píldora también afecta

La investigación fue realizada también por Alexandra Alvergne, del departamento de antropología del University College London y por Markus Jokela, de la Universidad de Helsinki, en Finlandia. Los resultados han aparecido publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Este mismo equipo de investigadores, publicó el año pasado los resultados de una investigación en la que se reveló que otro factor individual, en este caso el uso de la píldora anticonceptiva por parte de las mujeres, puede condicionar el tipo de compañero que las mujeres escogen como pareja.

Lummaa y sus colaboradores demostraron que, dado que la píldora inhibe los cambios hormonales naturales, provoca que las mujeres se encuentren en condiciones hormonales estables más propias del embarazo. Este hecho tendría un impacto en esta generación y las siguientes, tal y como explicamos entonces en Tendencias21.

La Experiencia Musical Es Universal Y No Tanto

La emoción en la música es universal

 

 

Miembros de una tribu africana, que nunca habían sido expuestos anteriormente a la música occidental, reconocieron casi lasmismas expresiones de alegría, tristeza y miedo en dicha música que cualquier oyente occidental.

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Aquel que tiene sensibilidad para la música probablemente se pondrá triste o melancólico al escuchar el adagio para cuerdas de Samuel Barbel. Quizás se vea también hipnotizado y transportado a un lugar exótico por Duke Pearson y su “The Phantom” o su “Wahoo!”, o quizás se alegre al oír una canción pop tan tonta como “The party punch” de oh no! oh my!
Cada cual tenemos nuestros gustos particulares. Además estamos condicionados por nuestra historia vital y las asociaciones personales que hacemos con determinadas piezas musicales a la hora de juzgarlas. A pesar de todo, en nuestro foro interno, creemos que las sensaciones que recibimos son universales y que otros seres humanos, o al menos otros con una sensibilidad similar a la nuestra, se sentirán de la misma manera que nosotros al oír ciertas canciones, aunque pertenezcan a una cultura diferente. Sentimos que no puede ser de otra manera.
Pero esto choca con lo que ciertos antropólogos, con su relativismo cultural, nos dicen. En su obsesión por dogmatizar la idea de que absolutamente todo lo que hace el hombre es cultural, afirman que los sentimientos experimentados al escuchar ciertas músicas serían meras convenciones sociales dentro de un determinado contexto cultural y que, en teoría, deberían de ser distintas para cada sociedad.
Frente a las opiniones nada mejor que el método científico y sus experimentos. Según han demostrado Thomas Fritz y sus colaboradores del Instituto Max Planck la música puede que sea más universal de lo que los antropólogos nos dicen.
Para ello se hizo escuchar a unos nativos africanos, que nunca habían escuchado la radio, música occidental y se les pidió que calificaran cada pieza según las emociones percibidas como alegre, triste o aterradora. Según los resultados obtenidos al menos la expresión de esas tres emociones básicas es universalmente reconocida.
Según Fritz este hallazgo podría explicar por qué la música occidental ha tenido éxito globalmente, incluso en culturas que no enfatizan fuertemente el papel de la expresión emocional en su música.
La expresión de las emociones es algo básico de la música occidental y la capacidad de la música de hacer llegar expresiones emocionales es con frecuencia un prerrequisito de su apreciación en Occidente. Sin embargo, en otras tradiciones culturales, la música es apreciada en función de otras cualidades, como la coordinación del grupo en determinados rituales.
En este estudio Fritz, Stefan Koelsch y otros colaboradores querían saber si los aspectos emocionales de la música occidental eran apreciados por gentes que no habían sido expuestos previamente a esta música. No había casi estudios previos al respecto, aunque si se habían hecho al revés, para ver si los occidentales apreciaban, por ejemplo, la música indú.
Para encontrar personas que nunca habían escuchado música occidental viajaron a Camerún, al extremo norte de las montañas Mandara donde viven los miembros de la tribu Mafa, uno de los 250 grupos étnicos del país. Llevaron un ordenador portátil y un panel solar para alimentarlo como medio de reproducción musical.
También usaron las mismas pruebas con occidentales como referencia para poder establecer bien la comparación.
Según este estudio los miembros Mafa, que nunca antes habían sido expuestos a la música occidental, reconocieron casi las mismas expresiones de alegría, tristeza y miedo que cualquier oyente occidental y en un grado que estaba por encima de lo que cabría espera de una elección al azar. Aunque los autores admiten que entre los mafas había gran variabilidad en las respuestas, con dos participantes de entre veinte en el nivel aleatorio en sus respuestas.
Según los investigadores tanto los mafas como los occidentales utilizaron los mismos indicadores para juzgar la expresión emocional de la música que escuchaban, aunque el patrón estaba más marcado en los oyentes occidentales.
Manipulando la música los investigadores encontraron que ambos grupos de personas encontraban más agradable las canciones originales que las versiones alteradas. Esto se podría explicar en parte por el aumento de disonancia de los tonos manipulados.
Concluyen que mafas y occidentales mostraron habilidad para reconocer las tres emociones básicas de expresión emocional por encima de nivel atribuible al azar. Esto indicaría que la emoción expresada por la música occidental puede ser universalmente reconocida de la misma manera en la que se reconocen las expresiones faciales humanas o el ritmo, tensión y entonación del habla.
¿Qué pasará con otras emociones no analizadas en este estudio? ¿Serán igualmente universales? ¿Y con las personas sordas al tono?* ¿Y qué opinarán otras culturas de la pieza 4′ 33” de John Cage?

Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Artículo original (resumen).
Actividad cerebral e improvisación en el jazz
Foto cabecera: “Lliam” por Nwardez, vía Flickr.

* Al igual que hay personas ciegas a los colores pero capaces de ver hay personas sordas al tono capaces de oír. A estas personas en general no les gusta la música y en general ignoran su condición.

 

 

 

Música y cultura

 

 

Que nos agrade o no una determinada combinación de notas musicales depende de nuestra cultura y no algo de algo intrínseco.

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Desde tiempos remotos los expertos se han devanado los sesos sobre las razones que hacen a una combinación de notas musicales sonar agradablemente frente a otras que suenan de un modo que nos parece desagradable. En la Grecia Clásica se creía que la clave residía en las distintas proporciones entre la longitud de las cuerdas del instrumento musical. De este modo, mantener una relación matemática determinada dotaba a ciertos acordes una cualidad especial, casi divina.
Los compositores del pasado siglo, por otro lado, se inclinaban hacia la noción que los gustos musicales se basan en lo que se ha escuchado habitualmente.
Ahora, unos investigadores creen estar cerca de la verdad, e informan de sus resultados en Current Biology. Su estudio se basa en la evaluación de las preferencias de 250 estudiantes de Minnesota acerca de una cierta variedad de sonidos, tanto musicales como no musicales.
Según Josh McDermott, de New York University (NYU), la cuestión es qué hace de ciertas combinaciones de notas musicales más agradables o más desagradables. Según él ha habido muchas afirmaciones y teorías al respecto y puede que sea una de las preguntas más antiguas relativas a la percepción humana.
El equipo de la Universidad de Minnesota (Josh McDermott se trasladó desde allí recientemente a NYU) también incluía a Andriana Lehr y Andrew Oxenham. Estos investigadores consiguieron manipular tanto la relación armónica de frecuencias como la variación periódica de la amplitud de onda producida por la superposición de dos ondas de diferente frecuencia.
Recordemos que las frecuencias armónicas son múltiplos de la misma frecuencia elemental. Así por ejemplo, las frecuencias de 200, 300 y 400 Hz son todas múltiplos de 100 Hz. Aclaremos también el segundo concepto. Cuando dos sonidos diferentes pero de similar frecuencia se superponen las ondas sufren un desfase unas respecto a otras produciéndose un aumento y una disminución periódica de la amplitud de la onda, subiendo y bajando la intensidad del sonido que percibimos de una manera periódica y constante, con un “ritmo” interno que hace parecer que el sonido “tiemble”.
Los investigadores descubrieron que los acordes musicales sonaban bien o mal dependiendo básicamente en si las notas tocadas producían frecuencias que estaban armónicamente relacionadas o no. El acople de frecuencias de dos frecuencias cercanas, tal y como se ha descrito antes, resultó que no era importante. Sorprendentemente la preferencia por las frecuencias armónicas era más fuerte en personas con experiencia previa tocando instrumentos musicales. En otras palabras, el aprendizaje musical juega un papel, quizás incluso primario en eso, según McDermott.
Todavía no se sabe si este resultado se mantendría al considerar personas de otras partes del mundo y, por tanto, de otras culturas. Pero según estos investigadores el efecto de la experiencia musical sugiere lo contrario. Los resultados sugieren que las personas de la cultura occidental aprenden a que les guste el sonido de las frecuencias armónicas, porque esa característica es importante en la música occidental.
Los oyentes con una experiencia musical diferente puede que tengan diferentes inclinaciones musicales. La diversidad de la música de otras culturas es consistente con esta idea. Según McDermott, los intervalos y acordes que son disonantes para el estándar occidental son comunes en otras culturas. La diversidad es la regla, no la excepción.
Esto puede que se pierda debido a que la cultura musical occidental empieza a ser dominante en las radios de todo el mundo. Cuando todos los chicos de Indonesia están escuchando Eminem termina siendo difícil saber la verdad.

 

Copyleft: atribuir con enlace a http://neofronteras.com/?p=3148

Fuentes y referencias:
Nota de prensa.
Artículo original.
Foto: Tiagø Ribeiro, vía Flickr.

 

 

 

 

  1. Alejandro Sánchez:

    Justamente, en otro estudio publicado en esta web se concluyó que La emoción en la música es universal, independiente de las culturas. Por cuestiones adaptativas obviamente hay sonidos que nos generan reacciones universales (sonidos graves que tienen armonías similares al rugido de un león, tigre o puma nos espanta) La mayoría de los estudios certifican esta tendencia, hay notas y armónicos universales que no solo a nosotros nos beneficia, sino incluso a plantas y generalidad de animales. Mucho más se afianza esta idea si consideramos que muchas teorías cosmológicas fundamentadas perciben al universo como una gran función de onda Obviamente, en el caso de la música, la combinación particular de armónicos y los ritmos socialmente aceptados tienen mucho que ver con la cultura y la relación entre esta y el entorno natural. Considero que básicamente existen ritmos y armonías que son universales y que generan respuestas emocionales básicamente iguales en toda la humanidad y los demás seres vivos (y quizás en cualquier ser vivo del universo, si lo hubiere) pero también existen particularidades musicales propias de cada cultura y tiempo social.

La Naturaleza Favorece La Salud

La naturaleza favorece el bienestar físico y psíquico del ser humano


Fomenta la atención, reduce la agresividad y ayuda a la recuperación física, señalan estudios diversos


La revista Observer, de la Association for Psychological Science de Estados Unidos, ha publicado recientemente un artículo en el que se revisan los estudios realizados en los últimos años sobre la relación del ser humano con la naturaleza, y la importancia de ésta para nuestra salud. Estas investigaciones han demostrado que los entornos verdes favorecen el bienestar psicológico, con una mejora de la atención y una reducción de la irritabilidad y de la agresividad; y el bienestar físico, favoreciendo, por ejemplo, la pronta recuperación de pacientes que han padecido operaciones quirúrgicas. Nuestro bienestar depende de la naturaleza debido a la evolución de nuestros ancestros en este entorno, señalan los expertos. Por Yaiza Martínez.




La naturaleza favorece el bienestar físico y psíquico del ser  humano
La revista Observer, de la Association for Psychological Science (aps) de Estados Unidos, ha publicado recientemente un artículo en el que se revisan aquellos estudios científicos que han demostrado la importancia de la naturaleza para la salud humana, tanto física como mental.

Según Observer, en las últimas décadas, la conciencia de nuestra relación con el medioambiente se ha ido incrementando, así como las constataciones sobre los efectos del entorno natural en nuestra propia naturaleza.


Fomenta la atención


En los años ochenta del siglo XX, el psicólogo
Stephen Kaplan y sus colaboradores de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, fueron de los primeros investigadores que aportaron pruebas científicas sobre dichos efectos.

A raíz de una serie de estudios sobre el fenómeno de la atención, estos científicos descubrieron que la exposición a escenarios naturales tenía un profundo efecto restaurador en la capacidad del cerebro de concentrarse.


Estudios posteriores realizados al respecto han confirmado este primer hallazgo. Así, por ejemplo, en 2008, la revista Psychological Science publicaba un
artículo acerca de una investigación realizada por el propio Kaplan, en colaboración con Marc Berman y John Jonides, consistente en que 38 estudiantes voluntarios realizaran tareas que requerían un alto nivel de concentración.

El grupo de voluntarios fue dividido en dos partes: los componentes de una de ellas dieron un paseo por la ciudad, mientras que los miembros de la otra pasearon d por un arboreto. Este segundo grupo puntuó más alto que el primero en las pruebas realizadas.


Kaplan cree que esta diferencia se debe a que nuestros ancestros evolucionaron en contacto continuo con los entornos naturales. Gracias a ello, en dichos entornos nosotros nos sentimos más cómodos, más relajados, como si estuviéramos en casa. Este estado de bienestar nos hace estar menos distraídos.


En enero de 2010, Kaplan y Berman resumieron 13 de los estudios más influyentes sobre la restauración de la atención en contacto con la naturaleza, en la revista
Perspectives on Psychological Science.

Reduce la agresividad

Los descubrimienos de Stephen Kaplan y sus colaboradores llevaron a los investigadores
William Sullivan y Frances Kuo, de la Universidad de Illinois, en Estados Unidos, a analizar la relación entre la ausencia de un entorno natural y la irritabilidad, que se sabe está relacionada con la atención fatigada. A su vez, la irritabilidad está asociada a la agresividad.

Kuo y Sullivan estudiaron a 145 mujeres residentes en un complejo residencial urbano, en Chicago. Algunas de ellas, vivían en edificios con vistas a zonas verdes, mientras que desde los edificios de otras sólo se veía triste hormigón. Los resultados de este estudio demostraron niveles significativamente más bajos de agresividad y de violencia entre las residentes con apartamentos cercanos a la naturaleza, que entre las otras.


La agresividad ha sido relacionada con la impulsividad, por lo que no resulta sorprendente que, en un estudio más actual, Kuo y Sullivan, junto con otro colaborador de la Universidad de Illinois llamado Andrea Taylor, hayan constatado que también existe una relación entre la exposición a la naturaleza y el autocontrol.


En otro
estudio realizado con 169 niñas que vivían en el mismo vecindario, los investigadores descubrieron que aquéllas que disfrutaban de vistas más verdes tenían un mayor rendimiento en tareas relacionadas con la disciplina que las niñas que no podían disfrutar de dichas vistas. Las chicas del primer grupo puntuaron asimismo más alto en pruebas de concentración, de inhibición de la impulsividad y de capacidad de retrasar la gratificación.

Favorece la recuperación


Además de los evidentes beneficios para la salud psíquica que proporciona la naturaleza, también se ha demostrado que los entornos naturales ayudan al bienestar y la recuperación física.


Por esta razón, los investigadores británicos Richard Mitchell, de la Universidad de Glasgow, y Frank Popham, de la Universidad St. Andrews, publicaron en 2008 un
artículo en el que se señalaba que, ante el persistente crecimiento de las desigualdades socioeconómicas en lo que a salud se refiere, una mayor exposición a entornos verdes podría ayudar a reducir la tendencia a padecer ciertas enfermedades.

Por otra parte, en 1984, la revista Science publicaba un
artículo del investigador Roger Ulrich en el que se explicaba cómo la ubicación de un hospital de Oregón, en Estados Unidos, en un entorno natural, había conseguido reducir el tiempo de recuperación de los postoperatorios y había ayudado a que los pacientes necesitaran menos medicamentos para el tratamiento del dolor, entre otras ventajas.

Asimismo, en 2009, una
investigación dirigida por Peter Kahn, de la Universidad de Washington, y realizada con trabajadores de una oficina moderna, demostró que aquellas personas que en su lugar de trabajo estaban sentadas cerca de una ventana con vistas a escenarios naturales se recuperaban antes que otras sentadas frente a una pantalla de plasma que mostraba imágenes de la naturaleza u otras que no disfrutaban de vista alguna, del estrés producido por situaciones externas.