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No se Nace Homosexual, Se Hace Homosexual



El doctor Jokin de Irala, médico e investigador de la Universidad de Navarra, explica que la exclusión de esta conducta del manual de enfermedades de la APA se realizó por simple votación. Cuestiona el hecho de que cualquier crítico al fenómeno es considerado homófobo.

 

EL PROFESOR DOCTOR JOKIN DE IRALA, MÁSTER EN SALUD PÚBLICA Y ESPECIALIZADO EN AFECTIVIDAD Y SEXUALIDAD HUMANA, SEÑALA EN ESTA ENTREVISTA LA NECESIDAD DE PASAR AL PLANO CIENTÍFICO EL DEBATE SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD. Afirma que ella es un desarrollo inadecuado de la identidad sexual y asegura que es posible el cambio de conducta de los que sienten atracción hacia las personas del mismo sexo.

-¿Existe evidencia científica de que se nace homosexual?

-Como científico diría que la homosexualidad se hace, no se nace, rotundamente. Hay que afirmar que efectivamente no existe ninguna evidencia científica que avale la teoría genética de la homosexualidad o que ella pueda ser innata. Especialistas en homosexualidad que trabajan en asociaciones científicas como la NARTH en EEUU (Asociación nacional de investigación y terapia de la homosexualidad) afirman que se trata de un desarrollo inadecuado de la identidad sexual. Por ello, deberíamos por lo menos aceptar que el debate científico sobre este tema pueda seguir existiendo.

-¿De dónde nace la corriente de pensamiento que afirma que es una opción sexual normal?

-Esto de que uno nace homosexual tiene su origen en los años 70, cuando los activistas de la homosexualidad en EEUU hicieron mucho lobby para que la APA, que es la Asociación Americana de Psiquiatras, quitara este tema del manual de clasificación de enfermedades. Entonces, lo que hicieron fue provocar una votación, y fueron a votar el 25 por ciento de los miembros, y allí salió un 69% a favor de retirar la homosexualidad de ese material. Que yo sepa, es el único ejemplo en la medicina donde algo se decide si es o no enfermedad por una votación simple de quienes asisten a una reunión. Imagínese que se haga una votación por la sociedad española de endocrinología votando a favor o en contra de que la obesidad es un problema de salud o no. Esto no tiene precedentes. Lo que hay que hacer es analizar el problema con estudios científicos.

-¿Se trata de una conducta que se puede modificar?

-Hay datos científicos, estudios publicados en revistas científicas que muestran que la homosexualidad sí se puede modificar con una terapia adecuada, incluso en EEUU hay asociaciones de ex gays. Muchos de ellos protestan porque dicen que estos grupos de activistas no dejan que se sepa que el cambio es posible. Y no solo no dejan que se sepa, sino que no admiten que alguien pueda libremente pedir ayuda. Así, por ejemplo, se tiene el caso de un juez de Lombardía (Italia) que ha declarado ilegal ayudar a un homosexual aunque te lo pida libremente. Esto es increíble. Es un atentado contra la autonomía del paciente.

-¿Y en qué se basan?

Señalan que la terapia es casi una tortura, traumática, con electroshock. Sin embargo, no tiene nada que ver con eso. El tratamiento es básicamente psicoterapia. Pero no se puede impedir que las personas elijan pedir libremente ayuda. Pero hay que decir que hoy se utiliza el término AMS para identificar a las atracciones por personas del mismo sexo, porque una cosa es que uno pueda tener atracciones por personas del mismo sexo y otra es que alguien, fruto de esas atracciones, acabe teniendo relaciones sexuales de tipo homosexual. El hecho de que uno tenga la atracción no significa que sea homosexual, en absoluto. De hecho, hoy en día, con al ambiente que hay, pro homosexual, con la cultura que hay, se tienen muchos casos de jóvenes que simplemente tienen una confusión y requieren de ayuda.

-¿Y cuáles serían las causas de esta conducta?

-Hay diversas posibles causas, pero parece ser que lo que más casos de homosexualidad está produciendo es una mala identificación con la figura del varón o de la mujer en la familia. Es muy común el paradigma de padre autoritario, pasivo, ausente en la vida de un varón que a lo mejor es sensible, perfeccionista. O una madre muy posesiva desde el punto de vista emocional. Eso es una de las mayores vías que lleva a la homosexualidad.

-¿Hay otras?

-Otra vía que está mezclada con esta es que ese varón, por ejemplo, sensible -y que no es nada malo que lo sea- , por esa sensibilidad los de su sexo lo rechacen en su colegio. Ese rechazo puede llevar a una baja autoestima como varón y, por consiguiente, cuando llegue a la pubertad, a una orientación homosexual. Otra vía es la conocida ambigüedad de la identidad sexual en el adolescente. Es normal que un adolescente, varón o mujer, pueda tener dudas de su identidad sexual, pero esa ambigüedad bien llevada, fortaleciendo la identidad masculina o femenina de los jóvenes, no genera problemas, lleva a la heterosexualidad. El problema actual es que eso está mal llevado y se le dice a ese joven que lo que tiene que hacer es salir del armario o del clóset.

-¿Hay problemas de salud ligados a esta conducta?

-Sí, la actividad sexual de tipo homosexual conlleva problemas de salud, algunos de los cuales son específicos. Además de los problemas asociados a la promiscuidad sexual y las infecciones de transmisión sexual, que también hay entre heterosexuales promiscuos, existen problemas asociados a la utilización de los órganos sexuales sin tener en cuenta que por su "diseño" están orientados a la complementariedad entre varón y mujer.

-¿Por qué a pesar de los datos científicos se sigue negando el problema?

-Hay muchas razones. La primera es que hay desinformación. Muchos profesionales no manejan estos datos y solo toman el manual de la APA. Luego están las ideologías. Los intereses económicos y también está la realidad del miedo. Hay profesionales que saben de esto, pero el precio que tienen que pagar al afirmarlo es muy caro. Si en España un psiquiatra pusiera una placa que es terapeuta de la homosexualidad, lo lógico es que le quemen el portal de su consultorio y puede quedar sin clientes.

¿Dónde estaría el equilibrio?

-El equilibrio está en reinvindicar un respeto incondicional por toda persona con sentimientos homosexuales. Habría que compatibilizar ciencia con respeto a la libertad; debe de ser posible el debate científico con respecto al tema. Debe ser posible que yo como científico opine sobre la homosexualidad sin que se me llame homófobo solo porque tengo una postura contraria a las organizaciones gays.

-Hay también mucho de sentimiento en este tema...

-Efectivamente, por eso es necesario sacar este tema del sentimiento y del afecto. Hay gente que te dice: "Mi hijo homosexual es buena persona y yo le quiero". Y claro que sí, y está bien, pero eso no tiene nada que ver con lo que estamos diciendo. No es una cuestión de ser mala o buena persona, no es una cuestión de sentimiento. Tú puedes y debes amar mucho a tu hijo homosexual; ahora eso no quiere decir que no le puedas plantear que tu opinión es que tiene un problema y que además que tiene una solución posible. Es como si el debate sobre la diabetes fuera que los diabéticos son buenas personas, pues esto es llevar el debate a los sentimientos.

-Pero hay miedo a discriminar.

-Claro que la discriminación es una barbaridad, pero eso no quiere decir que tenga derechos a adoptar, por ejemplo. No hay que mezclar, ese es otro problema. El problema es que hoy se intenta etiquetar de homófobo a cualquiera que simplemente no opine en la línea del homosexualismo político.

FRASES

La actividad sexual de tipo homosexual conlleva problemas de salud, por la utilización de los órganos sexuales sin tener en cuenta su 'diseño' natural.

Deberíamos al menos aceptar que el debate científico sobre este tema pueda seguir existiendo.

PROFESIONAL CON AMPLIA TRAYECTORIA

El profesor Jokin de Irala tiene una amplia experiencia en España y otros países de Europa. Participa activamente en proyectos de investigación.

Es licenciado en Medicina y Ciurgía por la Universidad de Navarra. Realizó un Máster en Salud Pública, en Escocia, en 1987. Obtuvo el de Doctor en Medicina en 1990, y en 2000 un segundo doctorado en Salud Pública, en la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos). Desde ese mismo año, es profesor titular de Medicina Preventiva y Salud Pública.

En la actualidad es subdirector del departamento de Medicina Preventiva y Salud de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, España.

Es profesor de Metodología de la Investigación y de Sexualidad Humana.

Además, el doctor Jokin de Irala es investigador principal del proyecto multidisciplinar Educación de la Afectividad y Sexualidad Humana del Instituto Cultura y Sociedad (ICS).

Ha impartido conferencias en distintos países. Es autor de libros de divulgación para jóvenes y educadores, entre los que destacan Comprendiendo la homosexualidad y El valor de la espera.

En El Comienzo Fue la Luz

Cosmología: el libro del Génesis, según la ciencia

 

Cosmología: el libro del Génesis, según la ciencia
Hace aproximadamente 14 mil millones de años, el espacio que conocemos era del tamaño de una manzana, tenía la inimaginable temperatura de 10^31 (¡un 1 seguido de 31 ceros!) grados Celsius y contenía toda la materia y energía del universo. La gigantesca presión de este minúsculo cosmos incandescente provocó la gran explosión….
Dr. Saúl Ramos Sánchez / Investigador del Instituto de Física de la Universidad Autónoma de México
Cosmología: el libro del Génesis, según la ciencia
La poca luz que quedó en el
universo sería la radiación de
fondo que hoy nos cuenta esta
historia a través de las
observaciones del satélite COBE y
del telescopio WMAP.
Más allá de toda religión, la cosmología moderna es la única disciplina científica capaz de revelarnos el origen y destino de nuestro universo. Según esta ciencia, todo se originó  con la gran explosión (también llamada Big Bang) y podría terminar en un gran colapso. ¿Cuál es la edad del universo? ¿Qué ha pasado durante ese tiempo? ¿Qué ocurre hoy en el espacio? ¿Es el universo infinito? ¿De qué está  hecho? ¿Qué nos depara el futuro? La cosmología nos da las respuestas, pero, como una buena novela, abre siempre nuevos misterios.

Una de las piezas fundamentales de la cosmología moderna es la relatividad general de Einstein. La relatividad general explica la gravedad como el efecto de la deformación del espacio debida a la presencia de masa o energía. Imaginando el espacio como una gran sábana, todos los cuerpos celestes localizados sobre ésta provocan un hundimiento que atrae a cualquier cuerpo que pasa por sus cercanías.
Sorprendentemente, semejante descripción es válida también para la energía, incluyendo la luz. Gracias a la precisión de esta teoría, podemos usar dispositivos GPS y teléfonos celulares.

Basada en la relatividad general, la cosmología propuso un modelo que explica la  forma, composición e historia de nuestro universo, el modelo de la gran explosión.
Técnicamente, la gran explosión es una violenta expansión del universo y su consecuente veloz enfriamiento. Contrario a una explosión en nuestro planeta, lo que se expandió no fue una nube de materia hacia el espacio vacío, sino el espacio mismo. Tras una ínfima fracción de segundo, la expansión entró en una etapa conocida como inflación en la que el universo creció a un ritmo exponencialmente creciente.
Hacia el final de inflación, el espacio estaba uniformemente relleno de una sopa hirviente compuesta de luz y la materia nuclear fundamental, quarks y gluones.  
A esas temperaturas tempranas, los diminutos habitantes del universo chocaban, produciendo luz y más partículas. La luz se transformaba en partículas, y éstas en luz. Materia y antimateria aparecían y desaparecían en iguales cantidades. La temperatura bajaba poco a poco. Repentinamente, cuando la temperatura reinante era de poco más de 10 mil billones de grados, la materia rebasó a la antimateria por una mínima cantidad. Ese fue el momento justo en que se gestó la forma del universo que conocemos. Una billonésima de segundo después de la gran explosión, la partícula de Higgs (por algunos conocida como la partícula de Dios) entró en escena, liberando una enorme energía que proveyó de masa a todo. Los quarks comenzaban a asociarse para formar protones y neutrones con más energía que los de cualquier explosión nuclear experimentada por el humano.
Tras un segundo, lo único que quedaba en el espacio ya inmesurable eran protones, neutrones, electrones y luz. Algunos minutos más tarde, cuando la temperatura era de mil millones de grados, se formaron los núcleos de Helio que cerca de 400 milenios más tarde formarían los átomos de Helio que darían vida a las estrellas 100 millones de años después. La poca luz que quedó en el universo sería la radiación de fondo que hoy nos cuenta esta historia a través de las observaciones del satélite COBE y del telescopio WMAP. Las regiones ligeramente más densas comenzaron a formar nubes que serían lo que hoy llamamos galaxias.


     
Con los datos disponibles, la muerte térmica es el destino más probable del universo. La expansión acelerada indica que las estructuras estelares no podrán mantenerse por siempre. Las galaxias se convertirán en nubes de polvo cada vez menos densas.


Después de esta época, el modelo de la gran explosión explica detalladamente cómo se formaron las estrellas y galaxias. Además, nos da la radiografía del lugar en el que vivimos hoy. Actualmente, sólo casi 5% del universo está compuesto del mismo material que nuestro planeta; el resto es una combinación de materia y energía oscuras, cuyo origen es aún desconocido. Debido a la abundancia de energía oscura, el universo sigue creciendo, y crece cada vez más rápido. La temperatura del universo está muy cerca del cero absoluto (aprox. -270 grados Celsius), y sigue descendiendo. De continuar este comportamiento, se especula que el universo camina hacia dos posibles desenlaces: la muerte térmica o el gran colapso.
Con los datos disponibles, la muerte térmica es el destino más probable del universo. La expansión acelerada indica que las estructuras estelares no podrán mantenerse por siempre. Las galaxias se convertirán en nubes de polvo cada vez menos densas. Los átomos se desintegrarán, y, si el protón no es estable, incluso los átomos serán destruidos. Sólo quedará un lugar enorme, vacío, frío y oscuro. Sin embargo, otra posibilidad es que la energía y materia oscuras estén en realidad relacionadas, y que en algún instante el dominio de la energía oscura ceda su lugar a la materia oscura. Según la idea del gran colapso, el dominio de la materia obligará al universo a detener su expansión y a contraerse de forma acelerada. Las galaxias formarán macrosistemas, en los que la temperatura se elevará cada vez más en un espacio cada vez menor, y la historia del universo se revertirá.
Lo cierto es que en los inicios del universo, hasta poco después del periodo de inflación, hay muchas cosas cuya explicación aún no es del todo satisfactoria. Nadie entiende completamente los fenómenos que ocurren a las colosales temperaturas del universo temprano, ni si la física de partículas y la termodinámica conocidas son las mismas bajo esas condiciones. Quizá existen más dimensiones en nuestro universo en las que, en lugar de partículas, son cuerdas vibrantes las que interactúan y controlan la evolución del universo. Tal vez la energía y materia oscuras son sólo producto de otras partículas desconocidas, o de nuestro limitado conocimiento del alcance de la gravedad. Posiblemente, el sutil dominio de materia sobre antimateria tiene su raiz en eventos universales insospechados. Usando todas las herramientas científicas conocidas, la cosmología construye una ruta plausible de la evolución de nuestro universo. Como la antropología, busca en los fósiles estelares vestigios de un tiempo lejano que, de alguna forma, contienen nuestro presente y futuro. Pero, como en la antropología también, hay siempre algunos eslabones perdidos que los cosmólogos siguen buscando para responder todas nuestras preguntas.

Se Necesita de lo Trascendente (Espiritual) Para Entender la Realidad

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Ciencia y Fe no pueden mezclarse, mas tampoco pueden ir separadas. Finalmente lo espiritual es lo que da sentido teleológico y trascendente al mundo, un sentido necesario para que la conducta humana se regule y se armonice nuevamente con la naturaleza y lo cósmico creador, algo ya evidenciado por la ciencia.

 

Para probar la consistencia de la realidad es necesario dar un salto metafísico

 

Matemáticas y religión, un libro sobre nuestros lenguajes de signos y símbolos

Las matemáticas son insuficientes para probar la consistencia de la realidad. Es necesario dar un salto metafísico, explica Javier Leach en su libro Matemáticas y Religión. A su entender, la necesaria apertura de los lenguajes formal y científico supone una buena posibilidad para que los lenguajes de la metafísica y la religión propongan ideas acerca de por qué el mundo es tal cual. Ahora bien, las reflexiones teológicas no pueden ser independientes de los resultados científicos y matemáticos. Por Manuel Béjar.

 

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Las matemáticas desempeñan un rol especial en la capacidad del hombre para comunicar su visión de la realidad. Está clara la función de las matemáticas en ciencia. En su libro Matemáticas y Religión, Javier Leach ofrece además una interesante perspectiva acerca de cómo las matemáticas pueden conducirnos hacia la metafísica de la realidad. Se trata de una obra que guía pedagógicamente al lector a través de las dimensiones del lenguaje y sus respectivas imágenes del mundo: formal, científica y metafísica.

La habilidad del hombre para entender los distintos tipos de lenguajes humanos facilita la formulación de las grandes cuestiones metafísicas de la realidad. Ante un mundo en trepidante cambio, el lenguaje de las ciencias se ha revalorizado y las matemáticas han conquistado una posición de frontera en el arte de comprender coherentemente ciencia, filosofía y religión.

 

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Sobre el autor


Javier Leach es director de la Cátedra CTR (Universidad Comillas) desde su creación en 2003. Estudió teología en Frankfurt después de finalizar estudios avanzados en matemáticas. Actualmente, es profesor de lógica y matemáticas en la escuela de ciencia computacional en la universidad Complutense de Madrid.

Además de su indiscutible formación académica, Leach ha promovido la organización de interesantísimos seminarios y exitosos congresos internacionales en ICAI sobre apasionantes temas de la materia, el cosmos, el origen de la vida y su evolución, el cerebro y la conciencia, el sentido de la tecnología y los programas energéticos, las religiones y sus teologías, así como de la racionalidad, el pensamiento y la formalización matemática.

Matemáticas y ciencias naturales


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Las matemáticas se han consolidado como el principal lenguaje de las ciencias naturales. Sin embargo, matemáticas y ciencias naturales representan dos tipos diferenciados de lenguaje. Las matemáticas hacen referencia a los objetos de la mente y las ciencias a los objetos de los sentidos. El lenguaje matemático es más puro y abstracto en sí mismo, mientras que el lenguaje de las ciencias naturales destaca por ser representacional, es decir, referido a las sensaciones.

Las ciencias no pueden reducirse a una estricta formalización matemática, ni las matemáticas a la pureza de la lógica formal. La intuición está presente en el quehacer matemático. El sueño de Hilbert de reducir las matemáticas a la pura lógica terminó en las pesadillas de las paradojas de Frege-Russell. Luego, lógica formal y matemáticas no son lo mismo. Existen intuiciones lógicas y matemáticas inseparables de la experiencia sensorial. Las ciencias, además, usan el lenguaje representacional en sus modelos de la realidad.

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La pureza del lenguaje matemático carece de la potencia necesaria para describir la realidad última. La lógica no trasciende la subjetividad humana. Existen lógicas distintas a la propuesta bimodal de Aristóteles: verdadero o falso. La pluralidad de lógicas parece contradecir la pureza del método formal. Supuesta esta subjetividad formal es razonable incluir un lenguaje simbólico que, sin ser puramente lógico, puede ser consistente.

Lenguaje metafísico

 

 

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La metafísica trata la realidad última. Las ciencias asumen la existencia de la realidad. La metafísica indaga en la racionalidad y consistencia ontológica de la realidad, así como de la posibilidad epistemológica de conocerla. En última instancia se pregunta por qué existe el ser en lugar de nada. El lenguaje metafísico es distinto del científico o matemático. Es el lenguaje simbólico para describir las causas absolutas de la realidad.

Referirse a lo último en matemáticas es pensar el infinito. El infinito puede pensarse en referencia a la construcción ilimitada de objetos que se suceden lógicamente formando una serie potencialmente infinita. Aunque no sea posible construir el final de la serie, en su conjunto puede pensarse que la serie es infinita en acto. Cantor demostró que es imposible referirse a un infinito absoluto, pues siempre existe la posibilidad ilimitada de un transinfinito que, lógicamente tampoco puede ser construido.

 

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La realidad del infinito trasciende las fronteras del mundo físico y, en consecuencia, infinito es una palabra propia del lenguaje matemático y metafísico. A diferencia del lenguaje matemático, la confirmación de las proposiciones metafísicas no requiere solo de la validez de la demostración según un sistema deductivo formal, sino también de la confirmación de su existencia ontológica.

Orígenes de las matemáticas

 

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Los lenguajes formales, científicos y metafísicos se solapan complementariamente. La facultad humana para preguntarse por la realidad metafísica evolucionó a la par del desarrollo cultural matemático. El tránsito histórico desde el origen de la abstracción numérica hasta la presente formalización lógica-matemática, aconteció lentamente durante unos 2500 años de desarrollo teoremático y una reciente naturalización de las matemáticas al servicio del lenguaje científico.

Leach distingue seis estadios hasta la aparición de las matemáticas hacia el 500 a.C.: i) lenguaje para describir las intuiciones numéricas, ii) abstracción numérica y geométrica, iii) representación de las relaciones numéricas, iv) cálculo numérico, v) conocimiento teoremático, vi) concepción del infinito.

A través de restos arqueológicos se puede distinguir la creciente formalización y abstracción del lenguaje matemático, así como el origen de diversos sistemas de numeración y los sistemas deductivos para la demostración de teoremas. Aunque el concepto de infinito es anterior, solo alcanzó consistencia matemática con los trabajos de Cantor en 1918.

 

Más allá de Euclides

 

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Los Elementos de Euclides son el mejor ejemplo de estabilidad estructural y consistencia en las matemáticas de la Grecia clásica. Durante siglos ha sido un tratado matemático de referencia. Sin embargo, es matemáticamente posible ir más allá de Euclides, en busca de la frontera final: crear un sistema comprensivo y formal suficiente para describir coherentemente cualquier relación. Con este fin, las matemáticas han tratado de formalizar toda la verdad. Y, en consecuencia, a probar la consistencia, completitud y decidibilidad de los sistemas matemáticos.

Un caso paradigmático en el proceso de formalización es el origen de las poco intuitivas geometrías no-euclídeas. Lo que Euclides incluyó en sus Elementos como el quinto postulado independiente de los otros, resultó ser un realmente un postulado independiente e innecesario, pues de su contrario también se sigue una nueva geometría consistente no-euclídea.

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Fue Klein quien demostró que la consistencia de la geometría de Euclides implicaba la consistencia de la nueva geometría no-euclídea descubierta por Lobachevsky. Hilbert ligó matemática la consistencia de las geometrías a la de los números reales. Poco después Gödel demostró que no se puede demostrar la consistencia de la aritmética desde dentro de la propia aritmética. Y, en consecuencia, se exige una pluralidad de sistemas que manifiesta la creciente complejidad de la formalización matemática.

En realidad, algunos sistemas matemáticos no son completos y algunas cuestiones no son decidibles. Hay excepciones de la infalibilidad matemática que hacen que algunos problemas sean últimamente irresolubles y sea necesario abordarlos desde una pluralidad de sistemas matemáticos que, en última instancia, depende de las preferencias relativas a sujetos de conocimiento. Los teoremas de incompletitud e indecidibilidad nos impulsan al convencimiento de que es imposible construir una metafísica absoluta.

Lenguaje, realidad y religión

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A pesar de su limitación, el lenguaje matemático nos permite hacer predicciones de la realidad. Sin embargo, la realidad no se deja atrapar integralmente por las matemáticas. Los sistemas caóticos son un ejemplo ilustrativo. En el fondo, las matemáticas son insuficientes para probar la consistencia de la realidad. Es necesario dar un salto metafísico.

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El significado del lenguaje científico no es puramente formal pues está referido a objetos físicos de la realidad. Los símbolos científicos adquieren matices semánticos distintos en distintas ciencias. La pluralidad de los sistemas matemáticos y el carácter abierto de las ciencias nos permiten tratar con legitimidad la cuestión metafísica. ¿Cuál es la naturaleza última de la realidad?

Leach considera que la metafísica y la religión pueden dar respuestas consistentes al enigma último de la realidad. A su entender, la necesaria apertura de los lenguajes formal y científico supone una buena posibilidad para que los lenguajes de la metafísica y la religión propongan ideas acerca de por qué el mundo es tal cual. Ahora bien, las reflexiones teológicas no pueden ser independientes de los resultados científicos y matemáticos.

Reconciliando ciencia y religión

 

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Como creyente, Leach reconoce haber descubierto a Dios a través de la figura de Jesús. Y a Jesús a través del conocimiento del mundo. Así, su religiosidad le ha movido a saber más del mundo, porque más conocimiento científico del mundo podría refutar ideas equivocadas de su religión. De este modo, matemáticas y religión complementan asimétricamente su visión global de la realidad. Se puede hacer matemáticas sin teología, pero no teología sin matemáticas y ciencias.


Artículo elaborado por Manuel Béjar, de la Cátedra CTR.


Bibliografía

LEACH, J. (2010), Mathematics and Religion. Our Languages of Sign and Symbol (Templeton Press, Conshohocken).

 

(Edición con imágenes: Alejandro Sánchez, administrador del blog)

La Ciencia Cada Vez Más Certifica A La Espiritualidad y La Religiosidad Como Naturalmente Humano

"El siglo XXI o será místico o no será humano"

(Karl Rahner, S.J. Teólogo impulsor del Concilio Vaticano II)

 

Diversas disciplinas científicas explican la religiosidad humana

Surge por evolución, a partir de procesos cognitivos básicos, y tiene una base neuronal, señalan los expertos

La religiosidad humana ha perdurado durante más de 100.000 años y ha existido y existe en cada cultura de nuestra especie. Hoy día, además, se calcula que más del 85% de la población mundial tiene algún tipo de creencia religiosa. Desde hace años, la ciencia intenta comprender el fenómeno religioso. La revista Monitor of Psychology ha revisado recientemente algunas de las investigaciones realizadas a este respecto, así como las conclusiones que podrían extraerse de ellas: la religiosidad surgiría a partir de procesos cognitivos básicos del ser humano, tiene una base neuronal, y su causa podría ser evolutiva, afirman los especialistas. Por Yaiza Martínez.

 


Chamán Urarina de Perú. Fuente: Wikimedia Commons.
Chamán Urarina de Perú. Fuente: Wikimedia Commons.
Tradicionalmente, algunos psicólogos han caracterizado las creencias religiosas como patológicas o como pensamientos irracionales.

Sin embargo, la religiosidad humana ha perdurado durante más de 100.000 años, y ha existido y existe en cada cultura de nuestra especie. Hoy día, además, se calcula que más del 85% de la población mundial tiene algún tipo de creencia religiosa.

Para tratar de entender el origen y las causas de la fe religiosa, en los últimos años psicólogos y neurocientíficos se han dedicado a analizar este fenómeno de la mente humana. En un artículo publicado por la revista Monitor of Psychology, editada por la American Psychological Association (apa), se explican y se sintetizan algunos de los hallazgos realizados en estas investigaciones.

Predispuestos a buscar sentido

Según se explica en el artículo, psicólogos y neurocientíficos han descubierto que la religión podría ser un subproducto del propio modo de funcionamiento de nuestro cerebro, que tiende, entre otras cosas, a buscar orden en el caos, a antropomorfizar nuestro entorno y a creer que el mundo que nos rodea ha sido creado para nosotros.

Justin Barret, psicólogo especializado en este tema del Centre for Anthropology and Mind de la Universidad de Oxford, afirma que en los últimos tiempos se han recopilado evidencias de que serían diversos procesos básicos del conocimiento humano los que habrían dado lugar a las creencias religiosas, y los que le otorgarían a éstas su fuerza y perdurabilidad.

Dichos procesos hacen, por ejemplo, que veamos el mundo como si tuviera un diseño intencionado, como si hubiese sido creado por algo o por alguien.

Estudios realizados por científicos de la Universidad de Boston demostraron que incluso en los niños pequeños existe esa tendencia a pensar que el mundo ha sido creado con un propósito. Así, por ejemplo, si se le pregunta a los niños “¿por qué existen los ríos?”, una respuesta corriente sería: “para que los peces puedan nadar”.

Otra investigación publicada por la revista Science reveló que también los adultos buscan permanentemente un sentido, sobre todo en situaciones de incertidumbre. En ella, se constató que la gente tendía más a ver patrones en una representación aleatoria de puntos, si se les hacía sentir previamente que no tenían control alguno.

Tendencia a lo sobrenatural

Pero, además, el ser humano parece tener una predisposición innata a creer en lo sobrenatural, explica Barret. En un estudio realizado por el psicólogo, se constató que niños de tan sólo tres años atribuían espontáneamente habilidades sobrenaturales e inmortalidad a “Dios”, incluso sin haber recibido aleccionamiento alguno sobre Dios o la religión.

Asimismo, los niños también elaboraban historias sobre su vida antes de nacer, acerca de un contexto bautizado por Barret como la “pre-vida”
Justin Barret. Fuente: Universidad de Oxford.
Justin Barret. Fuente: Universidad de Oxford
El psicólogo afirma que lo que se está demostrando es que “nuestra estructura cognitiva básica nos predispone a cierto tipo de pensamientos, a pensar en la pre-vida, en la vida después de la muerte, en dioses, seres invisibles que hacen cosas, es decir, en los temas comunes de las religiones del mundo”.

Con base neuronal

Esta predisposición hacia las creencias religiosas tiene una base neuronal, señalan las investigaciones más recientes realizadas por neurocientíficos.

Según ellos, la tendencia a la religiosidad se extiende por todos los sistemas del cerebro, y probablemente surja de circuitos neuronales desarrollados para otros fines.

Como ejemplo, en 2009, Jordan Grafman, PhD, director de la sección de neurociencia del National Institute of Neurological Disorders and Stroke de Estados Unidos, publicó los resultados de un estudio realizado con tecnología fMRI (exploración de resonancia magnética funcional de la actividad neuronal) que demostraron que los pensamientos religiosos activan un área del cerebro implicada con la interpretación de las emociones e intenciones de otras personas.

Según los autores del estudio, estos resultados sugieren que cuando la gente piensa en Dios desarrolla un pensamiento similar al que tienen cuando piensan en cualquier figura autoritaria especial, como una madre o un padre.

Origen evolutivo

Por último, la predisposición humana a la religiosidad podría tener un origen evolutivo: algunos especialistas afirman que la religión habría evolucionado para favorecer la formación y el mantenimiento de grandes comunidades sociales.

Los científicos de la Universidad de Virginia, Jonathan Haidt y Jesse Graham, publicaron en febrero de 2010 un artículo en la revista Personality and Social Psychology Review en el que sugerían que la religión co-evolucionó con la moralidad, como una manera de establecer lazos entre individuos en comunidades extensas.

Graham y Haidt argumentaron en su artículo que, a través de relatos y rituales, las religiones han construido cinco pilares morales básicos: no hacer daño, ser justos, ser leales al grupo, respetar la autoridad y vivir con pureza. Estos pilares ayudarían inicialmente a la gente a cooperar unos con otros.

Sin embargo, estos relatos y rituales promoverían la idea de defender a la propia comunidad frente a otras comunidades. De ahí los problemas bélicos que pueden llegar a ocasionar las religiones, explican los expertos.

De cualquier modo, señalan, todas estas investigaciones sirven para comprender al ser humano como un todo que integra elementos biológicos, psicológicos, sociales, culturales y espirituales que están conectados entre sí. Según Barrett, a medida que los estudios avanzan, se tiene una mayor comprensión acerca de la naturaleza de la religión y su desarrollo.

El Lenguaje Primordial Sería El Del Silencio

La forma primordial de comunicarse dependería de un sentido

 

Similar al de la vista o el tacto, descodifica la comunicación humana en sus diferentes formas

Muchos especialistas intentaron en vano encontrar el idioma original o pre Babel. El problema es que lo que se busca es un idioma o un protolenguaje. Si se quiere llegar a él hay que cambiar el paradigma y empezar a rastrear un sentido, que llamamos Neem, que funciona como la vista, el tacto o cualquiera de los otros. Ese sentido es el que decodifica el tipo de comunicación propio de la experiencia mística, la comunicación holística de los animales y el hombre primitivo, y de aquellos que, por algún motivo, quedaron sin contacto con otros humanos desde su nacimiento. Por Patricia Arca Mena y Gustavo Masutti Llach.

 

Algunas de las áreas cerebrales asociadas con el lenguaje: Área de Broca (Azul), Área de Wernicke (Verde), Supramarginal gyrus (Amarillo), Angular gyrus (Naranjado) ,Primary Auditory Cortex (Rosado). James.mcd.nz. Wikipedia.
Algunas de las áreas cerebrales asociadas con el lenguaje: Área de Broca (Azul), Área de Wernicke (Verde), Supramarginal gyrus (Amarillo), Angular gyrus (Naranjado) ,Primary Auditory Cortex (Rosado). James.mcd.nz. Wikipedia.
Mucho se ha dicho y escrito sobre qué es lo que distingue a los Humanos del resto de los seres de la Creación con conclusiones bien variadas de acuerdo con el enfoque. Sin embargo, la mayoría está de acuerdo en citar a la conciencia de sí: Hasta donde se sabe, el Hombre es el único animal capaz de reflexionar sobre su condición. Y para ello tiene una herramienta fundamental: el lenguaje, que es lo que con más claridad distingue a la conducta humana pues la utiliza para construir cultura. Se lo puede definir como un sistema de símbolos que representan cosas e ideas y que es vital para pasar los conocimientos adquiridos a la generación siguiente. Gracias a este proceso, los nuevos ya no arrancarán de cero la carrera por la supervivencia y la evolución. Además, la comunicación permite cotejar los saberes, compartir los descubrimientos y reflexionar con los semejantes.

Desde el punto de vista fisiológico, si bien los últimos estudios en neurociencias relativizan cada vez más la anatomía del pensamiento, y tienden a demostrar que el cerebro piensa en red, los monitoreos con SPECT (“Single Photon Emission Computed Tomography”) indican que cuando se está interpretando un idioma, una de las zonas que se activa es la conocida como el área de Broca, ubicada en el hemisferio izquierdo.

¿Es el lenguaje inherente al Hombre?

“Toda la Tierra tenía una misma lengua y usaba las mismas palabras (…)
Mas Dios descendió para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban levantando y dijo: ‘He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua, siendo este el principio de sus empresas. Nada les impedirá que lleven a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros’. Así, Dios los dispersó de allí sobre toda la faz de la Tierra y cesaron en la construcción de la ciudad. Por ello se la llamó Babel, porque allí confundió Dios la lengua de todos los habitantes de la Tierra y los dispersó por toda la superficie”
.
Génesis, 11.

Los antropólogos estiman que el lenguaje entendido como producción y percepción de un idioma nació hace alrededor de 35.000 años, cuando todavía los últimos Neandertales eran contemporáneos de los primeros Cromagnones. Estos últimos, con una cavidad bucal más adecuada a la articulación de sonidos dieron el salto adelante. Los expertos todavía no se ponen de acuerdo sobre si hubo un lenguaje original del cual se derivaron los idiomas y apenas pueden especular sobre el tema.

En este punto es válido preguntarse si alguna vez todos los hombres hablaron idioma universal como refiere la Biblia en la historia de la Torre de Babel, lo que daría la razón a la teoría de la monogénesis del lenguaje defendida en el siglo XVIII por el filósofo alemán Gottfried Wilhelm von Leibniz, entre otros.

Algunas pistas: El prestigioso lingüista y filósofo estadounidense Noam Chomsky postula la existencia del LAD (Language Acquisition Device, o dispositivo para la adquisición del lenguaje) una suerte de "caja negra" innata, que sería capaz de recibir un input o entrada de datos lingüísticos y, a partir de él, derivar las reglas gramaticales universales.

Al respecto, el psiquiatra Daniel Drubach, de la Mayo Clinic, en Minnesotta, explicó en su conferencia “Neurobiología de la imaginación y su relación con la espiritualidad” (dictada en el Foro de reflexión Cerebro y Espiritualidad, Buenos Aires, 17 de Septiembre de 2007): “Cuando el niño nace su cerebro está preconfigurado para ciertas actividades, que las llamamos universales. El lenguaje verbal (es la más estudiada), no el escrito, está presente en todas las culturas humanas. Nunca se encontró una cultura que no hable. Se cree que viene preconfigurado, y que no es sólo algo anatómico sino también funcional. Lo curioso es que el lenguaje está preconfigurado pero el idioma no. El idioma es puramente un resultado de la cultura. Esto es interesante porque entre todos los idiomas hay muchísimas similitudes. Inclusive, los lingüistas dicen que no hay ninguna diferencia de fondo entre el chino, el inglés y el español, por ejemplo. Que lo único que difiere es el símbolo. La estructura del lenguaje es igual en todas las culturas”.

En busca del idioma original.

En su artículo “¿Qué idioma habla Dios?” publicado en La Revista El Cultural del diario español El Mundo (del 7-julio de 2005) el Doctor en Medicina y catedrático de Fisiología Humana de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco Mora Teruel, refiere que la búsqueda de ese idioma original, y por ende más cercano a Dios, lleva siglos y que los casos conocidos se remontan a la historia que cuenta el historiador griego Herodoto de Halicarnaso sobre el faraón de Egipto, Psammenticus, quien hace 2600 años aisló niños para comprobar si desarrollaban un idioma desde cero (habrían dicho una palabra en frigio), experiencia repetida por el Rey Jaime IV de Escocia en el siglo XV de nuestra era. Y que una experiencia mejor documentada es la del emperador Mogol Akbar Khan, quien a principios del siglo XVI, repitió la experiencia de Egipto y Escocia y de acuerdo con la crónica de un jesuita, el resultado fue que los niños no hablaban nada. De este modo, concluyó que el idioma genuino del hombre era el silencio. Esta historia fue refrendada en la actualidad: se encontraron niños aislados por sus padres o perdidos en la selva en sus primeros años, que no hablaban.

Opina Mora Teruel: “Si algún idioma Dios dio al hombre en sus orígenes es claramente el de los gestos y el silencio. De lo que se deduce además, que no hay libro alguno que exprese, en ningún idioma, el verbo directo de Dios. Dios, si existe, es silencio y cualquier libro que hable de ese silencio ha sido filtrado por el cerebro humano. Y esto nos lleva a comprender que la interpretación humana de ese silencio, su desciframiento y su traducción en forma de lenguaje, es tan individual como lo es cada cerebro en cada uno de los más de seis mil millones de habitantes que pueblan la tierra”.

El lenguaje en sentido amplio.

Se tiende a pensar en el lenguaje como en el cotidiano intercambio de frases y en un medio de comunicación entre los seres humanos que, a partir de signos orales y escritos, poseen un significado útil para relacionarse con los demás. Sin embargo, en su sentido más amplio, se trata de un proceso mucho más complejo en el que intervienen una gran cantidad de actividades mentales. Desde luego, las propias del lenguaje hablado, como reconocer las palabras dentro de la cadena sonora, determinar su significado en un contexto de la oración que forman, identificar el nivel de significado o significados de la frase, y formular una respuesta.

No obstante, limitar al lenguaje a una simple combinación de palabras es muy superficial, incluso si se agrega el contexto cultural. De hecho, las formas no verbales de comunicación entre los seres vivos incluyen luces, imágenes, sonidos, gestos, colores, olores y más. Los animales tienen diferentes maneras de hacerse llegar los mensajes sin un lenguaje oral. Los pájaros, los delfines, los insectos, no hablan en sentido estricto entre ellos, por ejemplo, aunque se comunican. Ellos saben si otro animal va a atacarlos, si una planta es venenosa o si una hembra está lista para aparearse porque reciben las señales y las decodifican.

Por lo tanto, lo que viene preconfigurado desde el nacimiento es la capacidad de comunicarse. Pero a través de un proceso que se asemeja más al funcionamiento de un sentido (como la vista o el olfato), que al idioma, que es más parecido a una tecnología, algo inventado por la cultura. Como la escritura, lo que hace el idioma es segmentar una porción de lo que se está comunicando para codificarlo en un mensaje restringido.

Esto se ha estudiado mucho, se sabe que el mensaje hablado es sólo una parte pequeña de la comunicación. Por ejemplo, en una charla hay muchos elementos que enriquecen la comunicación entre dos personas y que van más allá del intercambio de palabras y frases. Tal es el caso de las inflexiones de la voz, los gestos, las señales, los movimientos involuntarios del cuerpo, etcétera.
El pequeño salvaje. Película basada en la historia de un niño encontrado en el sur de Francia en el Siglo XVIII
El pequeño salvaje. Película basada en la historia de un niño encontrado en el sur de Francia en el Siglo XVIII
El lenguaje holístico

Hasta aquí podemos afirmar que la comunicación parlante no es inherente al Hombre. Aunque siempre existió la comunicación, el lenguaje tal como se lo conoce hoy, creció y se desarrolló a la par de la civilización. En el estado natural original los seres se comunicaban entre sí y con la naturaleza. No había diferencias entre el lenguaje humano y el medio de comunicación del resto de las especies animales. El hombre, al individualizarse y volverse cultural, perdió esa capacidad. Pero la cuestión no es tan simple.

Al respecto, el Catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, Francisco J. Rubia, explica en un reportaje cómo era el lenguaje del hombre pre-cultural: “Antes de que surgiera la conciencia dualista el hombre se encontraba en el paraíso de la conciencia holística en donde los contrarios no existían, en el ‘océano primordial’ origen del cosmos en la mayoría de los mitos, que se interpreta como una unidad/totalidad. Es de suponer que esta Unidad, que también puede aparecer como paraíso, corresponda, desde el punto de vista neurofisiológico, al hemisferio derecho, unido estrechamente al sistema límbico o sistema base de las emociones y afectos. El despertar a la conciencia, por tanto, hace que el hombre tenga nostalgia de esa unidad o paraíso perdido y quiera volver a él. Casi todas las religiones tienen como meta la unión con la divinidad, con el Uno, al final de la vida. El retorno al paraíso es, lógicamente, una tendencia muy humana y supondría la resistencia al desarrollo impuesto por la evolución. Es la negación de la realidad como intento de regresión a épocas pretéritas más felices”.

Y en su artículo “El pensamiento dualista” agrega: “La conciencia del hombre primitivo se asemeja más a la que aparece en los sueños, distinta de la del hombre moderno despierto. Es por esto por lo que el hombre primitivo no diferencia entre el sueño y la realidad, ambos constituyen un ‘continuum’. Habría que decir que no es que el hombre primitivo no sepa distinguir entre el sueño y la realidad, sino que ambos estados, el sueño y la realidad emotiva son productos de las mismas estructuras y por lo tanto sujetos a las mismas leyes, lo que le impide hacer diferencias entre ellos (…). También la separación entre el alma y el cuerpo sería moderna. El hombre primitivo no las diferencia en absoluto, al contrario, ambos forman una unidad mística indiferenciada”. Y llega a una osada conclusión: “Quizá espacio y tiempo sean las gafas con que el cerebro mira la realidad. ¡Un filtro construido por el cerebro! Quizá el cerebro nos restrinja lo real, cosa útil para sobrevivir como especie. Y, en el éxtasis místico, ¡el cerebro se quita un ratito esas gafas, ese filtro!”
Y ahora entra en juego la “variable Dios”, la última de las pistas.

Experiencia Mística: La voz de Dios.

“¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo”.
Jorge Luis Borges, “La escritura de Dios” (El Aleph, 1949)

La historia y los textos sagrados (no sólo los cristianos) están llenos de testimonios de personas que, de manera espontánea o provocada, logran alcanzar un “estado modificado de la conciencia”. Cuando la experiencia conlleva ciertas sensaciones de de trascender lo mundano y penetrar en una dimensión espiritual se habla de éxtasis místico. Este fenómeno transcultural tiene registros en muchas sociedades y religiones diferentes.

En “Las Variedades de la Experiencia Religiosas”, William James comenta que la experiencia mística es inefable, que quienes la experimentan refieren que no puede describirse en palabras adecuadas, que debe experimentarse directamente, pues no es posible comunicarla ni transferirla a los demás. Y razona: “Por esta peculiaridad los estados místicos se parecen más a los estados afectivos que a los intelectuales”.

Muchas personalidades históricas han tenido experiencias místicas, como Vincent Van Gogh, William Bake, George Rusell, Juana de Arco, Ezequiel, San Pablo, Mahoma; Dante, Ignacio de Loyola, Bernardo de Claraval, Rumi, Jacob Bohme , Ovidio, Al-Gazzali, Ibn Arabi, Hildergard Von Bingen y el Dalai Lama, entre otros.

Y es así que diferentes autores han establecido una variedad de parámetros que debe tener la experiencia mística para ser catalogada como tal y diferenciarse de las diferentes patologías neuropsicológicas, como psicosis, epilepsia, esquizofrenia, etc. Estos parámetros, similares para las diversas culturas, religiones y épocas de la humanidad sólo marcan diferencias según la formación y historia personal de lo vivido en la historia del sujeto.

Las mismas podrían resumirse en las siguientes, de acuerdo con la clasificación del doctor Robert M. Gimello de la Universidad de Harvard:

-Sensación de unidad de todo lo existente.
-Pérdida del yo y del mundo (sujeto y objeto).
-Pérdida del sentido de la causalidad.
-Sensaciones de fuerte tono afectivo: alegría, bienaventuranza, paz, vitalidad, bienestar físico y mental.
-Sensación de estar en contacto con lo sagrado.
-Sensación de objetividad y realidad.
-Superación del dualismo y aceptación de la paradoja.
-Inefabilidad.
-Transitoriedad: dura instantes, como mucho una o dos horas.
-Cambios positivos persistentes en la actitud y conducta del sujeto.
-Cualidad noética: estados de conocimiento de intuición y verdad.
-Sensación de elevación y/o flotar en el aire.
-Referencia a la luz: fogonazos, luminosidad sostenida, presencia luminosa, fuego o calor intensos (generalmente blanca).

El psiquiatra estadounidense Arthur Deikman, de la Universidad de California, defiende la hipótesis de que los fenómenos místicos se producen a partir de una desautomatización de estructuras psicológicas que organizan, limitan, seleccionan e interpretan los estímulos perceptuales que llegan a través de los sentidos.

En otras palabras, en la experiencia mística las sensaciones son mucho más cercanas a las del niño pre-parlante, a las del hombre primitivo o las que se experimentan en el ensueño, que a las del adulto, contemporáneo en vigilia. En lenguaje llano: Dios se comunica sin palabras.

Conclusiones: El sentido “Neem”.

Limitar el concepto de comunicación humana al uso del idioma es absurdo, puesto que éste es apenas una porción del total. En ese sentido amplio se puede afirmar que sí existió un lenguaje original, previo a Babel, y que es el mismo que viene “por defecto” instalado en el cerebro de los recién nacidos. También es aquel que “hablan” los niños encontrados sin contacto con la cultura humana y que usaba el hombre primitivo. Y, no por casualidad, es el que se experimenta durante la experiencia mística.

Esta manera de comunicarse es holística, disuelve los límites entre el yo y el otro y se manifiesta como certezas instantáneas, no como el final de un proceso de decodificación de conceptos. Funciona como un sentido y a falta de nombre lo llamaremos Neem, por el árbol del paraíso.

Y tiene su lógica. En el paraíso no había mentira, algo imposible en este tipo de comunicación. Así deberían haberse comunicado Adán y Eva entre ellos, y con el resto de la Creación. Hasta que la cultura se impuso. Le pusieron nombre a todo para diferenciarlo de sí mismos y comieron del árbol del Conocimiento. Bloquearon el sentido Neem y fueron expulsados del paraíso. Tal vez si se lo recupera, se estará listo para emprender “la vuelta a casa”.  
Por Patricia Arca Mena y Gustavo Masutti Llach, desde Argentina, colaboración que agradece Tendencias de las Religiones.

Educación Para El Desarrollo de la Conciencia

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La educación debe facilitar el desarrollo de la conciencia

 

 

Junto a la comprensión y el compromiso, son las dimensiones estratégicas del aprendizaje

Estamos ante una crisis que es al mismo tiempo externa e interna. Externa en cuanto afecta a las condiciones materiales de nuestra existencia y de la vida en el planeta, e interna porque se relaciona estrechamente con nuestra naturaleza humana y nuestra forma de construir conocimiento y sentido. Y es en este punto, donde aparece de nuevo el indispensable papel que debe jugar la educación como facilitadora y promotora del desarrollo de la conciencia, la voluntad, la comprensión y el compromiso, como dimensiones estratégicas del aprendizaje y la enseñanza de condición humana. Por Juan Miguel Batalloso Navas

 

"El verdadero nombre de una educación transformadora es que sea humanizante. Será entonces liberadora en la medida que desencadene, acompañe y desafíe siempre al aprendizaje de la condición humana (…) La condición humana refiere insalvablemente al amor, que es por él y en él que nos constituimos en humanos". Alejandro Cussianovich (2007)



Dice Alain Touraine, uno de los más brillantes y comprometidos sociólogos de nuestra época recientemente galardonado, junto a Zygmunt Bauman, con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010, que en el momento actual estamos atravesando por tres crisis: la económica-financiera, la ecológica-planetaria y la política. Ésta última, se expresa cada vez con más insistencia, como incapacidad de los gobiernos nacionales y de las instituciones internacionales para hacer frente a los graves problemas de la humanidad, creyendo ingenuamente que una vez restaurados los beneficios de los bancos, todo se va a resolver. En este sentido señala algo que nos parece de extraordinaria importancia para la educación y así nos dice: «…la construcción de un nuevo tipo de sociedad, de actores y Gobiernos, depende antes que nada de nuestra conciencia (1) y de nuestra voluntad, o, más sencillamente aún, de nuestra convicción de que el riesgo de que se produzca una catástrofe es real, cercano a nosotros y de que, por tanto, tenemos que actuar necesariamente…» (TOURAINE, A.; 2010).

En la misma línea, el insigne y reconocido Zygmunt Bauman nos recuerda uno de los mensajes que más insistentemente se han ofrecido en la pasada Conferencia Internacional celebrada en Fortaleza (2) y así nos dice que vivimos en un mundo, «…donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre, en el que estamos destinados a intentar, una y otra vez y siempre de forma inconclusa, comprendernos a nosotros mismos y comprender a los demás, destinados a comunicar y de ese modo, a vivir el uno con y para el otro…» (BAUMAN, Z.; 2010).

Estamos pues ante una crisis que es al mismo tiempo externa e interna. Externa en cuanto afecta a las condiciones materiales de nuestra existencia y de la vida en el planeta, e interna porque se relaciona estrechamente con nuestra naturaleza humana y nuestra forma de construir conocimiento y sentido. Y es en este punto, donde aparece de nuevo el indispensable papel que debe jugar la educación como facilitadora y promotora del desarrollo de la conciencia, la voluntad, la comprensión y el compromiso, como dimensiones estratégicas del aprendizaje y la enseñanza de condición humana.

Sin embargo la educación también continúa en crisis, una crisis de la que ya nos alertó Iván Illich hace más de cuarenta años, cuando nos mostraba la extraordinaria y alienante confusión entre "escolarización" y "educación" (ILLICH, I.; 1974). Y es que los sistemas educativos de nuestro tiempo han alcanzado tal grado de burocratización y tecnologización al ritmo de la expansión de los mercados, que difícilmente podemos encontrar ya en ellos algo diferente a saberes puramente utilitarios y/o adaptativos. Pero además, porque dichos sistemas supuestamente educativos, están más preocupados y ocupados en vender acreditaciones y proporcionar competencias y habilidades profesionales, que en crear las condiciones y mediaciones necesarias para que cada ser humano conquiste de forma original y autónoma su propia humanidad.

¿Qué queda dentro de nuestro ser, cuando después de haber pasado toda una vida entera en las aulas, nos damos cuenta de que toda la información y el supuesto conocimiento recibido y legitimado socialmente, únicamente tiene un valor de cambio perecedero y caduco? ¿Qué recordamos de nuestra experiencia escolar y académica como más valioso para nuestras vidas? ¿O es que nuestro paso por las escuelas y universidades no es más que una liturgia y un obligado requisito para sobrevivir en una sociedad de mercado en las que ganancia, apropiación, desigualdad y consumo ilimitado, siguen siendo de una y mil formas su fin y su medio? ¿Qué nos han aportado nuestros estudios y certificaciones al conocimiento de nosotros mismos y nuestras vinculaciones y conexiones con la sociedad y la naturaleza? ¿No será que el conocimiento adquirido y construido se ha quedado hipertrofiado y nada nuevo somos capaces ya de generar, como no sea en términos de mayor burocratización y mercantilización? ¿Es que acaso nuestras instituciones académicas y escuelas consiguen los resultados esperados que declaran en sus siempre paradisiacas visiones, misiones y valores? ¿No será que nuestra simplificadora y disciplinaria mente escolarizada es incapaz de concebir nuevas formas de pensar, sentir y hacer educación? ¿O no será que la educación amplia y formalmente entendida es un fenómeno que sucede fuera de las aulas y en los márgenes de éstas? ¿O es que lo que entendemos por educación no es más que una sofisticada y costosa superestructura institucional que legitima, garantiza y reproduce un modo de producción inhumano e insostenible?


La fragmentación de los problemas impide su diagnóstico y solución

A estas alturas del siglo XXI es hora ya de hacer frente a tanto discurso de reforma e innovación educativas, que bajo su apariencia de neutralidad y realismo económico estimulador de productividad y competitividad, o bajo un supuesto fondo ético de una mal llamada e incoherente "educación en valores" (3), nos va enajenando de nuestro natural e interminable proceso de hominización-humanización (4) . Y son precisamente estos discursos que naturalizan y legitiman separaciones y dualidades (teoría-práctica, medios-fines, enseñanza-aprendizaje, profesor-alumno, razón-emoción, pensante-ejecutante, dirigentes-dirigidos, crecimiento-desarrollo…) los que al compartimentar y fragmentar los saberes legitimando las disyunciones, simplificaciones y exclusiones, no sólo promueven errores, ilusiones y cegueras del conocimiento (MORIN, E.; 1999), sino que obstaculizan e impiden tanto el diagnóstico de los problemas, como su solución.

Si los problemas más importantes de la vida, de la humanidad, del planeta y de las personas como sujetos individuales y colectivos, son siempre globales, contextuales y relacionales, necesariamente tendremos que buscar y encontrar estrategias, procedimientos, métodos y acciones que nos permitan contextualizar, relacionar, vincular, conectar y religar saberes, conocimientos y disciplinas. Y es a la educación y especialmente a todas sus instituciones formales e informales, privadas o públicas, presenciales o virtuales, a las que corresponde asumir la responsabilidad de construir una «ecología de los saberes» (5) tomando como fin y como medio el aprendizaje y la enseñanza de la condición humana, ya que de lo contrario, difícilmente podremos poner de manifiesto en lo cotidiano y en lo concreto que otro mundo es realmente necesario y posible.

 

Enseñar la condición humana requiere autoaprendizaje, compromiso y experiencias vitales

No se trata pues, de volver por las viejas sendas del pensamiento disciplinar, curricular y organizativo que alimenta nuestra mentalidad escolar, como tampoco de creer que hemos de inventar un nuevo precepto enseñando a los demás a vivir como si los profesionales especializados en educación o los funcionarios docentes fuesen realmente sabios en esta materia. De lo que se trata más bien, es de saber combinar complejamente las necesidades y problemas materiales de existencia de nuestros contextos locales y globales, junto a la imprescindible e indelegable tarea de aprender a vivir de forma autónoma sin necesidad de que nadie nos lo prescriba en forma de recetas académicas o de inculcación ideológica.

¿Realmente es posible enseñar la condición humana a partir de una mente escolarizada y curricularizada que únicamente ve disciplinas, exámenes y acreditaciones en todos los lugares? ¿Cómo habilitar contenidos, espacios, tiempos, recursos y condiciones para una enseñanza tan básica y fundamental para nuestra vida? ¿Podremos enseñarla en el marco de la relación profesor-alumno o habrá que comprender y asumir radicalmente aquel siempre nuevo principio que Paulo Freire nos legó de que nadie realmente educa a nadie y que todos nos educamos en comunión? (6) ¿Y qué significa esto en términos concretos? ¿Habrá que romper los estrechos, formales y reglamentados límites de las escuelas para que sea la sociedad entera la que asuma la responsabilidad de educar?

Tal vez nuestros discursos y declaraciones nos hacen tan prepotentes, que a menudo olvidamos que en lo más sencillo, en lo más humilde e insignificante puede siempre brillar la luz del más valioso y fructífero de los aprendizajes. Y no se trata aquí de simplificar o de reducir a recetas didácticas o a medidas curriculares todo lo que pensamos como deseable, sino más bien de comprender que el campo de los aprendizajes auténticamente transcendentes para la vida y para el desarrollo pleno de nuestra humanidad está todavía sin explorar lo suficiente. Es necesario pues incorporar como educadoras y educadores, no sólo a cualquier persona que nos muestra con su conducta el sentido de su vida, sino también a la Naturaleza entera de la que formamos parte.

Visto así, queda claro al menos, que es imposible enseñar la condición humana en el sentido escolarizado y burocrático al que estamos acostumbrados y queda claro también la absoluta imposibilidad de enseñar nada de nuestra condición si no estamos profundamente implicados en su aprendizaje. Enseñar la condición humana es por tanto, no un proceso de transmisión, ni de ejercicio de conductas testimoniales siquiera, sino más bien un proceso de autoaprendizaje, de compromiso y de experiencias vitales con todo aquello que forma parte de nuestra compleja y contradictoria naturaleza. De aquí por ejemplo, que no podamos entender dicha enseñanza-aprendizaje sin el reconocimiento del otro como legítimo otro, sin la aparición y el desarrollo de procesos afectivos y amorosos que son al mismo tiempo dialógicos, interactivos y auto-eco-organizadores.


Extracto del artículo "Educación y condición humana" de Juan Miguel Batalloso Navas, los interesados en la lectura completa pueden bajarse el PDF al pié del artículo.


Notas

(1) Los subrayados son nuestros.

( 2) "Los siete saberes de la educación para el presente". Conferencia internacional. Fortaleza (Ceará-Brasil) 21-24 de septiembre de 2010.

(3) Mal llamada porque cualquier hecho o fenómeno educativo se funda, se realiza y se desarrolla siempre en función de valores, ya sean estos económicos, sociales, políticos, éticos, estéticos, noéticos o de cualquier otra índole. E incoherente porque la “educación en valores” como finalidad y/o contenido explícito y/o declarado de la educación o bien es contradictoria con las prácticas organizativas, curriculares y docentes más generalizadas, o sencillamente la importancia y el lugar real que ocupa en la vida cotidiana de la mayoría de las aulas, es puramente testimonial.

(4) «..La importancia de la hominización es capital para la educación de la condición humana porque ella nos muestra como animalidad y humanidad constituyen juntas nuestra humana condición (…) La hominización desemboca en un nuevo comienzo. El homínido se humaniza. Desde allí, el concepto de hombre tiene un doble principio: un principio biofísico y uno psicosociocultural, ambos principios se remiten el uno al otro (…) Los individuos permanecen integrados en el desarrollo mutuo de los términos de la triada individuo  sociedad  especie. No tenemos las llaves que abran las puertas de un futuro mejor. No conocemos un camino trazado. “El camino se hace al andar” (Antonio Machado). Pero podemos emprender nuestras finalidades : la continuación de la hominización en humanización, vía ascenso a la ciudadanía terrestre…» (MORIN, E.; 1999).

(5)«…La ecología de los saberes se refiere a la existencia de conocimientos plurales, a la importancia del diálogo entre saber científico y humanístico, entre el saber académico y el saber popular proveniente de otras culturas y a la necesidad de confrontar el conocimiento científico con otros tipos de conocimientos de la humanidad. Mas, para ello, necesitamos de un pensamiento complejo ecologizante capaz de religar estos saberes diferentes tanto como las diferentes dimensiones de la vida...» (MORAES, Maria C.; 2008: 22).

(6) «…El educador ya no es sólo el que educa sino aquel, que en tanto educa, es educado a través del diálogo con el educando, quien, al ser educado, también educa. Ahora ya nadie educa a nadie, así como tampoco nadie se educa a sí mismo, los hombres se educan en comunión, mediatizados por el mundo…» (FREIRE, P.; 1975: 90).



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educacion_y_condicion_humana.pdf Educación y condición humana.pdf  (760.98 Kb)

Cómo Se Puede Hacer Frente A Una Catástrofe Sicológicamente

Si se tienen en cuenta todos los estudios que hablan de una capacidad de transformación sicológica con la espiritualidad, está claro que la capacidad de resilencia ante los desastres aumenta con la Fe en el Amor Infinito.

 

La resiliencia psicológica individual, clave para superar un desastre

Un informe determina por qué algunas personas se recuperan más fácilmente después de una tragedia.

Los desastres, tanto naturales como ocasionados por la acción humana, pueden producirse en cualquier parte, y a menudo sin previo aviso. ¿Qué ocurre después de estos eventos? ¿Cómo afrontan estas situaciones las personas que las han padecido? Un reciente informe elaborado por especialistas de diversas universidades ha revelado que la mayoría de las personas que pasan por una experiencia de este tipo consigue recuperar su salud mental al cabo del tiempo, gracias a la llamada resiliencia psicológica. Pero, para que esta recuperación sea posible, se requieren intervenciones especializadas de ayuda, enfocadas no sólo al individuo sino también a la comunidad. Por Yaiza Martínez.

 


Terremoto en Haití, 2010. Imagen de Puerto Príncipe. Foto: UN Photo/Logan Abassi. UNDP Global.
Terremoto en Haití, 2010. Imagen de Puerto Príncipe. Foto: UN Photo/Logan Abassi. UNDP Global.
Los desastres, tanto naturales como ocasionados por la acción humana, pueden producirse en cualquier parte, y a menudo sin previo aviso. Pero, ¿qué ocurre después? ¿Cómo afrontan estas situaciones las personas que las han padecido?

En un informe reciente publicado por la revista Psychological Science in the Public Interest, de la Association for Psychological Science (aps) estadounidense, científicos la Universidad de Columbia y de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, del University College London, y de la Universidad Opole de Polonia, han revisado los efectos psicológicos de los desastres, y las razones por las que a algunas personas les cuesta más recuperarse de estas experiencias que a otras.

A partir de esta información, los científicos analizan las líneas de actuación más efectivas para ayudar a superar estas situaciones. Los desastres fueron definidos en este caso como aquéllos eventos que causan un daño arrollador, penurias o muertes a uno o más estratos de la sociedad. Estas situaciones se producen a menudo rápidamente, pero cuesta años recuperarse de ellas.

Resiliencia general

En general, explican los investigadores en un comunicado de la aps, los individuos que han sufrido un desastre experimentan diversos problemas psicológicos, como trastorno por estrés postraumático (TEPT), ansiedad, abuso de sustancias, suicidio o ideas de suicidio, pena prolongada, etc.

Curiosamente, sin embargo, las evidencias recopiladas hasta ahora demuestran que menos del 30% de los adultos que han vivido estas situaciones sufren problemas psicológicos severos duraderos.

Por el contrario, la mayoría de la gente que se enfrenta a algún desastre pasa una fase de estrés y desasosiego, pero después recupera su salud mental (en unos meses o en entre uno y dos años). En otras palabras: las víctimas de desastres tienden a ser psicológicamente resilientes.

La resiliencia, en psicología, hace referencia a la capacidad de las personas para sobreponerse a periodos de dolor emocional y traumas. Cuando un sujeto o grupo es capaz de llevar a cabo esta superación, se dice que tiene una resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos e incluso resultar fortalecido por los mismos.

Factores condicionantes

Pero ¿por qué hay personas que reaccionan de una manera y personas que lo hacen de otra forma?, se preguntan los investigadores.

Al parecer, hay diversos factores que influyen en cómo reacciona la gente después de un desastre, como la edad o el estatus socioeconómico. Así, por ejemplo, los niños reaccionan ante los desastres de manera distinta a los adultos: inicialmente tienden a mostrar más estrés psicológico extremo que los adultos supervivientes, pero estos problemas psicológicos a menudo son sólo temporales.

Los ancianos, por su parte, tienden a sobreponerse a los desastre con un coste psicológico menor que los adultos jóvenes. Entre éstos, los síntomas psicológicos graves son comunes en los primeros meses después de un desastre de gran impacto.
Huracán. Fuente: Wikimedia Commons.
Huracán. Fuente: Wikimedia Commons.
Por otro lado, los recursos económicos también jugarían un papel importante en la superación de los desastres: un estatus socioeconómico bajo está regularmente identificado como pronosticador del trastorno por estrés postraumático.

Una de las razones es obvia: en las regiones económicamente subdesarrolladas, la carencia de infraestructuras obstaculiza las respuestas de los equipos de emergencia para proporcionar ayuda. En estas zonas, por tanto, el número de víctimas tras los desastres tiende a ser mayor que en los países ricos.

Otros factores condicionantes del tipo de respuesta psicológica a los desastres sería el grado de variación que provocan en el contexto en que éstos se producen, el grado de proximidad a ellos o de secuelas que han dejado, y la personalidad de las personas que los han padecido (sus niveles previos de neurosis, tendencia a la obsesión, etc.), explican los investigadores en su artículo.

¿Cómo ayudar?

Conocer bien las consecuencias de los desastres en la población sirve para desarrollar políticas de intervención más adecuadas. La parte final del presente informe está destinada precisamente a responder a la siguiente pregunta: ¿cómo puede ayudarse a los supervivientes de un desastre, de la manera más efectiva?

La intervención psicológica más común inmediatamente después de un desastre consiste en una sola sesión, conocida como “control de estrés por incidente crítico” (CISD, por sus siglas en inglés), explican los investigadores.

Pero, según ellos, aunque este sistema está muy extendido, no existen demasiadas pruebas de su eficiencia, y múltiples estudios sugieren que en realidad podría resultar psicológicamente nocivo.

Formas menos intrusivas de ayuda psicológica inmediata, en cambio, sí podrían resultar más útiles. Es el caso de la técnica de “primera ayuda psicológica”, enfocada en aportar ayuda práctica a los supervivientes y a promover su sentimiento de seguridad, calma, conexión con otros, autoeficacia y eficacia de la comunidad, y esperanza.

Los científicos señalan que esta técnica, que además permite identificar a los individuos que en algún momento después del desastre podrían requerir de una asistencia más intensiva, resulta prometedora, pero que aún se necesitan más estudios sobre ella para evaluar su efectividad.

En general, investigaciones realizadas sugieren que las intervenciones psicológicas después de los desastres pueden ser más efectivas durante periodos de recuperación cortos y largos (de entre un mes y varios años después del desastre), especialmente cuando se combinan con el control de los individuos con riesgo de padecer trastornos psicológicos severos.

En cuanto a otro tipo de intervenciones, los autores del informe señalan que la capacidad colectiva e individual de vencer las adversidades compartidas radicaría en la sensación de sentirse respaldado, en la cohesión social y en la cooperación.

Según los investigadores, en estas situaciones resulta crucial el sentimiento de pertenencia a un grupo social apreciado o a una comunidad. Por tanto, en estos casos resultarían importantes las intervenciones sensibles y conscientes, diseñadas a movilizar, mantener y mejorar los recursos de la comunidad y su cohesión.

La Mujer Es Más Sensible y Activa A Vivir Y Proteger La Naturaleza

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Es parte de los estudios científicos relacionados con el  ecofeminismo o, mejor dicho, panfeminismo (aunque la palabra correcta es femiyismo, ya que feminino viene de Fe-Minus, la de Fe Menor -término creado por Santo Tomás de Aquino- mientras que por los estudios y para el efecto, la mujer en realidad es "Femeyina" o en su raiz latina Fe-Maior, la de Fe Mayor en su conexión con la naturaleza)

 

Alejandro Sánchez

 

 

 

 

La mujer tiene una conexión única con la naturaleza

Esta relación puede perderse bajo la presión de los estereotipos, pero también fomentarse a través de los mitos o de la maternidad, publica Ecopsychology

La revista Ecopsychology, especializada en el análisis de la relación entre el medioambiente y el bienestar y la salud mentales, ha dedicado recientemente un monográfico a la relación entre las mujeres y la naturaleza. En él, investigadores de diversas universidades estadounidenses afirman que las mujeres, en general, tienen una conexión con la naturaleza distinta a la que tienen los hombres. Esta conexión puede perderse si las mujeres se sienten presionadas por estereotipos de belleza, advierten los autores, pero también fomentarse en otras situaciones, como la maternidad. Por Yaiza Martínez.

 


Photoxpress.
Photoxpress.
La revista Ecopsychology, especializada en el análisis de la relación entre el medioambiente y el bienestar y la salud mentales, ha dedicado recientemente un monográfico (de libre acceso en Internet) a la reflexión sobre la relación entre las mujeres y la naturaleza.

Según Eurekalert, partiendo de la idea de que las mujeres experimentan su entorno natural e interactúan con éste de manera distinta a los hombres, el monográfico analiza la forma en que estas diferencias afectan al autoconcepto de las mujeres, a su imagen corporal, y a la actitud femenina hacia la preservación y protección del medioambiente.

Las editoras del monográfico han sido la psicólogo social Britain Scott, de la Universidad de St. Thomas, y Lisa Lynch, de la Antioch University, ambas en Estados Unidos. El trabajo presenta una colección de artículos que comprenden observaciones y teorías sobre cómo el sexo femenino, la maternidad, la naturaleza humana y la influencia de las normas sociales basadas en el género influyen en la autopercepción de las mujeres, y en su comportamiento hacia el medioambiente.

Belleza y ecología

En uno de los artículos, Scott explica cómo las normas culturales que fomentan la visión de las mujeres como objetos sexuales propician que las mujeres se preocupen por su aspecto y sean, generalmente, críticas con sus cuerpos.

En última instancia, afirma Scott, este sentimiento de las mujeres hacia sí mismas, provocado por los ideales de belleza, tiene un impacto negativo en la actitud de las mujeres hacia el medioambiente, y en su capacidad de conectar con éste.

Scott escribe: “la conexión con la naturaleza (CN) hace referencia a la medida en que la percepción del yo individual incluye la conciencia de uno mismo o de una misma como parte del mundo natural. La CN está relacionada positivamente con un comportamiento y una actitud a favor del medioambiente”.

Esta idea viene respaldada por dos estudios y un experimento en los que se constató que el sentimiento de ser un objeto sexual y la interiorización del ideal femenino de belleza degradan la conexión de las mujeres con la naturaleza: la perturbación de la relación con su propio cuerpo conlleva una desconexión con el mundo natural y, como resultado, un comportamiento menos ecológico, explica la psicólogo.

Instinto maternal, preservación ambiental

En el sentido contrario, en otro artículo, escrito por la psicólogo Kari Hennigan, del Institute of Transpersonal Psychology, se sugiere que las mujeres que pasan tiempo en entornos naturales e interactúan con éstos son más propicias a tener una mejor imagen de su cuerpo, y a distanciarse de las definiciones sociales de belleza.

Por otro lado, en otro de los artículos del monográfico de Ecopsychology, la psicólogo Susan Logsdon-Conradsen y la antropóloga Sarah Allred, del Berry College de Estados Unidos, describen el concepto de “activismo medioambiental materno”, basado en la suposición de que el instinto maternal se extiende al deseo de proteger y preservar el medioambiente, para mantenerlo para la descendencia.
Britain Scott. Fuente: Universidad de St. Thomas.
Britain Scott. Fuente: Universidad de St. Thomas.
Según escriben las autoras, el artículo presenta “un marco para la comprensión de una causa del activismo medioambiental poco analizada: la maternidad”. El activismo materno emergería de la identificación de la mujer con su rol de madre y de las responsabilidades que la mujer asigna a este papel social.

La maternidad es considerada así por las investigadoras como “un estímulo particular” enfocado hacia el cuidado y preservación de la naturaleza, que propicia el activismo medioambiental.

Recuperar la conexión con la Tierra

En el trabajo, publicado en Ecopsychology por psicólogos y sociólogos de la Colorado State University y de la Pennsylvania State University-Abington, se indica que las investigaciones sobre las diferencias entre sexos relacionadas con los valores y actitudes hacia el medioambiente, a menudo han constatado que las mujeres presentan valores y actitudes más pro-medioambientales, y que realizan actividades más implicadas con la naturaleza que los hombres.

Estos investigadores analizaron el papel de la “motivación por placer sensorial” (MSP), una disposición individual con la que se mide la necesidad humana de buscar y disfrutar experiencias relacionadas con la naturaleza a través de los sentidos, como posible causa de estas diferencias.

En este sentido, una comparación realizada en grupos de estudiantes universitarios (200 mujeres y 190 hombres), reveló que las mujeres puntuaban más alto en MSP en actividades en la naturaleza (paseos, visitas a entornos naturales, etc.) Por esta razón, explican los científicos, estarían “más motivadas para implicarse con la naturaleza en conjunto”.

Por último, en este especial de Ecopsychology, Gwenaël Salha, del Pacifica Graduate Institute de California, propone la revisión de un mito sumerio de 4.000 años de antigüedad, el de Inanna (diosa del amor, de la fertilidad y de la guerra), para ayudarnos a afrontar y superar la separación entre la Tierra y sus habitantes.

Desde una perspectiva ecopsicológica, explica Salha, “Inanna es sanada y salvada de una experiencia en el inframundo (al que decidió descender para enfrentarse a su hermana y deidad opuesta, Ereshkigal) a través de su conexión con la Tierra y con su comunidad”.

Este mito, por tanto, puede ser usado por ecopsicólogos y terapeutas como base para el fomento de la comunicación positiva en las crisis de pareja o familiares (comunidad), pero también como base para mejorar y restablecer nuestra relación positiva con la Tierra.
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