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Las Creencias Religiosas Pueden Ayudar A Preservar La Naturaleza

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Las creencias religiosas pueden ayudar a la conservación de la biodiversidad

Una investigación británica mide el impacto de la religión en los comportamientos medioambientales.

 

La reverencia antigua hacia el medioambiente presente en la religión y la cultura es una fuerza muy poderosa capaz de detener la destrucción de la biodiversidad, según una investigación de la Universidad de Kent que se desarrolla en Sumatra, el norte y centro de África y Etiopía. La investigación pretende demostrar que la conservación de los recursos naturales puede beneficiarse de la integración de conceptos religiosos y de fórmulas de conservación tradicionales en planes de gestión convencionales y estrategias de preservación de la naturaleza. Por Yaiza Martínez.

 


La agricultura tradicional se basa en creencias y tradiciones en Sumatra. Foto: Universidad de Kent.
La agricultura tradicional se basa en creencias y tradiciones en Sumatra. Foto: Universidad de Kent.
El interés ético y práctico por la conservación de la biodiversidad puede encontrarse dentro de grandes religiones como el Islam, y también en las creencias y prácticas culturales tradicionales de las comunidades humanas más pequeñas.

Con la intención de conocer y fomentar estas prácticas ecológicas, Stuart Harrop, director del Institute of Conservation and Ecology (DICE) de la Universidad de Kent, en el Reino Unido, se ha embarcado en tres proyectos que se desarrollan en tres puntos del planeta.

Con ellos, el científico y sus colaboradores tratan de medir y comprender el impacto potencial de la ética, las religiones y las culturas locales en la ecología de estas zonas.

Proyecto en Sumatra

El primero de estos proyectos fue fundado en 2007 por la Iniciativa Darwin del Reino Unido. En él, Harrop y sus colaboradores están examinando la relación entre la preservación ecológica y el Islam en la isla indonesia de Sumatra, al mismo tiempo que tratan de aumentar la conciencia de las enseñanzas ecológicas del Islam en la región.

Según publica la Universidad de Kent en un artículo, con este fin, los investigadores están colaborando con los líderes islamistas y con institutos religiosos islámicos de la zona. Los científicos intentan así mejorar la subsistencia de la población local fomentando el uso sostenible de los recursos naturales y desarrollar un innovador modelo de conservación de la naturaleza.

La importancia de este proyecto en Indonesia radica en que este archipiélago contiene alrededor del 10% de todos los bosques tropicales del mundo. Su conservación es, por tanto, clave para la protección de la biodiversidad terrestre.

Sin embargo, Indonesia sufre una de las mayores tasas de deforestación del planeta, una situación que presenta pocos visos de cambio.

Por otra parte, Indonesia, con una cultura tradicional muy diversa, también cuenta con la mayor población musulmana del mundo, que tiene una fuerte influencia en la vida cotidiana de la zona.

Detener la destrucción de la biodiversidad

Por suerte, las filosofías musulmanas apoyan la conservación de la biodiversidad de varias maneras. Según explica Harrop en una nota de la universidad de Kent, en el Corán hay diversos principios clave (Tauhid, Khalifah, Mizan y Fitrah) que defienden la preservación de la naturaleza y delinean el papel humano en la conservación de los recursos naturales.
Stuart Harrop. Fuente: Universidad de Kent.
Stuart Harrop. Fuente: Universidad de Kent.
Además, tres sistemas de gestión del uso de las tierras de Sumatra aplican principios musulmanes conservacionistas: el sistema Hima o de gestión de zonas, establecido para un uso sostenible de los recursos naturales; el sistema Harim o de santuarios inviolables, que se aplica a la protección de los recursos acuáticos y sus servicios; y el sistema Ihya Al-Mawat, que promueve el reavivamiento de tierras abandonadas para hacerlas productivas.

Harrop explica que el objetivo es poner en práctica un programa de integración comunitaria basado en la fe, para fortalecer e integrar estos sistemas religiosos de gestión en un sistema tradicional legalmente reconocido (nagari), que comprende a diversos pueblos.

Aunque aún es pronto para proporcionar evidencias del impacto potencial en la naturaleza de estos sistemas basados en creencias religiosas, Harrop señala el apoyo positivo al proyecto en Sumatra: “lo que sugiere que la reverencia antigua hacia el medioambiente presente en la religión y la cultura es una fuerza muy poderosa capaz de detener la destrucción de la biodiversidad”.

Otros proyectos

La segunda iniciativa de Harrop ha sido fundada por el Economic & Social Research Council / Natural Environment Research Council Interdisciplinary Studentship Scheme (ESCR / NERC), del Reino Unido, y está destinada a examinar la relación entre cultura, lugares sagrados y la migración de las aves en el norte y centro de África.

Un tercer proyecto, financiado por el Christensen Fund, analiza el papel de los lugares forestales sagrados situados en el sudoeste de Etiopía en la conservación de los bosques.

Con estas tres iniciativas, Stuart Harrop pretende demostrar que la conservación de los recursos naturales puede beneficiarse de la integración de conceptos religiosos clave y de fórmulas de conservación tradicionales en planes de gestión convencionales y estrategias de preservación de la naturaleza, al mismo tiempo que las poblaciones locales se benefician de convertir la conservación en algo relevante para ellas.

Otro estudio que ha relacionado en los últimos tiempos la religiosidad con la gestión de recursos naturales fue el realizado por antropólogos de la Universidad Autónoma de Barcelona, acerca de los amazig o bereberes del Alto Atlas de Marruecos.

En este caso, la investigación realizada reveló que las creencias religiosas favorecen la gestión sostenible de los terrenos y que la pérdida de dichas creencias o la desaparición de ciertas tradiciones está ocasionando en la región analizada una gestión más individualista, basada en el provecho inmediato.

Según los investigadores catalanes, los resultados obtenidos en el Alto Atlas de Marruecos sugieren que las creencias religiosas deberían añadirse a la lista de factores que condicionan la explotación de los recursos naturales y, por tanto, deben tenerse en consideración a la hora de desarrollar estrategias que garanticen la continuidad de dichos recursos.

Los Matrimonios Que Se Ayudan A Crecer Son Las Más Permanentes

 

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Está claro que el verdadero crecimiento psicológico y vivencial se da a través de la espiritualidad reflexiva (progresista) que lleva hacia actividades creativas (artísticas, solidarias, comunitarias, etc.) y satisfactorias. En otros estudios se ha notado que esto tiene que ver con la Fe y la espiritualidad. Es en ese contexto de estudios que se entiendo más lo concluido por los investigadores.

 

Los matrimonios más felices son los que ayudan a crecer

 

 

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La auto-expansión dentro de la pareja garantiza la perdurabilidad del amor, afirman dos psicólogos estadounidenses.

Durante siglos, el matrimonio fue visto como una institución económica y social, en el que las necesidades intelectuales y emocionales de sus miembros no eran importantes para la supervivencia del matrimonio en sí mismo. Pero, en las relaciones actuales, la gente busca una pareja que le ayude a desarrollarse y a crecer. Esto es lo que afirman dos psicólogos estadounidenses especializados en el estudio del amor. Según ellos, las parejas que potencian la auto-expansión de sus miembros son las que más garantías tienen de perdurar y ser felices. Por el contrario, las personas que no ven su pareja como una fuente de crecimiento y de bienestar son las más propensas a ser infieles. Por Yaiza Martínez.

 

Fuente: Stock Photo.
Fuente: Stock Photo.
Un matrimonio duradero no siempre es un matrimonio feliz. Muchas parejas desgraciadas se mantienen unidas por los hijos, sus creencias religiosas u otras razones prácticas. Pero en la actualidad, muchas personas no se conforman sólo con estar con su pareja, sino que buscan una relación que tenga sentido y resulte satisfactoria.

Durante siglos, el matrimonio fue visto como una institución económica y social, en el que las necesidades intelectuales y emocionales de sus miembros no eran importantes para la supervivencia del matrimonio en sí mismo. Pero, en las relaciones modernas, la gente busca una pareja que, en definitiva, haga su vida más interesante.
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Satisfacción y compromiso

Esto es lo que señala el psicólogo Arthur Aron, de la Stony Brook University de Nueva York, que lleva años estudiando el amor. Ya hablamos de él anteriormente en Tendencias21, a raíz de un estudio realizado por Aron y otros investigadores, en el que se demostró que el amor produce el mismo efecto analgésico que los calmantes.

Recientemente, el New York Times ha dedicado un artículo sobre los últimos trabajos realizados sobre las parejas modernas por Arthur Aron, en colaboración con el psicólogo de la Universidad Monmouth de Nueva Jersey, Gary W. Lewandowski Jr.

Ambos investigadores han estudiado la manera en que, actualmente, los individuos utilizan sus relaciones de pareja para acumular conocimientos y experiencias, siguiendo un proceso llamado “auto-expansión”.

Sus investigaciones han demostrado que, cuanto mayor sea la experiencia de “auto-expansión” que una persona pueda experimentar con su pareja, más satisfecha y comprometida estará dicha persona con su relación.
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Crecer y ayudar a crecer

Para medir el grado de auto-expansión de cada individuo en su pareja, Lewandowski ha desarrollado un cuestionario específico, que contiene cuestiones como: “¿cuánto tiempo del que has pasado con tu pareja te ha llevado a aprender cosas nuevas?, ¿hasta qué punto conocer a tu pareja te ha hecho mejor persona? o ¿hasta qué punto tu pareja te ha ayudado a mejorar tus capacidades para hacer ciertas cosas? etc.

Según él, las respuestas obtenidas han revelado que la auto-expansión es, en la actualidad, esencial para tener una buena relación de pareja. Si tu pareja te ayuda a desarrollarte, pasa a tener una posición muy importante para ti.

Por otro lado, ser capaz de ayudar al otro miembro de pareja en su propia auto-expansión, resulta muy placentero para uno mismo.

Este concepto de auto-expansión, aunque justifica el placer que produce, por ejemplo, hacer cosas distintas a lo que normalmente hacemos, no tiene forzosamente que ver con lo “exótico”, aclaran los investigadores.

Las personas experimentan el crecimiento personal a través de sus parejas tanto con detalles como con grandes experiencias: si la pareja presenta nuevas amistades o le da a conocer sitios nuevos, etc.
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Aumentar el sí-mismo

Por otro lado, Aron explica que, cuando uno se enamora, el sí-mismo también se amplía para incluir a la pareja en el auto-concepto, asimilando repentinamente papeles sociales e identidades que anteriormente no había tenido.

Los resultados de diversas investigaciones sugieren que, por esta razón, los esposos,
con el tiempo, acaban adoptando características del otro, y les cuesta más distinguir las diferencias entre ambos.
Esto fue constatado en un experimento llevado a cabo por Aron, en el que varios participantes se evaluaron a sí mismos y a sus parejas a partir de diversas características, como “ambicioso” o “artístico”.

Una semana más tarde, los voluntarios volvieron al laboratorio. En ese momento, se les presentó de nuevo su lista y se les pidió que señalaran en ella las características que les describían. Los participantes respondieron más rápidamente a esta pregunta con aquellas características que se daban tanto en ellos como en sus parejas.

Cuando las características describían sólo a uno de los miembros de la pareja, contestaron más despacio. Este retraso, aunque duró sólo milisegundos, sugiere según los investigadores que cuando una persona se siente particularmente cerca de otra, su cerebro se vuelve más lento en la distinción entre ambos.

Los científicos señalan que este hecho no significa que las personas se pierdan a sí mismas en el matrimonio, sino que crecen porque actividades, características y comportamientos que antes de su relación no habían formado parte de su identidad, se incorporan a ésta y se convierten en una parte esencial en su experimentación de la vida.

Según Lewandowski, una cuestión esencial para tener una relación perdurable y satisfactoria es la siguiente: “si tu pareja te está ayudando a ser mejor persona, estarás más satisfecho o satisfecha, y serás más feliz en tu relación”.

Otros elementos que también resultan esenciales en este sentido son el bienestar que produce estar con otra persona o una buena auto-estima, reveló otro estudio de Arthur Aron llevado a cabo en 2009.
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Buscar alternativas

En el sentido contrario, Lewadowski y otros investigadores comprobaron, en dos estudios publicados en 2010 por el Journal of Social and Personal Relationships que los miembros de parejas con un bajo nivel de auto-expansión mostraban un mayor interés en buscar parejas alternativas.

En un estudio anterior, publicado en The Journal of Social Psychology, Lewadowski constató asimismo que la necesidad de realización y de auto-expansión dentro de una relación romántica puede predecir la propensión a ser infieles.

En este caso, fueron evaluados cinco tipos de variables de necesidad de realización (intimidad, compañerismo, sexo, seguridad e implicación emocional) y tres tipos de variables de auto-expansión (auto-expansión, inclusión del otro en uno mismo y potencial de auto-expansión) en 109 universitarios (50 hombres y 59 mujeres) con pareja.

Asimismo, se evaluó también el grado de propensión a la infidelidad en todos ellos. Tal y como los investigadores habían predicho, los resultados demostraron que cuando una relación no es capaz de cubrir ciertas necesidades o de proporcionar una gran auto-expansión al individuo, la propensión de éste hacia la infidelidad aumenta.

 

 

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Edición con más fotos: Altermediareflexiones, Alejandro Sánchez.

Todos Somos Genios En Potencia

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¿Existe un genio en cada uno de nosotros?

 

 

¿Existe un genio en cada uno de nosotros?
¿De dónde provienen las habilidades atléticas y artísticas? Con frases como "músico dotado", "atleta natural" e "inteligencia innata", desde hace tiempo hemos asumido que el talento es un atributo genético que algunos de nosotros tenemos y otros no. El escritor David Shenk* afirma que quienes piensan que los genios nacen y no se hacen podrían estar equivocados.
Redacción/ BBC Mundo
¿Existe un genio en cada uno de nosotros?
"Sólo un pequeño Cristiano Ronaldo
tenía la posibilidad de convertirse
en el Cristiano Ronaldo que
conocemos".
Nuevos estudios científicos sugieren que la fuente de las habilidades es mucho más interesante y hasta improvisada. Resulta ser que todo lo que somos proviene de un proceso evolutivo de desarrollo y ello incluye lo que obtenemos de nuestros genes.
Un siglo atrás, los genetistas consideraban a los genes como actores autómatas que repetían eternamente las mismas líneas exactamente de la misma manera, y la mayor parte del público está aún sujeto a esta idea. Sin embargo en años recientes, ha habido una dramática mejoría en el entendimiento de lo que es la herencia.
Ahora los científicos saben que los genes interactúan con su entorno, activándose y desactivándose continuamente. En efecto, los mismos genes tienen diferentes efectos dependiendo a quién le estén hablando.

Genes + circunstancias

"No existen los factores genéticos que puedan ser estudiados independientemente de su ambiente", dice Michael Meaney, profesor en la Universidad de McGill en Canadá.
"Y no hay factores ambientales que puedan ser estudiados independientemente de su genoma. (Un atributo) emerge solamente de la interacción del gen y del ambiente".
Ello significa que todo acerca de nosotros - nuestra personalidad, inteligencia y habilidades- es realmente determinado por la vida que llevamos. La noción misma de "innato" ya no se sostiene.
"En cada caso, cada individuo comienza su vida con la capacidad de desarrollarse de varias formas distintivamente diferentes", afirma Patrick Bateson, biólogo de la Universidad de Cambridge.
"Como si fuera una rocola: el individuo tiene el potencial de tocar un sinnúmero de diferentes melodías evolutivas. Cada melodía particular de desarrollo que es tocada es seleccionada por el entorno en el cual el individuo esta creciendo".
¿Significa esto que los genes no importan?
No es así. Somos todos diferentes y tenemos teóricamente diferentes tipos de potencial. Yo nunca habría podido ser Cristiano Ronaldo (futbolista). Sólo un pequeño Cristiano Ronaldo tenía la posibilidad de convertirse en el Cristiano Ronaldo que conocemos.
Pero debemos entender que Ronaldo podría haber sido una persona completamente diferente, reconocido por habilidades diferentes. Su magnificencia en el fútbol no estaba tallada en piedra.

Condenados

  
El paradigma de la inteligencia hereditaria ha perdido vigencia.


Este nuevo paradigma de desarrollo evolutivo es difícil de asimilar, considerando cuanto esfuerzo se ha puesto en persuadirnos de que cada uno de nosotros heredó una cantidad específica de inteligencia y que la mayoría de nosotros estamos condenados a ser mediocres.
La noción de grado fijo de IQ ha estado con nosotros por ya casi un siglo. Con todo y eso, el inventor original del test de IQ, Alfred Binet, tenía una opinión contrapuesta, y la ciencia ahora se demuestra a favor de Binet.

"La inteligencia representa un set de competencias en desarrollo", afirmó Robert Stemberg de la Universidad de Tuffs en Estados Unidos, en el año 2005 luego de varias décadas de estudio.
Los investigadores del talento, Mihaly Csikszentmihalyi, Kevin Rathunde y Samuel Whalen concuerdan con esta afirmación.

James Flynn, de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, ha documentado cómo los puntajes de IQ han aumentado sostenidamente a lo largo de los siglos, lo cual, tras cuidadoso análisis, adscribe a la sofisticación cultural. En otras palabras, nos hemos vuelto más listos a medida que nuestra cultura nos ha refinado intelectualmente.

Personas con un alto récord académico no necesariamente han nacido más 'inteligentes' que otras... Pero trabajan más duro y desarrollan mayor autodisciplina.
Más que eso, Carol Dweck, de la Universidad de Stanford en Estados Unidos, ha demostrado que los estudiantes que entienden que la inteligencia es maleable y no está prefijada, son mucho más ambiciosos intelectualmente y exitosos.

La misma dinámica se aplica al talento. Esto explica por qué los número uno -nadadores, ciclistas, jugadores de ajedrez, violinistas y demás- son mucho más habilidosos de lo que fueron en generaciones anteriores.
Todas estas habilidades son dependientes en un lento proceso incremental en el cual varias microculturas han descubierto como perfeccionarse. Hasta hace poco, la naturaleza de este perfeccionamiento era meramente intuitiva pero invisible a los científicos y otros observadores.

Flexibles y maleables

Pero en los últimos años, ha emergido un nuevo campo de "estudios de la pericia", liderados por el psicólogo Anders Ericsson de la Universidad Estatal de Florida, y está documentando ingeniosamente los recursos y métodos de tales pequeños progresos incrementales.
De a poco, están logrando entender mejor cómo las diferentes actitudes, estilos de enseñanza y tipos precisos de prácticas y ejercicios hacen avanzar a las personas hacia diferentes caminos.

¿Tiene un niño el potencial de desarrollarse en un atleta de clase mundial, un músico virtuoso, o un brillante científico ganador del premio Nobel?
Sería insensato sugerir que cualquiera puede literalmente hacer o transformarse en cualquier tipo de cosa. Pero la nueva ciencia nos muestra que es igualmente imprudente pensar que la mediocridad está cimentada en la mayoría de nosotros, o que cualquiera de nosotros puede conocer sus verdaderos límites antes de haber aplicado numerosos recursos e invertido una vasta cantidad de tiempo.
Nuestras habilidades no están genéticamente predeterminadas. Son flexibles y maleables, incluso en la edad adulta. Con humildad, esperanza y con extraordinaria determinación, grandeza es algo a lo que cualquier niño -de cualquier edad- puede aspirar.


Lo que dicen los cerebros de los taxistas londinenses




Los taxis londinenses navegan una de las más complejas ciudades del mundo.
En 1999, la neuróloga Eleanor Maguire escaneó los cerebros de los taxistas y los comparó con otros.
Encontró que los taxistas con experiencia tenían más desarrollado el hipocampo, aquella parte del cerebro que tiene la función de recordar las representaciones espaciales.
Y lo más llamativo es que el tamaño de sus hipocampos estaba directamente relacionado con la experiencia de cada uno.
Esto demostró que las tareas que exigían una percepción del espacio modificaban su cerebro. Este resultado era consistente con estudios en violinistas, lectores de Braile, practicantes de meditación y víctimas de infartos que se habían recuperado.
Nuestros cerebros se adaptan de acuerdo a lo que les exigimos.



*David Shenk es el autor de "El genio dentro de cada uno de nosotros".

Entrevista Al Que Descubrió Que Siempre Podemos Aprender

 

 

El canto de los pájaros y nuestra conectividad neuronal

 

Coautor de más de 100 publicaciones en las revistas científicas más prestigiosas del mundo, el doctor Fernando Nottebohm fue pionero en romper un viejo dogma de la biología: que las neuronas son incapaces de regenerarse en el cerebro de los vertebrados adultos. Y llegó a esta conclusión por medio de un camino insospechado: la capacidad que tienen los pájaros de modificar su canto al interactuar con otros, lo que se conoce como “aprendizaje vocal”. He aquí un resumen de la entrevista mantenida en la Universidad de Rockefeller, donde Nottebohm dirige el Laboratorio de Comportamiento Animal.
Max Dasso / Agencia CyTA-Instituto Leloir.
El canto de los pájaros y nuestra conectividad neuronal
Edificio de la Universidad
Rockefeller, sede del Laboratorio
de comportamiento animal.
“Mi pasión hoy día es el Field Research Center, donde se da la confluencia de trabajos de campo y el reduccionismo moderno y donde, me parece, está el futuro”, confesó, rematando con una modestia llamativa: “Estoy en la etapa final de mi carrera, terminando algunas cositas. El trabajo grande fue hecho hace años. ¿Me pregunto si le valdrá la pena hablar conmigo?”.

– ¿Cómo comenzó sus estudios?, ¿qué carrera siguió en la Argentina?

– Yo no seguí ninguna carrera en la Argentina. Salí del país a los 18 años, luego de graduarme en el Colegio Nacional de Buenos Aires.  Huí… en ese momento la universidad estaba en muy mal estado…

– ¿En qué año fue?

– Diciembre del ‘58… Para una persona joven a la que realmente le gustaba la ciencia era una época muy desalentadora. De todas maneras, no vine inicialmente a Estados Unidos a estudiar ciencia; vine a hacer estudios de agronomía. Yo quería ser científico y mi padre decía, “Hombre, si sos científico te vas a morir de hambre…así que, ¿por qué no estudiás agronomía?” Nosotros teníamos campos en Córdoba. Me decía: “Podemos trabajar juntos y los fines de semana te dedicás a pajarear.”  Mi padre sabía que yo tenía una pasión por los pájaros.



– ¿En esa época ya le interesaba su tema actual de estudio?


– No, el tema actual de estudio, la posibilidad de generar neuronas en el cerebro adulto, ese fue algo que surgió mucho más tarde, pero ya de muchacho me apasionaba el canto de los pájaros y me gustaba salir al campo con mis largavistas a ver qué podía descubrir. Cualquier cosa que tuviera que ver con la vida silvestre, me encantaba. Yo creo que si hubiera podido hacer lo que más me gustaba, hubiera sido naturalista, al estilo de Guillermo Enrique Hudson, el autor de  Allá Lejos y Hace Tiempo; en esa época leía todos sus libros. Me gustaba saber de la Naturaleza, me maravillaba que hubiera tantos temas inesperados y bonitos, fascinantes… Como a quien le gusta la música, a mí me gustaba la Naturaleza.

– ¿Y la decisión de venir aquí, entonces?

– La decisión de venir acá era sencillamente porque me parecía que iba a perder el tiempo en la Argentina. Además tenía un poco de miedo que si me quedaba, tal vez me iría por carriles que no iban a rendir, como mucha gente joven de esa época que estaba en la política, estaban todos esos apasionamientos y broncas… y yo pensé que tal vez si me quedaba en Buenos Aires iba a caer en eso, como tantos otros… Yo quería aprender, quería estudiar, quería crecer científicamente… y claro, estaba la gran aventura de largarme al mundo solo.

– ¿Vino directamente a Nueva York?


– No, fui a la Universidad de Nebraska, porque me habían dicho que la facultad de agronomía allí era buena. Un amigo mío ya estaba estudiando agronomía allí y pase con él un año, pero la gente que estudiaba agronomía era gente que quería ser granjera, y eso no me interesaba. Así que consulté con mi padre y cambié de carrera. Me fui a la Universidad de California, en Berkeley, a estudiar zoología. Y tuve la suerte de encontrarme ahí con un inglés, el profesor Peter Marler, cuya pasión era justamente estudiar el canto de los pájaros como una manera de indagar sobre los sistemas de comunicación: cómo los animales se comunicaban, qué cosas comunicaban, cómo el medio en el que se comunicaban afectaba las señales que usaban. Es un tema muy profundo y muy humano. Con Marler encontré una enorme cantidad de temas en común y, aparte de eso, me interesaban cuestiones filosóficas: la evolución del hombre, la evolución de las funciones cerebrales, la consciencia… A mí me parecía que algunos de esos temas –incluyendo la relación entre la conciencia y el cerebro–, se estaban poniendo maduros para la inspección científica.



– ¿Por qué eligió los pájaros en vez de estudiar la comunicación entre delfines o ballenas?

– Porque hay que ser práctico… imagínese usted estudiando ballenas, delfines… por de pronto no es material que se pueda llevar al laboratorio, no se pueden hacer muchos experimentos, realmente… Se pueden hacer observaciones, que son muy valiosas y muy interesantes, pero los pájaros son un sistema más manejable, porque usted los puede criar en el laboratorio, puede grabar todos los sonidos que hacen, puede ver cómo responden a diferentes sonidos que usted les hace oír por grabaciones, así que tiene un control total del medio acústico en que se crían, y eso con los cetáceos sería muy difícil… Cuando usted quiere estudiar cómo funcionan los circuitos del cerebro y cómo se modifican con el aprendizaje, tiene que encontrar material que se preste al trabajo de laboratorio y el aprendizaje del canto en las aves se presta a todo eso.

– ¿Qué pregunta le parece que vale la pena responder en esta área?

- Diría que la pregunta: “¿qué determina la capacidad de aprendizaje?” no ha sido bien encuadrada. Hay quienes dicen que hay un límite a cuánto uno puede aprender y otros que lo niegan. Ciertamente, a la gente grande a veces le cuesta aprender cosas nuevas. Pero ¿eso es porque el cerebro ha envejecido y ya no funciona como en la juventud, o es porque hay un límite de espacio, como en una biblioteca que se va quedando sin estantes para libros nuevos? Son temas diferentes y no sabemos si uno, o ambos, afectan lo que una persona de 70 años puede o no puede aprender.  Lo único que sabemos es que como el resto del cuerpo, el cerebro envejece. Si lo que uno busca es mantener la habilidad de aprender cosas nuevas, hay que saber cuáles son los factores limitantes y no sabemos cuál es la respuesta correcta. Y creo que las aves de canto se prestan maravillosamente a esa indagación.
  ¿Qué problemáticas entran dentro de esa indagación?

Podemos ver cómo el aprendizaje modifica el canto y los circuitos que lo controlan y cómo la memoria del canto aprendido persiste… Es muy intrigante que en un sistema en donde la gran mayoría de las proteínas están, presumiblemente, renovándose constantemente, el canto aprendido persiste con poco cambio por años…Mientras que la vida media de la mayoría de las proteínas es corta, se mide en días. Así que, ¿cómo es que memorias permanentes pueden persistir en un sistema que está compuesto de elementos que se están reemplazando constantemente? Es un tema fascinante… Y claro, hay toda una cantidad de patologías que, de una u otra forma, se relacionan con ese tema: cuando la gente no puede aprender más, o tiene problemas de memoria, ¿Qué pasa? Es en ese tipo de problemática que yo creo que la producción y reemplazo de neuronas en el cerebro adulto ha abierto un grande y nuevo horizonte.  ¿Por qué se agregan neuronas nuevas al cerebro adulto y por qué otras son reemplazadas? ¿Será posible que el reemplazo de neuronas nos permita rejuvenecer cerebros y reparar circuitos dañados?





– Con respecto al recambio neuronal, ¿por qué le parece que en una época era un concepto al que otros científicos oponían resistencia?

– Creo que esto empezó hace muchos años con Ramón y Cajal, que, claro, no veía muchas células dividiéndose, no veía actividad mitótica en el cerebro adulto… y yo no se si él se fijó mucho en la zonas donde ahora sabemos que esto ocurre, en las paredes de los ventrículos del cerebro.

– ¿Era una postura dogmática, de alguna manera?


– Claro que era un dogma, un dogma enorme y un dogma que parecía razonable porque parecía basado sobre observaciones reales.  Además, la gente decía: cuando vamos envejeciendo el cerebro parece funcionar cada vez peor y menos. Y después de accidentes o daños no parecer tener, en los adultos, mucha capacidad para recuperarse. Así, al fin del desarrollo, tal vez se acabó la plasticidad de los circuitos para modificar el comportamiento. Este tema me interesaba y sospechaba que la plasticidad para corregir circuitos dañados sería la misma que se usaba en el aprendizaje. Es decir que ambas funciones requerirían la formación de nuevos procesos y sinapsis. Era, claro, una idea conservadora que no consideraba para nada la posibilidad de que el cerebro adulto pudiera agregar nuevas neuronas. Cuando, basado en mis observaciones en canarios, se me ocurrió por primera vez la idea y decidí explorarla, recuerdo que otros miembros de mi laboratorio me aconsejaban: “¡No digas nada a la otra gente en la Universidad, que si se enteran van a creer que somos una manga de inconscientes!”



Dr. Nottebohm: "“A la gente grande le cuesta aprender cosas nuevas ¿es
porque el cerebro ha envejecido o porque hay un límite de espacio, como en
una biblioteca que se va quedando sin estantes para libros nuevos?”


– Y usted, frente a este dilema de hacer o no hacer olas…


– A mí no me molestaba: yo quería hacer olas. La ciencia me interesa en la medida que trae sorpresas y este era un tema que se daba para eso. Cuando se me ocurrió, no lo pude largar, era algo tan novedoso… Es un poco como la inversión que hace un hombre de negocios: si uno acepta un riesgo grande, también por ahí la ganancia será enorme. Quien no arriesga, no gana. Por ese entonces yo tenía 42 años y el momento para el gran riesgo había llegado. No sabía que otro científico, Joseph Altman, que estudiaba mamíferos, ya había sugerido que se producían nuevas neuronas aun en el cerebro adulto. Su evidencia no era concluyente, pero ya había plantado esa idea.

– Siempre en investigación entra el factor de la personalidad…


– A mí me gustaba la idea de traer todo un concepto nuevo que forzara a mirar muchas cosas que creíamos saber de forma diferente. Siempre he sido sospechoso de lo “razonable”. La razón es la confabulación que se arma una vez que uno conoce los hechos concretos. Entonces hay que explicarlos con una interpretación razonable y se arma la historia de que todo parece tener sentido y encajar bien. Pero basta con que una observación nueva no encaje con el esquema ¡y el cuento se va al tacho! (risas). Ese tipo de observación revela la fragilidad de lo que nosotros consideramos una certeza… En el caso de mi trabajo, a principios de los años ’80, los sabios de la neurobiología consideraban que la modificación de las sinapsis [n. de r.: sinapsis es la unión funcional entre dos neuronas] bastaba para explicar todos los fenómenos del aprendizaje. Y ahora, de repente, en 1983, aparecía la sugerencia de que el cerebro adulto –al menos en pájaros– también podía reemplazar neuronas y, como demostramos más tarde, lo hacía en forma cotidiana. Esta observación abrió un interrogante: ¿Cuál era el sentido de reemplazar neuronas en el cerebro adulto? ¿Para qué?

– … Además de la limitación de los sentidos, ¿no?


– Es verdad, no sólo hay que sospechar lo “razonable”, sino que también hay que sospechar nuestras fuentes de información, tanto las que tenemos –como la vista y el olfato– como las que nos faltan, y como nos faltan no las conocemos. Cuando los científicos tratan de comprender los temas del tiempo, el espacio, la energía y sus orígenes, lo que están tratando de hacer es pretender que hay verdades absolutas que son accesibles a nuestro cerebro, cuando en realidad tal vez deberían empezar por entender cómo funciona la maquinita que piensa. Esa maquinita está muy influenciada por sus ingresos sensoriales… Tal vez no exista el cerebro que pueda entender el Universo, porque el hombre, desde sus orígenes, no necesitó abarcar tanto. Lo que necesitaba era encontrar comida, un compañero, entre otras cosas, de manera que cuando nos largamos a interpretar el Universo…en realidad, ¡vale la pena sospechar que estamos un poco limitados para ello! (risas)…y que todo lo que uno cree saber, puede ser ilusorio, puede desarmarse mañana con un nuevo dato… y tal vez ello no debiera preocuparnos.



– ¿Y la certeza?


– La certeza es en realidad algo aburrido. Al fin, cuando uno sabe cómo funciona algo, ¿qué hace?, ¿mide cómo anda? ¡Es mucho más interesante estar en esa búsqueda infernal que no termina nunca! Y que probablemente nunca va a terminar. La ciencia, como todo, es cuestión de personalidad. Hay gente con diferentes estilos. A algunos les interesa más medir todo con gran detalle, con gran certeza, tener esquemas que parecen ser muy sólidos, muy verificables, muy defendibles, mientras que otros prefieren toda una mezcla de ideas y probabilidades, poca certeza, y riesgo, y es una cuestión de estilo. Diferentes pintores pintan la misma obra de manera distinta, y no es que uno sea mejor que el otro…

– ¿Tiene contacto con investigadores que esté trabajando en la Argentina?


– No tengo contactos personales con científicos argentinos ni he tenido colaboraciones con ellos. Pero conocí gente cuando era más joven, muchachos de mi edad que se quedaron ahí. Por ejemplo José Núñez que trabajaba con abejas, Héctor Maldonado, que trabajaba con pulpos, ambos muy capaces. También lo conocí a Andrés Stoppani, que estaba casado con una prima mía, y esa gente me contaba sobre la vida y el trabajo en la Universidad de Buenos Aires, y también tenía la experiencia de mi hermano, que había estudiado medicina allí… Y una vez cené con De Robertis, pero era porque me habían invitado a una Feria del Libro en Buenos Aires, hace muchos años, cuando Alfonsín era presidente.

–¿Y con estudiantes argentinos que hayan venido a los Estados Unidos?


–Sí, he encontrado argentinos… pero no tuve ninguno que haya hecho el doctorado conmigo. He visto que los que vienen de la Argentina tienen una formación muy buena, muy amplia, muy firme, son muy capaces. ¡Pero no he encontrado ningún naturalista que se interesara por los bichos! (risas)… En la Argentina la ciencia se basa mucho sobre en el sistema de que hay que tener un padrino. A mí esa etapa me faltó porque vine a los 18 años y todos los contactos los hice acá; creo que en ese sentido estuve aislado de lo que ocurría en la Argentina. Cuando iba a la Argentina, iba a visitar mi familia.



– ¿Qué diferencia podría señalar entre los estudiantes argentinos y estadounidenses?


Veo que los chicos que vienen de la UBA tienen buena formación, tienen buenas cabezas… pero en algunas épocas, al menos, se veían distraídos por la política en la universidad argentina, que viene de larga data… A mí lo que me gustaba de la Universidad de California en Berkeley, donde hice mi doctorado, era que había una variedad de gente inmensa: cultural, racial, de origen geográfico. Pero había dos ambientes; estaba el ambiente dentro de la universidad, donde usted aprendía y se hacía amigo de una cantidad de personas, y luego el ambiente extrauniversitario donde, si uno quería, podía dedicarse a cuestiones de política, entre otras. No se trataba de que la gente joven no se interesara en los temas políticos. Pero la universidad era un oasis, quedaba al margen en ese punto. Claro, siempre había quien dijera que el concepto de la torre de marfil requería que uno ignorara los tiempos en que vivíamos… Pero, ¡tiene que haber una torre de marfil! Tiene que haber una etapa en la vida en que uno pueda ahondar en temas básicos y serios sin estar sometido a la turbulencia del momento político. Es una oportunidad que, más tarde, no se vuelve a presentar.
  ¿Cómo ve hoy la enseñanza de la biología?

Lamento que el estudio de la biología se haya fragmentado. De hecho, hay una continuidad natural entre moléculas, células, tejidos, circuitos, sistemas, órganos, organismos, poblaciones y estilos de vida. Esa es la realidad. Pero los estudiantes hoy en día tienen que elegir qué parte de esa continuidad estudiarán, y ese fragmento está determinado por los instrumentos y técnicas que usan, y con ello se pierde la continuidad e integridad de los fenómenos naturales, de manera que cada vez el científico especialista sabe más acerca de menos. Tal vez debiéramos contemplar agregar un año más a la carrera de biología, y durante ese año reconstituir la integridad del fenómeno de la vida. La Naturaleza no conoce las barreras artificiales que aparecen en los programas de estudio. Esas barreras son una zoncera…
 

 
*Crédito fotográfico Max Dasso

La Teología, Entre La Modernidad y la Posmodernidad

La teología, entre la modernidad y la postmodernidad

Lección inaugural del profesor Béjar Bacas en la apertura del curso en la Facultad de Teología de Granada

¿Qué sentido tiene hoy día una labor como la teología? ¿En qué consiste su discurso? ¿Cuáles son los intereses que inquietan por dentro a esa “extraña” figura del teólogo? ¿De qué método de trabajo hablamos cuando nos referimos a su oficio? ¿Tiene alguna palabra con sentido para nuestro “hoy” la reflexión teológica? Estas son algunas de las preguntas que articularon la lección inaugural del profesor Serafín Béjar en la apertura del curso 2010-2011 en la Facultad de Teología de Granada, y que llevó por título: El oficio de la teología entre Jerusalén y Emaús. Utilizando como metáforas de expresión de nuestro tiempo las ciudades bíblicas de Jerusalén y Emaús, el autor de estas páginas disertó sobre cómo hacer teología en un escenario histórico situado entre modernidad y postmodernidad.

 


La Torre de Babel, pintura al óleo sobre lienzo de Pieter Brueghel el Viejo. Wikipedia.
La Torre de Babel, pintura al óleo sobre lienzo de Pieter Brueghel el Viejo. Wikipedia.
“Cuando se empezó a construir la torre de Babel, todo estaba muy en orden […] como si se dispusiera de siglos y otras tantas posibilidades de trabajar libremente. El parecer entonces reinante llegaba a establecer que toda lentitud para construir sería poca […] Se argüía de esta suerte: en toda la empresa, lo positivo es la idea de construir una torre que llegue al cielo. Frente a esta idea, lo demás es accesorio. Una vez captado el pensamiento en toda su grandeza, no puede desaparecer ya: mientras existan los hombres perdurará el deseo intenso de terminar la construcción de la torre. En este sentido, no hay que temer por el futuro, pues, antes bien, el saber de la humanidad va en aumento, el arte de la construcción ha hecho progresos y hará aún otros nuevos; un trabajo para el cual necesitamos un año será realizado dentro de un siglo quizá en sólo seis meses y, por añadidura, mejor y más duramente. ¿Por qué agotarse, pues, desde ahora hasta el límite de las fuerzas? […] Pensamientos de este género paralizaban las fuerzas, y la edificación de la ciudad obrera desplazaba la construcción de la torre. Cada grupo regional quería poseer el barrio más hermoso, por lo que sobrevinieron rencillas que culminaron en sangrientos combates. Estas luchas eran incesantes, lo que sirvió de argumento a los jefes para que, por falta de la necesaria concentración, la torre fuese levantada muy lentamente o, mejor aún, sólo después de concertada una paz general […] Así transcurrió el lapso de la primera generación, mas ninguna de las que siguieron fue diferente; sólo la destreza iba en aumento constante y, con ella, la sed de lucha. A ello vino a sumarse el que la segunda o la tercera generación reconocieran la insensatez de la construcción de la torre, pero los vínculos mutuos eran ya demasiado fuertes como para que se pudiese dejar la ciudad”.

En esta hora de la historia, evocada por este texto de F. Kafka, el teólogo sigue teniendo la sagrada tarea de provocar el encuentro santo entre el Adviento de Dios y un hombre en éxodo. En efecto, la condición humana puede ser caracterizada simbólicamente como “éxodo”, es decir, el dinamismo humano es esencialmente búsqueda, pregunta por la realidad que nos circunda, apertura constitutiva a lo que pueda acaecer en el escenario mismo de la historia. “Éxodo”, en su sentido etimológico, nos habla de auto-trascendencia; de esa capacidad, específicamente humana, que nos invita permanentemente a medirnos más alto y más hondo. Del mismo modo, el ser de Dios puede ser captado metafóricamente como “Adviento”, acaecer de lo absolutamente nuevo; que arranca al hombre de su rutina y lo confronta con horizontes antes nunca imaginados. No sería Dios aquello que puede ser programado, deducido, esperado… Lo divino, entendido como “Adviento”, nos habla del Dios imprevisible y de la impertinencia de su Misterio.

El teólogo, entre dos fidelidades

El teólogo, por tanto, es el hombre que, escindido y descuajado por dentro, se debe a una doble fidelidad. Fidelidad al Dios que se nos ha dicho en palabras humanas, y fidelidad al hombre que amasa sus búsquedas en palabras divinas. Además, la teología, al menos la cristiana, tiene su suelo firme en una fundante afirmación: Dios y hombre no concurren como alternativa, la gloria de uno no peligra en el reclamo de la gloria del otro. O de otra manera, para la teología cristiana, Dios no es el mayor ladrón de la grandeza humana, sino su garante fundamental: hay plenitud humana donde existe cercanía y comunión con el Dios de Jesús. Por esta razón, el teólogo está persuadido de la necesidad y urgencia de su misión. O también, el teólogo sabe de su función social; especialmente en un mundo que parece mostrarse insensible ante tales profundidades metafísicas.

Ahora bien, ¿de qué manera puede llevar a cabo el teólogo su misión? ¿Cómo es posible responder a esta doble fidelidad sin desgastar ninguno de los dos polos que la constituyen? ¿Es un “encuentro” simétrico el que se produce entre Dios y el hombre? En definitiva, con estas preguntas marcamos como objetivo de nuestra reflexión la búsqueda de un método de trabajo que se adecue al peculiar “objeto” de la reflexión teológica.

En este contexto, venía a nuestra mente, preñado de enormes posibilidades, un relato harto conocido del evangelio de San Lucas: “Los discípulos de Emaús”. Y pensábamos que en este relato, de una manera ciertamente simbólica, pero no por ello menos fiable y veraz, podían aparecer apuntados los principales momentos de elaboración de un método teológico que alcance a unir, sin mezcla o cambio, al tiempo que sin separación ni división, el Adviento divino con el éxodo humano.

La metáfora de los que huían a Emaús

¿Dónde radica, en este relato, el punto de entronque con nuestro “hoy”? Nos parece sentir reconocido el éxodo actual de nuestro mundo en aquellos dos discípulos desencantados que, después de los hechos acaecidos en Jerusalén, a la manera de una huida rectilínea hacia adelante, caminan en dirección a Emaús. No nos parecía atrevido, por tanto, afirmar que se trata de dos discípulos “postmodernos”. En efecto, son dos discípulos “postmodernos” porque vienen de vuelta de los grandes relatos, aquellos que habían construido desde sus solas previsiones, paraísos intrahistóricos que acaban en fracaso: «Nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel» (Lc 24, 21). La modernidad queda atrás en Jerusalén, donde todo parece que ha terminado, con un cierto regocijo en el nihilismo presente: «Iban camino de una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén, y comentaban lo sucedido, con aire entristecido» (Lc 24, 13.17). Así, situados entre tiempos, entre modernidad y postmodernidad, acontece una presencia misteriosa y amiga que se pone a caminar junto a ellos.

De modo sugerente, queremos reconocer en dicha presencia la figura del teólogo; y, en el modo de situarse ante los dos discípulos frustrados, la forma concreta de ejercer su oficio. Esta presencia, preñada de misterio desde el comienzo mismo del relato, no comienza a hablarles desde una pretendida superioridad, sino que, dispuesta a caminar con ellos, pregunta por sus desvelos y preocupaciones. Se dibuja así en el relato, de una manera ciertamente estimulante, el primer momento de toda teología llamada a habitar entre Jerusalén y Emaús, entre modernidad y postmodernidad. A este primer momento del método teológico lo llamaremos “auditus temporis et alterius”, es decir, la escucha del tiempo y del otro.

La paciente escucha del teólogo

La paciente escucha del teólogo, a lo largo de la trama narrativa del relato en cuestión, deja paso al segundo momento del método teológico que pretendemos describir. Caminando con ellos, al tanto de sus preocupaciones y desvelos, el extraño peregrino toma la palabra. Ahora bien, y esto es curioso, no toma “su” palabra, sino que favorece la escucha comprometida de “otra” Palabra que no le pertenece, pero que regala como posibilidad a la concreta situación que viven aquellos dos discípulos desencantados y abatidos. En efecto, el teólogo siente aquí reconocido un momento fundacional y determinante de su propia labor teológica que se identifica con el segundo momento de su quehacer: el “auditus fidei” o la escucha de la fe.

Por último, y antes de llegar a la aldea de Emaús, el discurso de aquel personaje, tan extraño a los discípulos desencantados del relato como la figura del teólogo a nuestros contemporáneos, es capaz de obrar el milagro. Un milagro que consiste en transferir el sentido de la historia de la salvación a los interrogantes más acuciantes que conforman el corazón de aquellas dos personas. El teólogo ha de conseguir, y aquí está su dicha y su cruz, hablar de los hombres contando la historia del Dios vivo y hablar del Dios vivo evocando la historia de los hombres. Así, arde el corazón cuando el teólogo no ofrece un discurso ideológico más, como los que han extenuado a nuestra cansada modernidad, sino cuando su palabra alienta, evoca, cura y sana las heridas. De esta forma, el tercer momento de este método teológico, que llamaremos “intellectus fidei” o la inteligencia de la fe, supone el esfuerzo por mediar creíblemente la buena noticia del Evangelio a los hombres y mujeres de cada tiempo y lugar.
Pasemos ahora a describir más detalladamente este triple momento del oficio teológico entre Jerusalén y Emaús.

Primer momento: El auditus temporis et alterius de la teología, o “¿de qué venís hablando por el camino?”

El teólogo ha de ser un hombre fiel a su tiempo: “Dos de los discípulos se dirigían aquel mismo día a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. Iban hablando de todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se les acercó y se puso a caminar a su lado” (Lc 24, 13-15). En el relato que nos ocupa, esta necesaria actitud del teólogo queda fuertemente expresada en el hecho mismo de acercarse y ponerse a caminar junto a ellos. La teología también es peregrina, sabe con humildad de su indigencia, reconoce que no tiene respuestas a todas las preguntas, asume que la verdad no es “algo” que se posee en exclusiva, sino “Alguien” que interpela y reclama la vida. De no ser así, la teología degeneraría en ideología.

Al mismo tiempo, acercarse y ponerse a caminar junto a los hombres y mujeres de nuestro tiempo expresa, de una manera densa, cómo la teología ha de asumir nuestro “hoy”, más allá de toda tentación de respuestas definitivas y cumplidas. No existe teología perenne, sino una teología que, atenta al tiempo y puesta a la escucha de la historia, pretende ofrecer su caudal de sentido para la hora presente. O de otra manera, la búsqueda del proprium cristiano es siempre un esfuerzo históricamente condicionado; entre otras cosas, porque la novedad irreemplazable del Dios vivo nunca puede ser recortada y reducida a los estrechos límites de una definición conceptual o de un sistema intelectivo. Aquí radica la gloria misma del quehacer teológico y también su peligro fundamental. En palabras de K. Barth:

Entre las ciencias, la teología es la más bella, la única que toca la mente y el corazón del hombre enriqueciéndolos, en la medida en que se acerca a la realidad humana y ofrece una mirada luminosa sobre la verdad… Pero también es la ciencia más difícil y expuesta a riesgos; en la teología es más fácil caer en la desesperación o, peor aún, en la arrogancia; más que ninguna otra ciencia puede convertirse en una caricatura de sí misma…

En efecto, la verdad de lo cristiano, y a ello debe estar atento el teólogo, por una determinación objetiva de su propio ser, escapará siempre a toda pretensión de captura. Ésta es la razón por la que la pregunta sobre la esencia del cristianismo no puede ser respondida en la simplicidad de la respuesta «Cristo», «ya que, en cuanto Cristo confesado, Jesucristo viene diversamente modulado, “reducido” o “amplificado”». Afirma K. Rahner:

Pero tal reflexión sobre el todo del cristianismo ha de intentarse siempre de nuevo. Es una reflexión siempre condicionada, pues es evidente que la reflexión en general, y particularmente la reflexión teológico-científica, no puede alcanzar el todo de esta realidad que actualizamos creyendo, amando y esperando.

Por tanto, este primer momento de realización teológica, auditus temporis et alterius, es una forma de fidelidad al éxodo del hombre. Pero, al mismo tiempo y sin contradicción, es una forma de mantener la honestidad con nuestra propia fe cristiana. Si lo cristiano no quiere quedar recluido en los museos y considerado como un modo de existencia arqueológica, tiene que realizar el esfuerzo, connatural con su propia esencia, de decirse a la altura del tiempo que le toca vivir. Comenta B. Forte:
Por eso la teología no puede proponerse sin justificarse de alguna manera frente al mundo que vive; como pensamiento de la Palabra que resonó en las palabras de los hombres, le toca hablar en su tiempo, ofreciéndose significativa para él. Si no realizase este esfuerzo, se quedaría muda y no sería más que una nueva forma de silencio de la Palabra.


Imagen de la Facultad de Teología de la Universidad de Granada. Fuente: Facultad de Teología.
Imagen de la Facultad de Teología de la Universidad de Granada. Fuente: Facultad de Teología.
Imagen de la Facultad de Teología de la Universidad de Granada. Fuente: Facultad de Teología.
Imagen de la Facultad de Teología de la Universidad de Granada. Fuente: Facultad de Teología.

Segundo momento: El auditus fidei de la teología, o “se puso a explicarles todos los pasajes de la Escritura”

Como ya hemos afirmado, el teólogo parte de la realidad pero su reflexión teológica no está llamada a habitar ahí. Si así fuera, su teología se convertiría acaso en una inconsciente utopía del status quo, es decir, del orden de cosas establecido. La teología posee un innegable potencial subversivo, es pensamiento profético que invita a contemplar la realidad desde el sueño de Dios para el hombre.

En efecto, el lugar exterior de la teología no implica, sin embargo, un irenismo ingenuo que conduzca a una adecuación al mundo. El lugar físico de la teología es previo y determina el quehacer del teólogo, pero dicho lugar no es tan absoluto que el hombre no pueda «construir un lugar de voluntad que se añada y sume al lugar de naturaleza». Así nos muestra nuestro método la dialéctica inherente a todo quehacer teológico: «el emplazamiento confiere una misión y la misión a su vez crea su propio emplazamiento». De esta manera, podemos percibir cómo el lugar exterior, los escenarios del tiempo entre modernidad y postmodernidad, siendo muy importantes, no son determinantes en teología. Ante todo, el teólogo se debe a una patria extranjera que marca, en palabras de González de Cardedal, «la ley y exigencias propias del quehacer teológico, establece los puntos de partida y los puntos de llegada y funciona como criterio para elegir unos caminos y para excluir otros. Sin duda éste es el esencial». Esta patria extranjera reivindica la lógica propia de la teología que muestra su identidad más profunda cuando, manteniendo su autonomía, no se deja recortar ideológicamente por las previsiones que se puedan proyectar en ella desde fuera.

En este sentido, y utilizando una bella formulación del napolitano B. Forte, “el teólogo es el prisionero del Otro: lleva al pensamiento la simple verdad de la fe, que consiste en dejarse hacer prisioneros del Invisible”. La teología, entendida como cogitatio Dei, la cuestión sobre Dios, encuentra aquí, en contraste con la filosofía, su verdadera identidad. Pues la filosofía, que también se ocupa de la cuestión de Dios, hace de la cogitatio Dei un genitivo objetivo, es decir, la filosofía habla de Dios en cuanto objeto de reflexión, limitándose a un aséptico disputare de Deo. Sin embargo, el teólogo interpreta este genitivo en sentido subjetivo, trayendo a la memoria permanentemente que el objeto de su investigación, antes de ser algo, es más bien Alguien. De esta manera, ser el prisionero del Otro hace referencia al hecho de que tanto el trabajo como la persona del teólogo están referidos a un dato previo, al Deus dixit, a la “revelación”.

Volvamos a nuestro relato. Después de escuchar a aquellos dos discípulos postmodernos, el desconocido caminante toma la palabra. Quiere romper, desde dentro, la cerrazón de su sistema y de su racionalidad. La teología no es una filosofía que brota de la especulación y de la voluntad del pensador, sino que surge de la escucha, lleva la herida de Otro, nos habla de un futuro que no ha sido programado por el hombre y que, por tanto, no está signado por la contingencia. La teología no es simple proyección humana sino que, constitutivamente y por esencia, está abierta a las sorpresas del Adviento: «Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas» (Lc 24, 27).

La teología no especula, sino que relata una historia de amor; no proyecta desde la suficiencia de la idea, sino que se pone a la escucha del relato original. Al «nosotros teníamos la esperanza de que él fuese el libertador de la nación de Israel...» (Lc 24, 21) se contrapone la cruda realidad, aquella que rompe todo sistema, la poliédrica realidad que no se deja domesticar por la dictadura de la idea y que manifiesta, una y otra vez, que ella no es reconciliación, sino ruptura e interrupción: «¡Qué faltos de comprensión sois y cuánto os cuesta creer todo lo que dijeron los profetas!» (Lc 24, 25). Hablar de teología, por tanto, sólo es posible cuando se ha resquebrajado el totalitarismo de una razón cerrada en sí misma. El extraño peregrino los abre a otro tipo de racionalidad, aquella que brota de una razón histórica abierta a las sorpresas que vienen desde el “Otro” irrumpiendo en el tiempo: «¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?» (Lc 24, 26).

El segundo momento de este método teológico entre Jerusalén y Emaús, entre modernidad y postmodernidad, es el auditus fidei. Y esta escucha de la fe, a nuestro juicio, tiene una doble dimensión: testimonial e interpretativa. En efecto, el teólogo, puesto a la escucha del relato original, y antes de cualquier tarea interpretativa, confiesa con su propia existencia la posibilidad de que lo absoluto de Dios acontezca en la contingencia de la historia. Así, frente a la historicidad cerrada de modernidad y postmodernidad, el teólogo está llamado, por fidelidad a este testimonio fundante, a romper todo sistema cerrado, que se presuma último y definitivo. Frente a la cárcel de la ideología, que reducía el ámbito de lo posible a lo que se podía esperar de una racionalidad clara y distinta; y frente a la desesperanza del pensamiento débil, que resuelve todo en un vacío sucederse de los días, el teólogo abre caminos hacia una región extranjera, una patria desconocida, donde todo se ha de esperar como Adviento.

Tercer momento: El intellectus fidei de la teología, o “¿no es cierto que el corazón nos ardía?”

El anónimo peregrino, personificación de la figura del teólogo, ha ofrecido su compañía de Jerusalén a Emaús, es decir, ha acompañado el camino que va desde los grandes proyectos ideológicos fracasados hasta el nihilismo que acecha al final del trayecto. Al mismo tiempo, frente a la historicidad cerrada de los dos desencantados discípulos, ha confesado el acontecer del Dios vivo. Ahora, en un tercer momento del quehacer teológico, el peregrino transmite el sentido de la revelación divina, de modo que sea respuesta a los interrogantes más profundos que habitan en el corazón del hombre. En efecto, el peregrino no sólo descubre a los discípulos el misterio del sufrimiento y de la muerte del Maestro sino que, en el mismo hecho de narrar y explicarles las Escrituras, éstos van encontrando reposo y respuesta a los interrogantes últimos que conforman el corazón humano: «¿No es cierto que el corazón nos ardía en el pecho mientras nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?» (Lc 24, 32). El sentido de la historia universal, que se revela al abrirse las profundidades de las entrañas del Dios Trinitario, es también fuente de sentido para la propia historia personal. O de otra manera, el extraño peregrino consigue transferir el sentido de la revelación cristiana a la hora presente, que están viviendo los dos discípulos postmodernos, con su peso de dramatismo. La teología debe tener el potencial de unir la historia de Dios y la historia de los discípulos en una sola historia.

Ahora bien, ¿cómo consigue la reflexión teológica esta alianza entre éxodo y Adviento, sin sacrificar ninguno de los dos extremos en cuestión? Nuestra opinión es que el auditus temporis y el auditus fidei quedan integrados en una síntesis novedosa gracias a un “principio formal” que ha de brotar del mismo intellectus fidei. De esta manera, apostamos por la dimensión “formal-fundamental” de toda la teología. Esta dimensión formal-fundamental responde ineludiblemente a la búsqueda de un principio que medie la revelación de Dios en Jesucristo a los hombres y mujeres del siglo XXI. Por ende, la «teologización-fundamental» de toda la teología atañe, a nuestro juicio, al aspecto específico de la credibilidad.

Estamos hablando aquí de lo que K. Rahner llamó “teología formal-fundamental”, la cual, perteneciendo rigurosamente a la teología dogmática, sin embargo “es teología «fundamental», en cuanto pone en confrontación la naturaleza formal y general de la revelación cristiana con las estructuras formales de la vida del espíritu humano en general, en el interior de las cuales se cumple el evento de la misma historia de la revelación”. De esta manera, nos estamos refiriendo al debate suscitado a raíz de la intervención de M. Seckler en el Congreso Internacional de Teología fundamental de 1995 en la Universidad Gregoriana. Allí, con una ponencia sobre la relación entre fundamental y dogmática, M. Seckler hablaba de la tendencia existente en los últimos años de buscar una nueva forma de realización sistemática que suponga una «teologización-fundamental» de toda la teología.

Pongamos un ejemplo para explicitar nuestro argumento. Para ello, vamos a acudir a una obra de teología tan clásica como el propio evangelio de San Marcos. El evangelista, a la manera de un verdadero teólogo, presta oído a la situación concreta que vive su comunidad. Dicha comunidad cristiana, en torno al año 70 d.C y en la ciudad de Roma, vive una situación difícil debido a la persecución de la nueva fe. El peligro que planea sobre la misma es el de la apostasía. Marcos, ubicado en el escenario del tiempo que le toca vivir, quiere transmitir con credibilidad el kerigma que, a su vez, él ha recibido. De esta manera, surge el primer evangelio que, a partir de un original principio formal, ofrece una síntesis novedosa y fresca donde quedan integrados la escucha del tiempo y la escucha de la fe. Este principio formal, a la manera de una “theologia crucis” o, más concretamente, una cristología de la cruz, pretende contar la historia del Nazareno como si fuera la historia misma que está viviendo dicha comunidad.

Por tanto, esta mediación hermenéutica, objetivo fundamental del tercer momento del método teológico o intellectus fidei, llega a buen puerto cuando el teólogo es capaz de individuar, y esto nos parece esencial, un principio formal que reelabora de nuevo, a la altura de cada tiempo, el proprium del cristianismo en una síntesis creativa y novedosa. De esta manera, podemos conocer el “genio teológico” de cada autor en la medida en que somos capaces de descubrir, en el conjunto de su obra teológica, dicho principio formal de carácter netamente teológico-fundamental.

Conclusión

La segunda mitad de los años cuarenta de nuestro pasado siglo conoce una viva renovación de la teología que precipita en lo que se ha dado en llamar la «nouvelle théologie». Esta renovación, principalmente procedente de las escuelas francesas de «Le Saulchoir» y de «Lyon-Fourvière», pone un especial acento en la necesaria evolución del dogma. Así, esta perspectiva revela el problema fundamental del cristianismo, es decir, la necesaria conjugación de la verdad y la historia, del Adviento y del éxodo, de lo absoluto y lo contingente, de Dios y del hombre.

La nueva teología encuentra rápidamente, sin embargo, una gran resistencia en la neoescolástica al uso. Esta confrontación alcanza un momento significativo con el artículo de B. De Solages «Pour l´honneur de la Théologie», respuesta a la acusación de R. Garrigou-Lagrange de un uso indebido de la filosofía de M. Blondel y de las perspectivas evolucionistas de la ciencia moderna. En el citado artículo existe una clara distinción de tres modos concretos de hacer teología:

En el siglo XII, en tiempo de Santo Tomás, el pensamiento cristiano se vio sometido también a una dura crisis ante el descubrimiento, sensacional para entonces, de las obras de Aristóteles. A los filósofos y teólogos se les planteó una espinosa cuestión y se dividieron en tres bandos: uno, como Siger de Brabante, acabaron más o menos adoptando un aristotelismo total, que, en definitiva, no era sino paganismo, cayendo así en funestos errores, como, por ejemplo, el monopsiquismo, que comprometía toda la fe cristiana. Otros, los agustinianos conservadores, trataron más o menos de cerrarse a los nuevos problemas que planteaban las obras de Aristóteles. Tomás de Aquino, el caudillo indiscutible del tercer grupo, tuvo el valor de abordar sin rodeos el problema y buscarle solución. Y el tomismo, que el P. Garrigou-Lagrange tanto ama, se halla esencialmente definido y caracterizado históricamente por esa nueva actitud, que entusiasmó a unos y escandalizó, y mucho, a otros, hasta el punto que después de la muerte de Santo Tomás su obra fue alcanzada por los anatemas que todos conocemos.

Estas tres formas de teología podrían ser caracterizadas con los nombres de “extrinsecista”, “inmanentista” e “histórica”; y también hoy podemos encontrar planteamientos reflejos de esta triple concepción. Así, S. Pié-Ninot habla de que la teología postconciliar puede estructurarse dando lugar a tres modelos. La “teología formalista”, principalmente plasmada en la conocida manualística, dando la prioridad al “auditus fidei” corre siempre el peligro de un cierto positivismo teológico, por ende, de un cierto extrinsecismo. En un segundo lugar, podría situarse lo que el teólogo catalán llama “teología contextual” que, desde una clara priorización del “auditus temporis et alterius”, puede derivar en una cierta disolución del dato teológico en los aspectos más evidentemente sociológicos. Y por último, el “modelo interpretativo” es aquel que busca un “intellectus fidei” que, desde la prioridad absoluta del “auditus fidei”, integre los anhelos más profundos que viven en el corazón histórico del hombre, es decir, preste oído al tiempo.

Pues bien, nuestro interés se ha cifrado en encontrar apuntado, de un modo hondamente sapiencial, este tercer modelo interpretativo, y densamente histórico, en el conocido relato lucano de los discípulos de Emaús. Así pues, todo teólogo ha de tener la intención de hacer teología siendo fiel al cielo, sin perder su fidelidad a la tierra. No podría ser de otro modo para aquellos que confiesan, en un judío marginal del siglo I, a Dios mismo venido en carne.

La Información Y La Conciencia Serían Propiedades Constituyentes de La Realidad


 

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Un abordaje holista de la realidad desde las ciencias llamadas "duras"

La información podría ser uno de los constituyentes básicos de la materia

Un nuevo libro escrito por científicos, filósofos y teólogos, sugiere que la información se encontraría en las células, las partículas subatómicas o el ADN

Se cree que la masa y la energía son los constituyentes básicos de la naturaleza. Sin embargo, en los últimos años, el papel de la “información” como constituyente del mundo ha ido cobrando un interés cada vez mayor para la física. En un libro reciente de artículos escritos por científicos, filósofos y teólogos, y recopilados por Paul Davies y Niels Henrik Gregersen, se analiza la posibilidad de que la información sea un elemento constitutivo de la realidad material. Esta cuestión surge a raíz de los hallazgos del siglo XX en física y biología, que sugieren que la información se encontraría en lugares tan dispares como las células, las partículas subatómicas o el ADN. Por Yaiza Martínez.

 

Se cree que la masa y la energía son los constituyentes básicos de la naturaleza. Sin embargo, en los últimos años, el papel de la “información” como constituyente del mundo ha ido cobrando un interés cada vez mayor para la física.

En un intento de analizar la función de la información en la naturaleza, el famoso físico y escritor británico Paul Davies, en colaboración con el profesor de teología sistemática de la Universidad de Copenhague, Niels Henrik Gregersen, ha publicado recientemente un libro en el que se recopilan artículos sobre el tema, escritos por científicos de diversas disciplinas, así como por teólogos y filósofos.

 

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Fin del Mito de la Materia

En la introducción a la obra, titulada “Information and the Nature of Reality: From Physics to Metaphysics” (La información y la naturaleza de la realidad: de la física a la metafísica), se explica que las nociones heredadas sobre el mundo material no pueden explicar los hallazgos realizados, a lo largo del siglo XX, por la física y la biología.

La idea, mantenida durante siglos, de que la materia está formada por partículas sólidas, con masa, impenetrables y móviles, así como las leyes que suponían que se podía predecir cualquier hecho (materialismo clásico y determinismo), se han visto sacudidas por las realidades mostradas por discplinas como la termodinámica y la física cuántica o por el estudio de las estructuras disipativas o del caos, entre otros.

¿Qué ha pasado, entonces, con la noción tradicional acerca de la materia y del mundo material? ¿Dónde queda ahora lo que los científicos denominan el “Mito de la Materia”?

Para tratar de responder a estas preguntas, Davies se cuestiona en el presente libro qué sucedería si comenzáramos a no asumir que las relaciones matemáticas de las llamadas “leyes de la naturaleza” son el nivel descriptivo más básico de la realidad material, y qué pasaría si pasáramos a darle a la “información” el valor de fundamento, a partir del cual la realidad física se construye.

El físico propone el siguiente esquema de explicación de la realidad material: información → leyes de la física → materia, que sería inverso al tradicional modo de explicación del mundo. Davies realiza, por tanto, un análisis de la posibilidad de que la información sea en sí misma una entidad que subyace a las cosas materiales.

 

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El efecto de la conciencia en la realidad cuántica

Este planteamiento de Davies encuentra respaldo en una de las interpretaciones derivadas del estudio de la física cuántica. Aunque el hecho de que el cerebro sea capaz de generar nuestra conciencia aún es un misterio científico por resolver, existe una escuela de pensamiento bien establecida que sostiene que dicha conciencia podría tener alguna relación con la mecánica cuántica.

Según se explica en el presente libro, ciertamente, el papel del observador en la mecánica cuántica resulta muy distinto al papel del observador en la mecánica clásica: tal y como explicamos anteriormente en Tendencias21, a principios del siglo XX, los físicos descubrieron que, aunque en nuestra vida cotidiana las cosas parecen existir sin que pongamos nada de nuestra parte, es decir, independientemente del observador, en el nivel cuántico de la materia no ocurre lo mismo, ya que las observaciones científicas condicionan lo que se está observando.

A raíz de esta constatación y dado que, según se cree, la mecánica cuántica realmente proporciona la descripción más fundamental de la naturaleza, en algún nivel dicha mecánica debería incoporar cierta cantidad de conciencia y otras propiedades mentales clave (como la emergencia de la semántica o la impronta del libre albedrío), sugieren los científicos.

 

El especialista en física de partículas de la Universidad de California en Berkeley, Henry Stapp, que lleva muchos años tratando de entender el papel de la mente y de su observador en el contexto cuántico, afirma en “Information and the Nature of Reality” que, por tanto, la conciencia debe ser tomada seriamente y no como un mero epifenómeno o fenómeno secundario de la materia, y que debería situarse dentro de la descripción cuántica de la naturaleza. Según Stapp, la mente y la información que ésta procesa son partes integrales del mundo.

 

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Capacidad de sentido en la biología

Más allá de la física cuántica, la biología ha resultado esencial para nuestra comprensión del papel de la información en la naturaleza, escriben los autores del libro.

En el capítulo siete de éste, en un artículo escrito por el genetista e investigador de biología evolutiva, John Maynard Smith, se argumenta que las ciencias biológicas deberían ser vistas como información en la naturaleza, dado que la propia estructura secuencial del ADN está causalmente relacionada, de manera sistemática, con la producción de proteínas.

En general, en el siglo XIX, los organismos vivos eran vistos como una suerte de materia mágica imbuida de fuerza vital. Hoy día, incluso la célula es tratada como un superordenador, un procesador de información y un sitema de replicación de una fidelidad extraordinaria, señalan los científicos.

En los capítulos ocho y nueve del libro, el antropólogo y biólogo Terrence Deacon y el profesor de filosofía natural de la Universidad Friedrich de Alemania, Bernd-Olaf Küppers, por su parte, añaden dos perspectivas naturalistas más sobre los niveles cruciales de información que emergen de la termodinámica y de los procesos evolutivos: ambos investigadores argumentan que la información biológica no es sólo instructiva sino también “significativa”, y que tiene capacidad de referencia y sentido en cada contexto de la naturaleza.

 

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Foto quitada en el llamado Cerro de la Virgen, en Salta, Argentina. Nótese como un reflejo de luz , por  encima del Sol, al centro de la foto, forma algo así como una cruz, más en Inmaculada Madre / Portada.

 


Teoría incompleta pero importante

En la introducción a “Information and the Nature of Reality: From Physics to Metaphysics” se reconoce que la teoría de la información es aún incompleta. Esta carencia se ejemplifica claramente a lo largo del libro, en los diferentes sentidos que le dan sus autores al término “información”.

Pero los científicos insisten en la importancia de tener en consideración la información: a nivel humano es fundamental, pero también a nivel cuántico, en el que, por ejemplo, una función de onda no deja de ser una “encapsulación de *todo lo que es conocido* sobre el sistema cuántico”. Cuando se realiza una observación y ese conocimiento encapsulado cambia, también lo hace la función de onda y, con ello, se produce una evolución cuántica del sistema.

Además, las estructuras informativas juegan un papel causal innegable en la materia, por ejemplo en el fenómeno físico de la resonancia o en los sistemas biológicos, en forma de secuencias de ADN. ¿Qué es un gen, si no un “conjunto de instrucciones codificadas” por un sistema molecular cuyo fin es llevar a cabo una tarea?, escriben los autores del libro.

En sus capítulos finales, “Information and the Nature of Reality: From Physics to Metaphysics” se adentra en las posibles consecuencias teológicas y filosóficas de que la información sea un elemento constituyente de la realidad material: ¿sería Dios una fuente de información para un mundo que se auto-despliega?, se pregunta el teólogo y filósofo británico Keith Ward.

¿Nueva metáfora?

Cabría preguntarse si no será este modelo explicativo del mundo más que una metáfora derivada de la tecnología que manejamos en la actualidad, especialmente la de la computación cuántica (“naturaleza computacional”).

Ya sucedió antes: en la antigüa Grecia la expansión del uso de instrumentos musicales favoreció la idea del mundo como manifestación de relaciones geométricas y de armonía musical; en el siglo XVII, los mecanismos de relojería sirvieron para describir un universo determinista; y en el siglo XIX, la máquina de vapor consiguió que se creyera que el universo era un gigantesco motor de calor generador de entropía. ¿Hacia dónde nos llevaría esta nueva metáfora?

 

 

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El Pensamiento Mágico Resulta Más Útil De Lo Esperado

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Más que mágico, es divergente.

 

El pensamiento mágico aumenta la creatividad de los niños

Estudio demuestra que puede ser una herramienta complementaria en educación

Investigadores de la Universidad de Lancaster han demostrado que fomentar el pensamiento mágico en niños pequeños ayuda a que éstos incrementen su creatividad y su capacidad de pensamiento divergente (uso de juicios ilógicos o "marginales" para buscar soluciones innovadoras). Los resultados obtenidos en dos experimentos realizados deberían ser tenidos en cuenta en el terreno de la educación, en el que el pensamiento mágico podría servir como herramienta complementaria para el desarrollo cognitivo de los pequeños, afirman los investigadores. El pensamiento mágico, que ha cumplido desde sus inicios un papel fundamental para la supervivencia y la cultura humanas, sigue teniendo vigencia en supersticiones y religiones actuales, según la psiquiatría. Por Yaiza Martínez.

 

Eugene Subbotsky, psicólogo de la Universidad de Lancaster, en el Reino Unido, ha demostrado que el pensamiento mágico puede aumentar la creatividad de niños de cuatro, seis y ocho años de edad.

En un artículo publicado por la revista Perceptual and Motor Skills, Subbotsky y sus colaboradores explican que realizaron dos experimentos destinados a examinar la posible relación entre el pensamiento mágico y la creatividad en niños pequeños.

Promover el desarrollo cognitivo

El pensamiento mágico, escriben los investigadores, consiste en imaginar que los pensamientos, las palabras e incluso los deseos puedan tener efectos físicos directos sobre objetos inanimados.

Por otro lado, este tipo de pensamiento comprende las ideas sobre eventos u operaciones sobrenaturales (como que un hombre vuele), así como la capacidad de construir un mundo alternativo al mundo real.

Los científicos explican, además que el pensamiento mágico es diferente a las creencias mágicas: el primero pertenece sólo a la imaginación (sueños, arte, fantasías), mientras que las creencias mágicas son aquéllas que suponen que la magia tiene un efecto en el mundo real.

Teóricamente, se había argumentado ya que la fantasía podría jugar un papel clave en el sentimiento de competencia y efectividad de los niños y, por tanto, promover su desarrollo cognitivo. El trabajo de Subbotsky y de sus colaboradores ha intentado constatar este efecto concreto del pensamiento mágico infantil.

Dos experimentos

Para ello, los investigadores realizaron dos experimentos. En el primero, se les mostraron a niños de Londres, de cuatro y seis años, fragmentos de 15 minutos de la película “Harry Potter y la piedra filosofal”.

A un grupo de estos niños se le hizo ver un fragmento de dicha película con contenido mágico, y a otro grupo un fragmento de contenido no mágico.

Posteriormente, los científicos aplicaron a ambos grupos de niños utilizando el llamado Test de Pensamiento Creativo de Torrance, con el que se evaluó, entre otros elementos, su capacidad de pensamiento divergente, que es la que permite utilizar juicios ilógicos o "marginales" para buscar soluciones innovadoras.

 

Los resultados obtenidos mostraron que las puntuaciones medias de los niños que habían visto el fragmento “mágico” de película fueron significativamente más altas que las de aquellos niños que no la vieron en ambos grupos de edades, y también más altas que las obtenidas por todos los participantes en pruebas realizadas antes del visionado de los vídeos.

Educación y magia

En un segundo experimento participaron niños de seis y ocho años de Shropshire. Aunque similar al primer experimento, en este caso los científicos añadieron un nuevo test a la prueba, con el que se evaluaron también las creencias mágicas de los niños, antes y después de ver los vídeos de Harry Potter.

Los resultados obtenidos volvieron a constatar un aumento de la creatividad en los pequeños tras los vídeos de contenido mágico.

Además, revelaron que la exposición de los niños a este tipo de películas no condicionó sus creencias mágicas que, según los investigadores, dependen de factores más profundos, como la actitudes familiares, la educación o las experiencias personales.

Los científicos concluyen de ambos experimentos que resulta, por tanto, posible condicionar e incrementar la creatividad infantil mostrando a los niños películas de contenido mágico, que por otro lado no alterarán sus creencias mágicas.

En consecuencia, escriben que: “en lugar de ser un mero subproducto del desarrollo cognitivo que acompaña el desarrollo central y que en ocasiones puede ser utilizado para el entretenimiento, el pensamiento mágico puede ser visto como una fuente adicional de desarrollo de la imaginación y del pensamiento divergente en niños”.

Así, junto con otros elementos que promueven el desarrollo de la imaginación infantil (como el juego y la función simbólica), el pensamiento mágico permitiría a los niños crear mundos fantásticos imaginarios, aumentando su capacidad de ver el mundo y actuar en él desde múltiples perspectivas.

Según los investigadores, por tanto, los resultados obtenidos en la presente investigación deberían ser tenidos en cuenta en el terreno de la educación.

Herramienta de la evolución

Según la psiquiatría, el pensamiento mágico es más frecuente entre los niños que entre los adultos y, en general, desde sus inicios, ha cumplido un papel fundamental para afianzar la supervivencia del ser humano e impulsar su desarrollo cultural.

La conjunción entre los elementos naturales (agua, tierra, fuego, etc) y el pensamiento mágico fue lo que permitió construir, mediante analogías, las primeras abstracciones con las que interpretamos el micro y del macrocosmos, alejando así a nuestra especie de la completa incertidumbre.

De la utilidad del pensamiento mágico como herramienta cognitivo-evolutiva da testimonio el hecho de que dichas abstracciones aún pervivan y tengan vigencia incluso en supersticiones y religiones actuales.

En La Internet, Como En La Vida Social Directa, Influye La Belleza Física

 

 

La belleza es determinante para hacer amigos en Internet

 

Los usuarios bajamos la guardia en seguridad ante una sugestiva invitación

La última investigación que usa la red social Facebook como herramienta metodológica revela que el físico y la juventud son dos de los atributos que más valoramos los usuarios a la hora de establecer nuevos lazos de amistad. El estudio de la empresa BitDefender pone de manifiesto que la seguridad profesional puede verse comprometida al aceptar invitaciones de desconocidos. Por Flor Gómez Cortecero.

 

Facebook vuelve a ser una fuente muy útil para desarrollar estudios sociológicos. Se estima que esta red social, con sus casi 600 millones de usuarios, es oficialmente la mayor comunidad virtual del mundo, pero los problemas sobre la seguridad y la privacidad en torno a ella siguen generando gran debate público.

La empresa BitDefender ha presentado los resultados de un nuevo estudio sobre el comportamiento de los usuarios del ciberespacio, según el cual, 9 de cada 10 aceptan la invitación de amistad de un desconocido/a. Además, la belleza parece ser un elemento decisivo para incrementar la lista de amigos vinculados a nuestra cuenta.

Para demostrarlo, el equipo de investigadores de BitDefender creó un perfil falso atribuido a una atractiva veinteañera de pelo rubio y envió solicitudes de amistad a 2.000 miembros de Facebook de forma aleatoria. La muestra la componían personas de ambos sexos, de distintos puntos geográficos y ocupaciones variadas, y un rango de edades comprendido entre los 17 y los 65 años.

Los resultados del experimento no dan lugar a confusión: 1.872 de estos usuarios, lo que supone el 94% del total de la muestra, picó el anzuelo y aceptó la solicitud de la chica fantasma en tan sólo una semana. La fotografía que completaba el perfil fabricado por BitDefender fue el incentivo para que el 56% de los sujetos bajo estudio aprobara la invitación. Otros de los argumentos que los entrevistados esgrimieron para ello fueron la dudosa impresión de conocer realmente a la chica o un mismo perfil profesional.

La prueba también diferenciaba entre cuatro niveles de credulidad para definir a los usuarios, desde el más alto, que englobaba a aquellos que aceptaron la solicitud sin preguntas previas, hasta el más bajo, en el que se encuadraban los pocos que la rechazaron sin más. En los niveles intermedios estaban aquellas personas que aprobaron la amistad tras mantener un breve contacto online con la impostora.

 

Más lejos

Pero BitDefender quiso ir más allá y seleccionó a veinte de estos usuarios para entablar conversaciones con la chica a través del chat de la aplicación. El 10% de esta nueva muestra referencial desveló información personal en los primeros treinta minutos de la conversación, datos que en muchos casos pueden vincularse a contraseñas de cuentas en la Red. La conclusión de esta última fase del experimento es más preocupante si atendemos a la cuestión de la privacidad empresarial, ya que el 73% de los participantes reveló información confidencial acerca de su lugar de trabajo tras dos horas de conversación. Algunos de los temas que centraron la charla fueron proyectos futuros de la empresa, software utilizado y tecnologías inéditas.

Esta nueva investigación se une a otras anteriores desarrolladas por la empresa de software de seguridad sobre pautas de conducta en Internet, como por ejemplo, la realizada en agosto de este año sobre la debilidad de las contraseñas, o la que presentó en abril acerca del incremento del spam como consecuencia de las aplicaciones de juegos de las redes sociales.

Sin duda, lo más paradójico de este último sondeo llevado a cabo por BitDefender es que el 31% de los usuarios que aceptaron la invitación de la chica tenían puestos profesionales relacionados con la seguridad informática. ¿Es que acaso es excesiva la alarma social en torno a la privacidad en Internet? ¿O es que nos confunde nuestro innato sentido de buscar siempre lo más bello?